LALENGUA

TELETRABAJO A DESTAJO

La regulación del teletrabajo se volvió urgente en el escenario de la pandemia. La postura de los distintos bloques dentro del Congreso que se pusieron en juego en el debate de la Cámara baja, se repiten ahora en el Senado, que definirá en los próximos días si el proyecto se convierte en ley. En diálogo con Lalengua, la diputada por el Frente de Todos e impulsora de la normativa, Vanesa Siley, el  Secretario Académico de la carrera de Relaciones del Trabajo en la UBA, Luis Roa, y las diputadas de Juntos por el Cambio Mónica Frade y Dolores Martínez plantearon los ejes del debate.

Por:  Malena Costamagna Demare  |  Foto:  Sofía Solari

Es inminente el tratamiento del proyecto de regulación del teletrabajo en el Senado. En las horas que corren la normativa consensuada entre el oficialismo y la oposición, que obtuvo media sanción por amplia mayoría en Diputados, está en plena discusión en la Comisión de Trabajo y Previsión Social de la Cámara alta. ¿En qué consiste el proyecto aprobado en Diputados? ¿Cuáles son las discusiones que se están llevando a cabo previo a la votación en el Senado? ¿Cómo impacta la flexibilidad del teletrabajo en los teletrabajadores y teletrabajadoras? 

«Por primera vez se regula esta modalidad laboral incorporándola a la Ley de Contrato de trabajo y estableciendo algunos derechos que constituirán un piso sobre el cual las convenciones colectivas regularán las condiciones específicas de cada actividad laboral», destacó en conversación con Lalengua Vanesa Siley, diputada por el Frente de Todos e impulsora del proyecto. También hablaron con la revista Luis Roa, Secretario Académico de la carrera de Relaciones del Trabajo en la UBA, quien al igual que Siley destacó la necesidad de la implementación de un piso derechos y garantías para regular la actividad del teletrabajo, y, por el bloque de Juntos por el Cambio, Mónica Frade, diputada de la Coalición Cívica, y Dolores Martínez, de Evolución Radical, que enumeraron sus críticas al proyecto -las mismas que el principal bloque opositor plantea en el Senado-, en especial por la exclusión de la promoción para las Pymes en la normativa en discusión. La oposición minoritaria del Frente de Izquierda también agregó algunas críticas, desde otra perspectiva, que no se incluyeron en el texto consensuado por oficialismo y oposición. 

El proyecto aprobado en Diputados

La ley para la Regulación del Teletrabajo, aprobada por mayoría dos semanas atrás en la tercera sesión virtual de la Cámara Baja, está siendo discutida en la Comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado. No faltan los contrapuntos, incluso en el seno del oficialismo, tanto es así que incluso está en riesgo la posibilidad de que la Cámara Alta devuelva el proyecto ley a diputados para su revisión. 

¿Qué podrán exigir teletrabajadores y teletrabajadoras según esta nueva ley? El proyecto para la regulación de esta modalidad consta de 20 artículos que a grandes rasgos establecen: una jornada laboral preestablecida, con los mismos derechos que en la modalidad presencial; el derecho a la desconexión digital y la intimidad fuera de ella; derechos colectivos y participación sindical; la capacitación para la utilización tecnológica y la cobertura de gastos por las herramientas de trabajo y su instalación a cargo de los empleadores; la voluntariedad para adoptar la modalidad y la reversibilidad de la misma; normas de higiene y protecciones a la información personal. Además, el proyecto contempla horarios convenientes para quienes tengan a su cargo tareas de cuidado a menores de 13 años, personas con discapacidad o adultos dependientes.

"Por primera vez se regula esta modalidad laboral incorporándola a la Ley de Contrato de trabajo y estableciendo algunos derechos que constituirán un piso sobre el cual las convenciones colectivas regularán las condiciones específicas de cada actividad laboral"

Vanesa Siley
diputada por el Frente de Todos e impulsora del proyecto

El Régimen Legal del Teletrabajo estará dentro de las modalidades que incluye el Contrato de Trabajo y comprenderá a las personas que ejecuten “obras o prestación de servicios (…) total o parcialmente en su domicilio o en un establecimiento distinto al del empleador mediante la utilización de tecnologías de la información y comunicación”. Las especificidades de la modalidad de trabajo «se determinarán para cada actividad mediante la negociación colectiva». El proyecto se consensuó entre los 21 que se presentaron: 15 del Frente de Todos, cinco de Juntos por el Cambio y uno del Frente de Izquierda. La ley entrará en vigencia 90 días después de levantada la cuarentena, pero la rapidez de su efecto estará determinada por la situación sanitaria que tenga cada provincia, por lo que probablemente la Ciudad de Buenos Aires sea la última provincia en aplicarla. 

Los puntos en discusión

Siley celebró en conversación con Lalengua la media sanción que obtuvo la ley que hace varios años ella y su bloque intentan impulsar. La presidenta de la Comisión de Legislación del Trabajo hizo hincapié en dos cuestiones centrales: la igualdad de derechos lograda en el proyecto entre trabajadores presenciales y teletrabajadores, y la tarea que tendrá la autoridad de aplicación de crear un registro de las y los mismos. Esta constancia tendrá el objetivo de garantizar los derechos que establece la ley para ellos, sobre los cuales las convenciones colectivas definirán las condiciones específicas de cada actividad laboral que utilice el teletrabajo.  

El  abogado laboralista y secretario académico de la carrera Relaciones del Trabajo en la UBA, Luis Roa, acompaña el proyecto porque, según explicó a Lalengua, sienta un piso de derechos que establece una frontera entre empleados y empleadores. “La primera conquista del Derecho del Trabajo fue el marco para la jornada laboral y ese es principal límite que se está diluyendo en el teletrabajo”, señaló. El abogado recordó que las horas extras, sumados a los gastos de conexión y herramientas de trabajo, hoy no son remuneradas, por lo que implican una “transferencia directa de riqueza del empleado al empleador”. Un reciente estudio de Adecco Argentina mostró que sólo el cuatro por ciento de los 3800 encuestados reconoció que la empresa pagó alguno de estos gastos.

“La posibilidad del teletrabajo abre un portón peligroso para los trabajadores y tentador para empresas: minimizar gastos y maximizar beneficios”, aclaró el abogado. La normativa en discusión busca evitar que el beneficio se genere a cuesta de los trabajadores. Como sintetizó Siley: “Hay que regular el teletrabajo para evitar los atropellos”.

Roa destacó algunos puntos débiles del proyecto, como la “letra chica” de los convenios colectivos librados a cada empresa particular y la reversibilidad del teletrabajo que aplica a quienes pasen de la modalidad presencial a la virtual pero no al revés. Por último, el abogado laboralista remarcó la importancia de la regulación de una modalidad que gana terreno día a día globalmente: “estudios hechos en España muestran que si el porcentaje de teletrabajo previo a la pandemia era de un ocho por ciento, post pandemia pega un salto a un 16 por ciento”.

Por su parte, las diputadas de la oposición que hablaron con Lalengua presentaron sus disidencias. Mónica Frade, autora de las críticas más duras al proyecto y legisladora integrante de la Coalición Cívica (CC) dentro de Juntos por el Cambio, expresó su preocupación: “El proyecto dejó afuera a las Pymes”, afirmó para referirse a la exclusión del capítulo  Promoción del Teletrabajo para las Pymes incluido en el proyecto que presentó su bloque. Frade cree que sin las disminuciones impositivas, los créditos y las rebajas de aportes patronales y personales, las Pymes no verán favorable al teletrabajo. 

La bifurcación de opiniones entre los consultados por Lalengua -que también ilustra los desacuerdos del Congreso- se da porque, si bien tanto la diputada Frade como el abogado laboralista Luis Roa consideran necesario el teletrabajo, especialmente en estas circunstancias, la primera lo ve auspicioso y el segundo no. Esta diferencia se basa en la perspectiva del análisis, es decir, si se pone énfasis en el empleador o en el trabajador. 

Para Frade el trabajo desde casa es una forma de cuidar el medio ambiente, abaratar los costos e incentivar las inversiones, especialmente en las Pymes, además de fomentar oportunidades de trabajo para diversidades sexuales y personas con discapacidad. Roa, por su parte, mostró serias dudas sobre si debería incentivarse esta modalidad. Sostuvo que en el teletrabajo hay deslocalización, subcontratación y tercerización, lo que ocasiona una pérdida de territorialidad y disminuye la fuerza de los sindicatos que afecta a los derechos colectivos de los trabajadores y trabajadoras. “Está claro que es un proyecto de consenso. Si es bueno o malo, eso ya es una lectura política”, concluyó el abogado laboralista.

Entre otras críticas, Frade consideró que los derechos otorgados a los teletrabajadores en el proyecto son excesivos. “Veo una sobreregulación que en general atenta contra la contratación de mano de obra”, sostuvo la diputada, en referencia al artículo seis del proyecto que alude a las o los trabajadores que tengan a cargo tareas de cuidado y quienes, en caso de aprobarse la ley, tendrán el derecho a interrumpir su jornada laboral para llevarlas a cabo. Si el empleador obstruye ese tiempo, es referido a la ley antidiscriminatoria que contiene tipos penales. “El empleador se va a sentir desalentado a contratar personas que tengan hijos a cargo o que esté dentro de cualquiera de estos supuestos”,  opinó la diputada.

“Veo una sobreregulación que en general atenta contra la contratación de mano de obra”

Mónica Frade
diputada de la Coalición Cívica (CC) - Juntos por el Cambio

“Exigir demasiada complejidad para los dispositivos operativos puede desincentivar el teletrabajo en medianas y pequeñas empresas”

Dolores Martínez
diputada por Evolución Radical - Juntos por el Cambio.

En cuanto al punto sobre la reversibilidad, según Frade este podría generar conflictos laborales cuando un teletrabajador desee volver a la modalidad presencial y su empleador o empleadora, no. Como última disidencia, la diputada de la Coalición Cívica cuestionó “la redacción confusa” de algunos puntos del proyecto, en especial al referente a la desconexión, que prohíbe que el empleador contacte al empleado fuera de la jornada laboral. “Es una contradicción, porque si el trabajador está desconectado, no tiene ninguna obligación de contestar ningún mensaje que le mande su empleador”, dijo Frade, cuyo proyecto de la CC no considera la remisión de comunicaciones al empleado como injuria laboral pero sí le concede a éste el derecho a no responderlas. 

Por su parte, Dolores Martínez, diputada por el espacio Evolución Radical dentro de Juntos por el Cambio, celebró el consenso generado en el proyecto aunque pidió que la Cámara Revisora continúe en la búsqueda de una mejor calidad en el punto de desconexión. “Exigir demasiada complejidad para los dispositivos operativos puede desincentivar el teletrabajo en medianas y pequeñas empresas”, aclaró la diputada quien, al igual que su compañera de bloque citada, cree en el potencial del teletrabajo en la Argentina y en una mayor defensa del Estado en su promoción.

El Frente de Izquierda presentó su propio proyecto para la regulación de esta modalidad, que en adición al ya sancionado, incluye la prohibición del trabajo por objetivos o a destajos y del contrato de monotributo por considerarlo fraude laboral. Romina del Plá, diputada integrante del FIT, afirmó: “enfrentamos el problema de que de la mano del trabajo a distancia se pretende introducir una mayor precarización laboral, ahorrar mano de obra y romper los lazos de unión sindical. Por eso es necesario que se saque una legislación protectora del trabajo asalariado en esta ‘nueva’ modalidad”.

Desde el lado empresarial, la Cámara Argentina de la Industria del Software (CESSI) hizo eco de algunas preocupaciones dentro del congreso, en línea con las diputadas de Juntos por el Cambio: “Nuestra industria es en su mayoría Pyme y el incremento de costos nos afectaría enormemente”, apuntaron. La Cámara no está en contra de regular la modalidad, pero ven riesgos en el formato y alerta que podría abrir la posibilidad de que trabajadores prefieran trabajar para empresas extranjeras en lugar de locales. 

El teletrabajo en primera persona

La pandemia generó una metamorfosis de gran parte de la fuerza laboral en teletrabajadores. ¿Cómo viven los empleados tanto públicos como privados esta transformación de urgencia? En diálogo con Lalengua, trabajadores y trabajadores del sector público y privado remarcaron que están trabajando más de lo que lo hacían presencialmente. La flexibilidad característica del teletrabajo vuelve más laxo los horarios laborales dado que no hay pautas rígidas, al menos legales.

Fernando Fioretti es psicólogo especializado en violencia familiar en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y miembro de la Junta Interna de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), manifestó estar de acuerdo con el trabajo desde la casa, pero también subrayó la preocupación por la pérdida de derechos que trae aparejada esta nueva modalidad. El área donde trabaja Fioretti realiza teletrabajo desde el 18 de marzo. “Hoy nosotros tenemos que poner las herramientas de trabajo, cuando en una situación presencial las presta el Estado”, sostuvo, en referencia a las computadoras y los insumos como internet. 

El trabajo desde casa en la situación de caída económica nacional toma otras dimensiones. “Se trabaja con muchas incertidumbres”, explicó y entre los efectos negativos mencionó el miedo a la rebaja salarial, a la pérdida del empleo y la obstaculización de la organización sindical por la disminución de lazos sociales. “Es muy difícil hacer una asamblea por zoom para garantizar estas cuestiones”, remarcó. Este punto también fue retomado por Roa, dado que para el abogado laboralista dejar librada la mayor parte del Contrato de Trabajo a los convenios colectivos es “tirarle el fardo” a lo sindicatos, cuya posibilidad de maniobra está reducida por la pérdida de territorialidad.

“La posibilidad del teletrabajo abre un portón peligroso para los trabajadores y tentador para empresas: minimizar gastos y maximizar beneficios”

Luis Roa
abogado laboralista y secretario académico de la carrera Relaciones del Trabajo en la UBA.

Paz trabaja para una obra social y, en diálogo con Lalengua, se mostró cómoda ante la realización de tareas mediante teletrabajo, aunque destacó que “hay que saber cuándo trabajar y cuando dejar de trabajar”. Enumeró más ventajas que desventajas en relación al teletrabajo, como la autonomía y el “ejercicio personal de reinventarse”. Luján, que es ingeniera en sistemas, indicó que el principal problema para ella es que  mientras “la jornada presencial tiene un principio y un fin”, el teletrabajo “puede ser infinito”. Para la ingeniera una ventaja fue poder conciliar la maternidad con su empleo, aunque sostuvo que en el contexto de pandemia se descuidan los momentos personales y la intimidad: “Estamos muy demandados y cuesta cortar. Tuvimos que hacer una especie de terapia de grupo con el equipo de trabajo y poner unas pautas junto con nuestros jefes”, contó . Luján subrayó que pudo contar con la buena voluntad de sus empleadores, pero sabe que no todos los casos son iguales.