LALENGUA

PODEMOS LLEGAR A SER POTENCIA

En conversación con Lalengua, las jugadoras de la Selección Argentina, Marina Delgado y Laurina “Lauchi” Oliveros, contaron, a través de sus trayectorias personales, las dificultades de hacer una carrera futbolística siendo mujer, los avances y las deudas del profesionalismo y las posibilidades que se abren para las futuras generaciones que tienen el mismo sueño que tuvieron ellas: poder vivir de jugar a la pelota.

Por: Malena Costamagna Demare  |  Foto: Gentileza de Boca Juniors y UAI Urquiza Oficial

“Jugar siempre jugué, toda la vida”, cuenta en diálogo con Lalengua Marina Delgado, número cuatro de la UAI Urquiza y de la Selección Argentina. La marplatense de 25 años no vacila, sabe bien que el amor al fútbol siempre estuvo con ella. “Donde había una pelota y alguien contra quien jugar, ahí estábamos”, recuerda. Con el mar a la espalda, en el barrio de Peralta Ramos, de niña esperaba los fines de semana para ir a jugar a la casa de sus abuelos con sus primos. Eran tantos, que disputaban el terreno en turnos: ganadores y ganadoras permanecían en la cancha.

La historia de Laurina “Lauchi” Oliveros, arquera de Boca y convocada de la Selección, comparte varios de los elementos con la de Delgado. En particular uno: la pasión por el fútbol como brújula en la lucha por jugar profesionalmente. Tiene 27 años y su propia escuela para arqueras, “Arco y Deporte”, en Palermo. Es oriunda del pueblo bonaerense de Ramallo, a orillas del río Paraná, y de chica jugaba a la pelota los fines de semana, al igual que Delgado y la mayoría de niños y niñas argentinas. A los cinco años se mudó con su familia a Orlando, en Estados Unidos, el mismo lugar donde jugó su último torneo con la camiseta nacional. La arquera –que no siempre jugó entre los tres postes– empezó entrenando en la YMCA a los 10 años. “Me encantaba jugar de nueve y cada tanto metía un gol”, ríe Oliveros en conversación con Lalengua. Allí conoció el arco y compró sus primeros guantes.

Pasaron dos años desde el 19 de marzo de 2019, cuando el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, anunció la creación de la Liga Profesional de Fútbol Femenino. Desde entonces, las mujeres del fútbol no han dejado de avanzar: en abril del mismo año, después de dos sin entrenamientos ni director o directora técnica, clasificaron a la Copa del Mundo interrumpiendo 12 años de ausencia. 

En enero de este año se terminó el primer torneo de la era profesional del fútbol femenino, en el que Boca se coronó campeón. Un mes después, las jugadoras de la Selección Nacional viajaron a Estados Unidos para disputar la She Believes Cup en la cancha de las campeonas del mundo. La última conquista es la primera Libertadores profesional para nuestras jugadoras, en la que Ferroviaria de Brasil se llevó la copa por segunda vez en la cancha de Vélez. El torneo se jugó en nuestro país y participaron dos equipos locales: River y Las Gladiadores.

Correr atrás de la pelota

Aunque siempre jugó al fútbol, la primera vez que Marina Delgado lo hizo en un club tenía 16 años. Pasó por varios clubes hasta que la convocaron de la UAI Urquiza y finalmente a los 18 años se mudó a la Ciudad de Buenos Aires. “Cuando se presentó la oportunidad fue emocionante, no sabía que existía el fútbol más allá de lo que yo vivía”, cuenta la defensora, que aunque ya oscurece en su casa, a través de la pantalla parece emocionada. Su historia es la de muchas: “no tenía noción de lo que era”, agrega, y recuerda “estar lejos de la familia, en la primera semana de prueba con compañeras en la misma situación que yo, la mayor parte del interior”. 

Si bien el fútbol femenino se acerca cada vez más a ser profesional, sin dudas no es federal. Las ligas del interior del país quedan afuera de los contratos que brinda AFA y de todos los equipos el que tiene el mismo nivel que la Primera metropolitana es Talleres. Un ejemplo es Paulina Gramaglia, delantera que era la “joya” del fútbol femenino cordobés, pero que pasó a ser refuerzo para el Furgón. 

 

 

 

 

Para que las futbolistas del interior no tengan que emigrar para mejorar su nivel, la AFA creó la Copa Federal, un torneo donde se enfrentarán 16 equipos de las Ligas del Interior contra 16 del área metropolitana (los ocho primeros de la A, seis de la B y dos de la C). Busca incentivar la competición entre las ligas de todo el país. La iniciativa se llevaría a cabo este año, pero con la venida de la pandemia, aún no hay noticias de si se jugará o no. “Sería muy loco enfrentar a compañeras del interior. Es a lo que aspiran muchas, es el sueño de muchas: venir a jugar acá. Pero no tienen la posibilidad porque el club no las puede bancar, o no les alcanza lo que les puede bancar el club”, aclara Delgado.

Laurina Oliveros vivió en carne propia la falta de oportunidades para las futbolistas en el interior de la Provincia de Buenos Aires. En 2004 volvió a Ramallo para encontrarse sin ningún lugar para jugar al fútbol. “Hoy sí la mayoría de los clubes de Ramallo y alrededores tienen fútbol femenino”, destaca la arquera. Pero la pasión estaba intacta y encontró la forma de seguir jugando. Cuatro años después de su llegada, la convocaron de Ferrocarril Urquiza. “Me vieron en el pueblo, entrenando”, cuenta Oliveros. Una vecina suya era la central y capitana del equipo. Fue ella quien le dijo que el club iría a hacer una pretemporada a Ramallo y necesitan una arquera. Casi al mismo tiempo, la convocaron también de la Selección Nacional.

Delgado y Oliveros coincidieron en la UAI hasta que la última firmó contrato con Boca en 2019. Las chicas de Villa Lynch conforman uno de los equipos más fuertes del fútbol femenino y aunque no eran muchas, era el club que más condiciones le daba a sus jugadoras. “Al principio lo que teníamos era escaso, era todo a pulmón”, dice Oliveros, remontándose al 2011. Ferrocarril Urquiza entrenaba en Parque Sarmiento, cada una con la ropa que tenía, pagaban ellas mismas las ambulancias y la policía. “Era muy difícil y creo que todavía hay muchos clubes que siguen en esas condiciones”, aclara.

"Antes era todo a pulmón. Costaba tener un espacio para nosotras, ahora lo tenemos. Tenemos todo lo que tiene la primera y no tengo duda de que más adelante va a estar más equiparado”

Laurina Oliveros
Arquera de Boca Juniors

“Administración, Tesorería, Recursos Humanos, en donde había un lugarcito el club siempre nos trataba de meter para trabajar a las jugadoras del interior. La realidad es que no podíamos vivir acá porque no teníamos de qué vivir”

Marina Delgado
Jugadora del UAI Urquiza

"Todavía se me llenan los ojos de lágrimas, después de diez años de selección. Fue una falta de respeto. Porque fue una lucha de un montón de años y somos nosotras las que luchamos para que el fútbol femenino siga creciendo, las que dejamos el trabajo para ir a entrenar y un montón de cosas más. Un mínimo de respeto pedimos"

Laurina Oliveros
Arquera de Boca Juniors

“La realidad es que todavía no se puede vivir del fútbol. Quizás a mi no me toque ser completamente profesional, yo sigo teniendo otro trabajo, al igual que muchas otras chicas. Ojalá que el día de mañana cada vez más chicas puedan vivir de esto”

Marina Delgado
Jugadora del UAI Urquiza

 

A Delgado, defensora del Furgón que en ese entonces jugaba de dos, para que pueda venirse a Buenos Aires en el 2011 le dieron un departamento y un trabajo de limpieza en el Club. “Administración, tesorería, recursos humanos, en donde había un lugarcito el club siempre nos trataba de meter. La realidad es que no podíamos vivir acá porque no teníamos de qué vivir”, cuenta. Trabajaba de ocho a doce de la mañana en el club, almorzaba con sus compañeras y entrenaba por las tardes. El tiempo libre era un lujo que no conocía: “siempre me tocó que mi vida social sean mis compañeras. En su momento yo también estudié, me metí en Administración de Empresas porque se cursaba a la noche y me daba el horario. Llegaba como a las doce de la noche para cenar, dormir y volver a empezar la rutina”, recuerda.

Pasaron algunos años hasta que el club empezó a cubrir los viáticos de las jugadoras –dato importante dado los altos costos para las muchas jugadoras que viven lejos de la CABA– además del cien por ciento en la carrera que quisieran estudiar en la universidad. “Nos daba la oportunidad de estar, porque si ellos no daban ciertas cosas era imposible estar”, remarca Delgado. Esas condiciones convirtieron al UAI, durante mucho tiempo, en el mejor equipo del fútbol femenino. Las Guerreras fueron campeonas cinco veces en el campeonato local de la Primera División (2012, 2014, 2016, 2017-18 y 2018-19). 

A partir de la profesionalización, con las jugadoras de los clubes inscriptas en un contrato de trabajo, los torneos se hicieron más competitivos y la UAI perdió terreno frente a las competidoras más fuertes de los últimos años: Boca Juniors y River Plate. El régimen semi-profesional comprende ocho contratos para cada uno de los 16 equipos de la Primera División, equivalentes al sueldo de la Primera C Masculina. Hasta 2020, 162 mil pesos para cada club bonaerense.

“La profesionalización la viví del otro lado de la vereda”, dice Lauchi Oliveros, quien empezó a atajar en Boca en 2019. Si antes entrenaban tres o cuatro días, ahora es de lunes a sábado. Además, con la profesionalismo llegó la difusión y, por primera vez, la televisación de los partidos de fútbol femenino. “Antes costaba tener un espacio para nosotras, ahora lo tenemos. Tenemos todo lo que tiene la primera”, dice Oliveros. Claro, menos el sueldo. Muy seria, agrega “Yo no tengo duda de que más adelante va a estar más equiparado”. 

Un profesionalismo virtual

El primer campeonato de la era profesional masculina se jugó en 1931 y consagró campeón a Boca Juniors. Casi noventa años después, el primero de la era profesional para el fútbol femenino, coronó al mismo equipo. Se retomó un mes después de que volvieran los entrenamientos presenciales luego del aislamiento obligatorio. “Nunca había visto al equipo y al cuerpo técnico tan feliz de volver”, cuenta Oliveros sobre la vuelta. 

“Venía bien el fútbol femenino, desde la profesionalización, más allá de que fue una semi-profesionalización, lo importante era no retroceder. La pandemia fue una pausa. El año pasado no se pudo avanzar”, dice Delgado, la defensora del Furgón. Después de siete meses de entrenamientos por zoom, para la UAI el desafío fue todavía mayor. “Lo que nos impidió salir campeonas esta vez es que era un equipo completamente nuevo. Muchas chicas jóvenes, de 16 y 17 años, todas tuvimos que aprender. En ese sentido ‘perdimos’”, cuenta Delgado. Previo a la pandemia, había 16 jugadoras profesionalizadas en el Furgón. Post pandemia, quedaron solo cuatro. Delgado entre ellas. Las filas nuevas del equipo se conocieron a través de una pantalla y recién se vieron cara a cara un mes antes de que comience el torneo.

El resultado fue más que bueno en lo futbolístico: con un equipo casi nuevo de jugadoras de reserva y otras del interior –la mayoría de Córdoba–, Las Guerreras llegaron a la semifinal, cuando después de un buen arranque ganando uno a cero por el gol de Larroquette, perdieron 4 a 1 frente a un River, que se mostró superior, con un juego asociado y su goleadora máxima afinada: Carolina Birizamberri metió dos de los cuatro goles. “Creo que es lejos el mejor grupo desde que estoy yo. La conexión que tuvimos sin conocernos fue muy buena”, Delgado se acelera,a nada de pasar a la final, fue increíble. Nadie lo esperaba, ni siquiera nosotras”. 

Las que sí llegaron fueron Las Gladiadoras. Oliveros destaca el lazo de su equipo: “todas tiramos para el mismo lado, tenemos la misma idea de juego: una identidad y eso es muy difícil de lograr”. Aquella riqueza las hizo salir campeonas del primer torneo profesional. Fue el martes 19 de enero en la cancha de Vélez. La final del torneo Rexona resultó un dramático superclásico donde River sufrió el 7-0 frente a su histórico rival. 

Las gladiadoras, con riqueza colectiva e individual, marcaron sendos dobletes –Andrea Ojeda (47 y 58) y Fabiana Vallejos (35 y 61)–, los demás goles fueron anotados por Clarisa Huber (12), Lorena Benítez (31), y un zapatazo desde el borde del área de Yamila Rodríguez (14).

 

 

 

 

La jugadora número uno del equipo no es tan mencionada. Pero Oliveros cuenta a Lalengua “el de arquera es un puesto… más que marginado, solitario. No solo tenés que estar bien físicamente y técnicamente sino psicológicamente”. A sus 27 años, la carrera futbolística de la portera pasó por muchos momentos. Lucha, alegría, desilusión, desafío y superación. Pero aquel martes frente a River, no dejo entrar ninguna pelota.

“Creo que nos merecimos este torneo. Cuando terminó el partido estaba tan emocionada… sentí un alivio enorme conmigo misma. Estaba feliz”, dice Oliveros, que cuando fue convocada por el equipo Xeneize en 2019, estaba a punto de retirarse del fútbol A. Oliveros entrenó desde sus quince años con la Selección hasta que llegó al sueño de toda jugadora: vestir la camiseta albiceleste en la clasificatoria para el Mundial de Francia. “No fue un solo partido donde le ganamos a Panamá. Fue la lucha de un montón de años, de muchas injusticias y peleas. Un sueño hecho realidad. Decir, tanto esfuerzo valió la pena”, cuenta Oliveros con emoción y tristeza. Una cancha llena de sueños, y un 4 a 0 que se impuso con mucho esfuerzo. 

Después de 12 años de ausencias (Argentina no estuvo en las citas de 2011 y 2015), los obstáculos que sorteó el plantel fueron muchos: dos años sin entrenamientos ni DT (entre 2015 y 2017), el incumplimiento del pago de viáticos, y el paro que terminó en la foto del “Topo Gigio”, en el primer partido del Mundial donde las jugadoras -Oliveros incluída- reclamaron ser escuchadas.

 

En vísperas de jugarse el Mundial, se enteró a través de un tuit emitido por la cuenta de AFA de que no se encontraba en la formación para disputarlo. No fue la única jugadora que lo vivió, tampoco fue la única a quien le rompieron el corazón. “Todavía se me llenan los ojos de lágrimas, después de diez años de selección, un dolor enorme. Fue una falta de respeto. Por eso me dolió tanto, porque fue una lucha de un montón de años y haber clasificado era un sueño hecho realidad. Pero bueno, después no se hizo realidad”, dice y  luego  de un silencio agrega: ”las que dejamos un montón de cosas de lado, las que luchamos para que el fútbol femenino siga creciendo, las que dejamos el trabajo para ir a entrenar y un montón de cosas más. Un mínimo de respeto pedimos”, concluye Oliveros, quien recupera el discurso de muchas más. 

El Mundial del 2019 fue un antes y un después para el fútbol femenino. A pesar de que el equipo nacional no pudo avanzar más allá de los cuartos de final, dieron pelea. Empatando contra Japón 0 a 0, la derrota del 1 a 0 frente nada más y nada menos que Inglaterra, y el partido contra las escocesas, donde las mujeres de la selección arrancaron tres abajo y terminaron empatano. En la televisión, el partido alcanzó ocho puntos de rating, los colegios y las universidades se interrumpieron para verlas y en los bares se escuchó el grito de gol de una mujer. Oliveros reflexiona que “después de toda esa lucha, creo que nos ganamos el respeto de la gente. Llegó el mundial, vieron de lo que eran capaces y después llegó la profesionalización”, sostiene.

Varias de las que disputaron el torneo Transición 20-21 local fueron convocadas para vestir la camiseta en la She Believes Cup, Oliveros y Delgado entre ellas.  Esta última cuenta a Lalengua que “es de las mejores cosas que le pueden pasar a un deportista. Ir a representar a su país es una responsabilidad enorme y linda. Hay pocas responsabilidades que son lindas, y esa lo es”.

En la Copa, la superioridad norteamericana eliminó a las argentinas. El seleccionado se encontró con el mejor nivel de fútbol; se enfrentó con la número uno del mundo: Megan Rapinoe, elegida la Mejor Jugadora en 2019 por la FIFA y ganadora del Balón de Oro Femenino anual. Yamila Rodriguez, delantera de Boca y de la Selección, intercambió camisetas con la reconocida jugadora y dio lugar a una foto que se transformó en un reclamo. Rapinoe posó con una camiseta anónima, el número 11 no estaba acompañado por el nombre de Rodrieguez –hecho impensable en el fútbol masculino–. «Arreglado, pero realmente arreglemos esto», escribió la número uno del mundo en sus redes con la etiqueta de AFA. 

 

 

 

“Podemos llegar a ser potencia”

 

“El futuro son las más chicas”, dicen a coro las dos jugadoras entrevistadas por Lalengua

“Calidad hay y podemos llegar a ser potencia”, asegura Delgado. Para eso, la Estrategia Integral de Fútbol Femenino 2021-2016 de FIFA apunta a la formación de las jugadoras a temprana edad, y al fomento del fútbol femenino en las escuelas e instituciones. En esa línea Oliveros reclama “más espacios en donde puedan entrenar y aprender. Un aprendizaje a temprana edad y competencia es fundamental”. La estrategia de la Federación Internacional de Fútbol propone un plan escalonado que exige cada año un mínimo de contratos profesionales y reservas con juveniles que empiezan en 2022 con sub 19 y siguen con divisiones juveniles de hasta 14 años para todos los clubes que participen en los Torneos Aficionados de Ascenso Femeninos en el 2025. 

Ambas jugadoras, además, recomiendan el roce con varones para potenciar los entrenamientos. Así, el fútbol se abre como un terreno para trasladar la igualdad de género. La realidad es que todavía no se puede vivir del fútbol. Quizás a mi no me toque ser completamente profesional, yo sigo teniendo otro trabajo, al igual que muchas otras chicas. Ojalá que el día de mañana cada vez más chicas puedan vivir de esto”, remarca Delgado. El fútbol femenino avanza: la cancha cada vez está menos llena de sueños y más de realidades.