LALENGUA

«NO DEBEMOS CAER EN LA FALSA ANTINOMIA DE SALUD O EDUCACIÓN»

En diálogo con Lalengua, la Dra. en Humanidades y Artes, mención en Ciencias de la Educación,  Liliana Sanjurjo, reflexiona sobre el modo en que se está planteando la discusión en torno a la educación presencial y virtual, y sobre el futuro de la institución escolar luego de la pandemia.

Por Teresita Regueiro | Foto Melisa Molina

Reparar en los discursos vigentes en torno a la educación nos desafía a reflexionar sobre las distintas concepciones de escuela que circulan, y que contribuyen a construir qué entendemos por derecho a la educación. En el último tiempo, como si fuera alentado por la hinchada del partido de fútbol que aún no encuentra lugar en esta pandemia, en los noticieros y en las redes sociales se construye, se replica, se hace eco una tensión entre la presencialidad y la virtualidad que viene a simplificar -en tanto rivalidad -la complejidad escolar.  

Encuentros sincrónicos, aplicaciones interactivas. El protocolo. La máscara. El distanciamiento. El encuentro. Prendan las cámaras, silencien micrófonos. Éstas, entre tantas otras expresiones, empezaron a tener un sentido que antes no. Pensar el discurso social como hechos sociales y a partir de ahí como hechos históricos — tal como describe Marc Angenot en su libro El discurso social: los límites históricos de lo pensable y lo decible (2010)– nos posibilita reparar en las construcciones de los mismos. Y nos permite pensar también cómo construir presencialidad de acuerdo al lugar que ocupa la escuela, de acuerdo a la concepción de educación y al rol que asume el Estado, la familia, la sociedad.

En diálogo con Lalengua, Liliana Sanjurjo, Dra. en Humanidades y Artes, mención en Ciencias de la Educación, Profesora honoraria de la Universidad Nacional de Rosario y Directora de la Maestría y Especialización en Práctica Docente, nos invita a pensar en la falsa antimonia que se genera a partir de esta tensión entre presencialidad / virtualidad. 

 

-Resulta interesante reparar en el debate y la tensión en torno a la presencialidad o no presencialidad en las escuelas.

Las posiciones que se oponen a la vuelta transitoria a la virtualidad están planteando el problema como un falso dilema. Se presentan como defensores de la libertad de aprender y de la escuela y en ningún momento los que planteamos la necesidad de tomar el recaudo de evitar, parcial o totalmente, la presencialidad por un período limitado, atacamos ninguna de las dos cosas: ni la libertad de enseñar y aprender, ni la importancia de la escuela. Además, plantear esta situación como un falso dilema lleva a otro, que el sector que ahora se erige en defensor de la presencialidad no puede fundamentar: el derecho a la salud versus el derecho a la educación. Ni el DNU del presidente, ni los que pensamos que la decisión fue correcta planteamos que uno es más importante que otro. Se trata de prioridades en un momento crítico de la pandemia en el mundo, en nuestro país específicamente. 

Y, además, por si fuesen pocos estos dos falsos dilemas, generan un tercero: presencialidad/virtualidad. ¿Por qué es un falso dilema? En primer lugar, porque todos, absolutamente todos sostenemos que la presencialidad garantiza mejores condiciones de trabajo para la tarea de enseñar y de aprender. En segundo lugar, porque omiten explicitar claramente que durante la suspensión de clases presenciales la educación siguió garantizándose y seguirá garantizándose todas las veces que haya que volver a la virtualidad. Con lo cual, por un lado, defienden la escuela y la tarea esencial de los docentes y por otro desvalorizan todo lo que se hace y se hizo desde la virtualidad. 

-Otro argumento que esgrimen es que la virtualidad perjudica a los sectores más vulnerables. 

Tampoco estamos en desacuerdo con esa afirmación. Pero, al respecto valen tres aclaraciones. Primero, la vulnerabilidad de esos sectores no es originada en la escuela, por lo tanto, no es quien la va a resolver. En tal caso, es cierto que la escuela cumple una importante función compensadora. La pobreza y la vulnerabilidad de sectores cada vez más amplios de la población es provocada por un sistema económico internacional y nacional escandalosamente injusto que permite una descarada concentración de la riqueza y dicha concentración deja en la pobreza a una inmensa mayoría. Es necesario analizar por qué razones quienes ahora abogan por la presencialidad son quienes llevaron adelante o defienden siempre esas injustas políticas económicas. Segundo, si se hubiesen sostenido planes despectivamente llamados “populistas” como el Plan Conectar Igualdad, esa brecha sería menor. Sin embargo, vuelvo a hacer notar: quienes hoy se oponen a la virtualidad -como salida provisoria para garantizar la salud- son quienes cortaron ese plan sin reemplazarlo por ningún otro, dejando incluso computadoras del plan anterior sin entregar. Tercero, los sectores más vulnerables también son los más expuestos a los contagios y a las enfermedades en general. Con la presencialidad se los está exponiendo más aún; habría que atender muy especialmente la salud de esos sectores.

-En lo discursivo también se le adjudica diferentes funciones a la escuela…  

Desde su origen la escuela cumple diversas funciones. Pero una es sustantiva, es decir, la que cumple casi con exclusividad. La función sustantiva de una institución es aquella que recibió como mandato fundacional, la razón por la que fue creada porque no había otra institución que se haga cargo de una nueva necesidad. La escuela surge con una clara función pedagógica: enseñar conocimientos socialmente significativos a todos y todas. Derivada de esa función sustantiva se desprende otra función social que se instala con la creación en el mundo de la escolaridad gratuita y obligatoria: la distribución justa y equitativa de un bien muy preciado -el conocimiento- a toda la población. De ella se desprende la aspiración familiar de buscar en la escuela un medio de movilidad social. También en su origen, cumplió una fuerte función política -dar consenso a un nuevo modelo de organización política y social- y una función económica -preparar mano de obra para el trabajo-.

Muchas de esas funciones se fueron modificando o fueron tomadas por otras instituciones, por ejemplo, los medios masivos de comunicación, las redes sociales, entre otros. Pero es la función sustantiva la que le da sentido y la que las políticas educativas deberían resguardar, tratando de no cargar la escuela con otras funciones que la distraen de su función sustantiva. Como ser todas las funciones asistencialistas. En su larga historia, la escuela ha sido y es el lugar de la alimentación, de los programas de vacunación, del control de vacunación, de asistencia médica y odontológica, de hospedaje de familias en situaciones de catástrofe, hasta de detección de problemáticas de acoso, entre muchas otras. La escuela ha sido la única cara no oculta del Estado siempre: en momentos en el que en los barrios muy complejos a veces ni la policía llega, siempre hay por lo menos una escuela y un maestro. Por eso, en muchos sectores de la sociedad sigue siendo altamente valorada, porque es el refugio, el lugar de contención, de ayuda, de seguridad. Pero, cuando la familia no valora las múltiples funciones que desarrolla la escuela, la suelen tomar como una guardería más que como el lugar del encuentro con el maestro y el conocimiento.

-También es un espacio fundamental de socialización. 

Precisamente, es el paso de lo privado a lo público. Por eso, vale aclarar, se tiene que hacer cargo de temas de tanto interés cívico como la democracia, la historia reciente, la educación sexual integral, entre otros. Por esta fuerte función socializadora es que no hay controversias acerca de que la modalidad presencial -articulada o no con la virtualidad- es esencial, porque a través de la presencialidad la función socializadora de la escuela se cumple mucho mejor, sobre todo en los niveles de escolaridad obligatoria y hasta en la formación de profesionales. Y nuevamente acordamos con que esta función socializadora se ve más afectada en los sectores más vulnerables. La antinomia salud/educación es falsa y capciosa, nadie podría estar en desacuerdo en considerar ambos derechos indelegables que el estado debe garantizar. Esa antinomia generó un debate tendencioso donde se invierten las posiciones históricas.

-Enmarcados en estos discursos de “la presencialidad”, surgen otros actores sociales, como los grupos de padres y madres… 

Por mi larga trayectoria en la educación, en la formación de docentes, mi participación sindical y mi permanente interés por la política educativa, me permito hacer la siguiente apreciación, no fundada en encuestas, estadísticas ni ningún tipo de estudio sistemático. Creo que el grupo que, en esta situación particular acordamos con el DNU que suspendía las clases presenciales por un lapso de tiempo, es bastante homogéneo. Es interesante analizar cómo todos los que nos fuimos manifestando públicamente o en las redes apoyando el DNU somos los que también hemos hecho explícito en muchas oportunidades nuestra defensa de la escuela pública, de la formación docente, la importancia de incrementar el presupuesto educativo, de dotar a las instituciones de buenos edificios y tecnología, entre muchas otras defensas explícitas. En esa defensa explícita no hay fisuras entre los que hemos apoyado esa medida.

En cambio, considero que el grupo que está participando activamente en defensa de mantener las clases presenciales es sumamente heterogéneo y resulta interesante hacer análisis que permitan deconstruir el discurso. Entre quienes adoptan la actitud de apoyar la presencialidad (me niego a decir defender pues nadie la está atacando), hay padres muy preocupados por la organización de la vida cotidiana y es entendible que así lo sea, porque la escuela, como agregado, también es un fuerte organizador familiar y social. La organización de los tiempos, espacios y agrupamientos que muchas veces hemos cuestionado como dispositivos de control de las instituciones educativas, organizan la vida y se hacen sentir cuando hay una disrupción en su ritmo. Pero hay padres que acuerdan o se subieron a este movimiento organizado por oposición a una medida a nivel nacional y para apoyar una postura de la oposición. Y entonces cabe el análisis de quiénes están dentro del grupo que milita por la presencialidad en tiempos de pandemia rabiosa. Y allí nos sorprendemos cuando encontramos que a la cabeza están los referentes políticos que bajaron el presupuesto educativo, que estuvieron permanentemente en contra de las paritarias docentes, que intentaron cerrar los 29 institutos de CABA para unificar en una universidad única a distancia la formación docente para destituir la histórica formación docente que llevan a cabo los institutos. Están quienes trabajaron a favor del cierre de las escuelas nocturnas y las escuelas del delta porque no eran rentables y podríamos seguir aumentando la lista de evidencias acerca de qué política educativa sostienen esos dirigentes. Tampoco desconocemos que hay muchos fundamentos para defender la función socializadora y “sanativa” de la escuela. Acordamos con ello. Se trata solo de prioridades demasiado evidentes como para que los padres que escuchan todos los argumentos se suban a un tren tan contradictorio. 

-Hay una importante apelación emocional también a partir de la viralización de videos e imágenes donde nenas y nenes piden ir a la escuela, ¿qué opina al respecto? 

En cuanto a los videos viralizados con chicos que lloran por no ir a la escuela me parece que no resiste ningún análisis. Los argumentos para defender la presencialidad en el pico más alto de la pandemia son, además de capciosos, algunos muy pueriles. Y enfatizo ¡no están defendiendo la presencialidad! Porque nadie la está atacando y no he escuchado un solo argumento en contra de ella. Están defendiendo la presencialidad en el peor momento de la pandemia en nuestro país. Lo cual son dos cosas completamente distintas.

"En ningún momento los que planteamos la necesidad de tomar el recaudo de evitar, parcial o totalmente, la presencialidad por un período limitado, atacamos ninguna de las dos cosas: ni la libertad de enseñar y aprender, ni la importancia de la escuela" 

Liliana Sanjurjo
Dra. en Humanidades y Artes con mención en Ciencias de la Educación

"Los que nos fuimos manifestando apoyando el DNU somos los que también hemos hecho explícita nuestra defensa de la escuela pública, de la formación docente, la importancia de incrementar el presupuesto educativo, dotar a las instituciones de buenos edificios y tecnología"

Liliana Sanjurjo
Dra. en Humanidades y Artes con mención en Ciencias de la Educación

"Es evidente tanto el retraso material -las computadoras en las escuelas, en la casa de niños, jóvenes y maestros, además de la conectividad- y en la formación docente. Pero es otra vez destacable el esfuerzo que hicieron y hacen los docentes para, una vez más, ponerse al hombro una situación tan problemática y salir adelante"

Liliana Sanjurjo
Dra. en Humanidades y Artes con mención en Ciencias de la Educación

-Las imágenes que se mostraban eran las de AMBA, los discursos que se reproducen también. ¿Qué importancia tiene la perspectiva local al momento de pensar la escuela? No todos vivimos en AMBA

La escuela trabaja, permanentemente, la tensión local/nacional/internacional. A través de una buena articulación espiralada entre contenidos y actividades se va resolviendo. La escuela debería enseñar a mirar lo local, a no desentenderse de los problemas locales, pero encuadrados en un contexto nacional e internacional, pues si los miramos aisladamente los problemas no se comprenden. Estamos formando ciudadanos que deben comprometerse con el medio que los circunda, pero que pertenecen a una nación y a un mundo que los condiciona y que además deben ayudar a cambiar. Por lo tanto, no deberíamos caer en otra falsa antinomia. La escuela hace rato que se ocupa de cómo ir resolviendo esa tensión.

-La pandemia dejó en evidencia muchas cosas, entre ellas que, si bien durante los últimos años se ha trabajado en lo relativo a la tecnología educativa, aún falta un camino importante por recorrer. ¿Cuál es su mirada al respecto?

Sí, es evidente tanto el retraso material -computadoras en las escuelas, en la casa de niños y jóvenes, en la casa de los maestros y conectividad- y en la formación docente. Pero es otra vez destacable el esfuerzo que hicieron y hacen los docentes para, una vez más, ponerse al hombro una situación tan problemática y salir adelante. Entiendo que, en este sentido, en la pos-pandemia los docentes y la escuela saldremos fortalecidos. Porque una de las maneras de aprender a hacer es haciendo y a ese desafío nos enfrentó el aislamiento social y lo estamos superando por las ganas de seguir haciendo escuela.

-¿Cómo definiría en pocas palabras cuál es la función esencial de la escuelas?

La escuela es el lugar para aprender conocimientos socialmente significativos, para socializarnos, salir del espacio privado que es la familia y formarnos como ciudadanos -locales, nacionales e internacionales-. La escuela es el lugar para formar ciudadanos comprometidos en la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y democrática. 

….

¿Dónde se pone el énfasis para hacer escuela?

El artículo 14 de la Constitución Nacional establece que “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio (…) de enseñar y aprender”. 

María Rosa Almandoz en su libro Bases legales del sistema educativo, plantea que algunas posturas ponen énfasis en el derecho de aprender, y ahí es donde se concibe al Estado como garante, mientras otras en el papel subsidiario a partir del derecho a enseñar. Este punto resulta interesante en tanto el rol del Estado en materia educativa para garantizar el derecho a la educación no siempre ha sido el mismo. 

Históricamente las funciones de la educación han variado. La primera ley de educación común fue la 1420 sancionada en 1884, que estableció la enseñanza universal, obligatoria, gradual, laica y gratuita. Se vincula al surgimiento del Estado nacional y a la necesidad de alfabetizar y construir símbolos nacionales. 

A partir de entonces las políticas educativas han ido variando de acuerdo a distintos desafíos de cada coyuntura y al modelo de Estado de cada momento, así como  al lugar que ocupa la escuela de acuerdo a las demandas al sistema educativo.

Así, en los noventa un conjunto de normativas reformaron el sistema educativo en respuesta a lineamientos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional y con un Estado reducido: La Ley Federal de Educación; la Ley de Transferencia de los sistemas educativos y la Ley de Nivel Superior.  Cabe mencionar que en esa época también se da un deslizamiento de distintas problemáticas sociales hacia lo educativo profundizando la complejidad escolar, construyendo otra escuela. 

Para comienzos del XXI, en toda la región, el marco normativo empezó a dar mayores precisiones sobre cómo garantizar el derecho a la educación. Hay una cuestión con la manera y las palabras que se eligen para enunciar y proclamar los derechos, todas construcciones. 

Partir  del concepto de educación en tanto “bien público y un derecho personal y social” nos posibilita enmarcar el sentido de la educación en la normativa vigente, la Ley de Educación Nacional 26206, sancionada en el año 2006. Reparar y reflexionar sobre la concepción de educación y el rol del Estado y la sociedad en ese sentido, nos posibilita deconstruir discursos instalados mediáticamente que además de poner en tensión una comunidad que hace escuela, retoman posicionamientos que han quedado atrás no sólo en el recorrido del derecho a la educación sino en el avance de políticas educativas que posibiliten hacerlo efectivo.