LALENGUA

“LO QUE CUENTA ES EL AMOR, EL RESTO ES IRRELEVANTE”

Elena Liberatori, la primera jueza en consagrar un casamiento de mujeres previo a la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, y el primero entre dos hombres después de su sanción, en diálogo con Lalengua recurre a la metáfora de “desalambrar”, hecha canción por el cantautor uruguayo Daniel Viglietti, para hablar de lo que sintió después de que el Congreso Nacional aprobara la ampliación de derechos. 

 

Por:  Melisa Molina  |  Foto de portada: gentileza de Nicolás Cardello/Grito del Sur

“Un día como hoy pero hace diez años, amanecí con la sensación de que el aire que respiraba era más puro. Después de tanta lucha y de tantas cosas vividas, sentí que a partir de ese día éramos una sociedad un poco mejor y que habíamos corrido la alambrada”, dijo en diálogo con Lalengua la jueza Elena Liberatori al cumplirse 10 años de la sanción de la ley de Matrimonio Igualitario. Liberatori fue la primera magistrada que casó un matrimonio de mujeres en Argentina antes de que exista la ley; fue quien casó la primer pareja de hombres en Capital Federal y la primera que aprobó un cambio de identidad de género en el país, a Florencia de la V. La jueza explicó a esta revista mediante qué vericuetos legales realizaba los casamientos -a contramano de las trabas que ponían los abogados ortodoxos representantes de la Iglesia Católica-, recordó el clima que se vivía durante la época del debate, y vinculó las críticas de ese entonces a los cuestionamientos al divorcio en los años ochenta y a la legalización del aborto en los días que corren: “es el mismo discurso”, afirmó.  

-¿Qué recuerda de los primeros matrimonios que usted posibilitó antes de que exista la Ley de Matrimonio Igualitario y qué cree que significó su sanción en el Congreso? 

-Leyes como la del matrimonio igualitario son sumamente importantes porque se propusieron la descriminalización, la desestigmatización y la despatologización. Norma y Cachita fueron las primeras mujeres que casé. Recuerdo que leyendo el expediente, asumí -porque esos son los preconceptos que una tiene- que ellas eran una pareja de militantes jóvenes. Pero cuando fui a la sala de audiencias a entregarles la medida cautelar en mano, porque las quería saludar y conocer, me llevé una sorpresa, me encontré con dos señoras grandes. Mi asombro fue evidente, entonces tuve que pedirles perdón y eso abrió un diálogo muy emotivo que nunca voy a olvidar. Cachita, cuando les entregué firmada la sentencia, me miró y me dijo que les había devuelto la dignidad de vida. Yo quedé shockeada porque no podía creer que dos personas, que ya eran adultas mayores, me digan que recién a esa altura de la vida sentían que les había devuelto la dignidad.

-En aquel momento usted decía: “no puede ser que cada vez que una pareja homosexual desee casarse, deba acudir a los tribunales por sus cuestiones privadas y que su suerte dependa del juez que les toque”. 

-Si, y lo sigo creyendo. Siempre es horrible tener que ir a la Justicia, pero peor aún cuando además es por cuestiones tan personales y privadas. Me parecía tremendo. En ese entonces, cuando estaba en debate el tema del matrimonio igualitario, recuerdo que la periodista Lorena Maciel, me invitó a un programa de cable al que además habían invitado a gente que opinaba en contra de la ley, uno de ellos era el ex fiscal Pablo Lanusse, que era un retrógrado, y otro constitucionalista que también estaba en contra. El reportaje salió adelante, pero en la última pregunta Maciel me consultó si yo creía que esas parejas podían tener hijos. Entonces le respondí: “¿y por qué no? ¿o acaso las parejas heterosexuales nos aseguran un nido de amor para sus hijos? Acá lo que cuenta es el acto de amor, el resto es irrelevante”. Fue un escándalo. En aquel entonces muchos miraban con asco el tema del matrimonio igualitario, pero peor el de la adopción. Era como decir: “no piensen que van a avanzar más, no será posible que tengan hijos”. Después me encantó porque me vinieron expedientes de coparentalidad y comaternidad. Uno de ellos fue el caso de “Las Marisas”. En ese caso mi Cámara me revocó. Yo les había otorgado la cobertura para el tratamiento de fertilización asistida y la apelación de la Cámara llegó exactamente diez meses después. Lo que sucedió es que por esas casualidades de la vida, el mismo día que la Cámara me revolcó -porque ya no me revocó, me revolcó-, Las Marisas me habían presentado un escrito diciendo que estaban embarazadas. Mi propia Cámara no me confirmó, pero dios, la vida, o el destino -según en lo que quiera creer cada uno- me confirmaron.

"Cachita, cuando les entregué firmada la sentencia, me miró y me dijo que les había devuelto la dignidad de vida. Yo quedé shockeada porque no podía creer que dos personas, que ya eran adultas mayores, me digan que recién a esa altura de la vida sentían que les había devuelto la dignidad de vida"

Elena Liberatori
Titular del Juzgado Nro 4 en lo Contencioso Administrativo y Tributario

 "...¿acaso las parejas heterosexuales nos aseguran un nido de amor para sus hijos? Acá lo que cuenta es el acto de amor, el resto es irrelevante"

Elena Liberatori
Titular del Juzgado Nro 4 en lo Contencioso Administrativo y Tributario

-Lo que cuenta del programa de televisión parece de la prehistoria, pero pasaron tan solo diez años…

-Exactamente, parece la prehistoria. Pero, sin embargo, estas cosas siguen pasando. El año pasado, por ejemplo, 16 entidades «pro-vida», más un denunciante que es abogado del Gobierno de la Ciudad, me hicieron una denuncia por usar lenguaje inclusivo en un fallo. En ambas ocasiones pensé: “esto en poco tiempo va a sonar muy antiguo y muy apolillado”, y lo sé porque en los ochenta viví el debate por la ley de divorcio y recuerdo los disparates que se decían. Creo que es de profundo egoísmo el negarse a cosas que el otro necesita, pero pasó y sigue pasando.

– ¿Ve un paralelismo entre los discursos que escuchaba en contra del divorcio, los que escuchó en contra de la Ley de Matrimonio Igualitario y los que hoy suenan en contra del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo?

-Sí, es el mismo discurso. Yo le digo a “las celestes”, “está bien, a mi también me importan las dos vidas, pero díganme cómo…”. Con mis propios ojos vi morir a una chica en la terapia intensiva de Tigre que se fue luchando contra una septicemia que le provocó un embarazo no deseado. Entonces, cuando una vio eso, cuando vio a esa madre que dejó hijos pequeños, sabe qué es lo que tiene que defender. Y la otra cuestión con respecto a este tema, es que en esto no quiero que opine ni un solo hombre. Lo dije en un video que preparé para la época del debate en el Congreso. Los señores que se callen, porque son muy hipócritas. Los hombres que tienen plata y son poderosos y canallas te meten en un auto, te llevan a una clínica, y te obligan a abortar. Entonces digamos las cosas como son.

– ¿Cómo hacía para lograr concretar los matrimonios sin que todavía exista la ley?

-Lo cierto es que utilicé astucia, porque los temas de familia y del Código Civil no son lo mío, dado que soy una abogada administrativista. Pero me vi envuelta en esto y me di cuenta que un tema que enervaba al fuero civil era decir que el Código era inconstitucional. Entonces, a mi que me encanta la lógica, usé una cuestión que consistía en decir que el Código utilizaba la palabra «persona» y que esa categoría era superadora a la del sexo. Por lo tanto, no había nada que lo impidiera. Años después, me dijeron en la Asociación de Abogados que habían hecho un gran trabajo para ver por dónde podrían entrarle a la sentencia y que no pudieron por ningún lado. Dejé de lado al “sacrosanto Código Civil”, no me metí con él. Pero lo cierto es que también se podía ir por “el caso no previsto”, es decir, había argumentos jurídicos. Era solo cuestión de querer hacerlo.

-¿Hubo jueces que se oponían a los casamientos que usted realizaba?

– El primer matrimonio igualitario no se celebró en Capital, sino en Ushuaia. Pero los primeros matrimonios tanto de mujeres, como de hombres en Capital son míos. El de Damián (Bernath) y Jorge (Salazar) primero y el de Cachita y Norma después. En ese entonces había un problema que era que había dos jueces del fuero de familia que anulaban los matrimonios que yo permitía, el juez (Félix Gustavo) De Igarzabal, -de quien después se descubrió que su papá, un camarista civil, era abusador de sus nietas- y la jueza (Martha) Gómez Alsina. De Igarzabal era un poco más malo porque mandaba a decirles a las personas que tenían que darle a él la libreta de matrimonio -ya otorgada por el registro civil-. Y a Damián y Jorge les mandó a decir que tenían un plazo de ciertas horas para depositarla en su juzgado. Entonces yo, que nunca voy a dejar de ser abogada, les dije que traigan la libreta de matrimonio a mi juzgado para ponerla en la caja de seguridad, y les expliqué: “cuando el juez De Igarzabal pregunte dónde está la libreta, ustedes le dicen que la incautó la doctora y la guardó en la caja de seguridad del juzgado, que cualquier cosa vaya a pedírsela a ella”. Fue muy gracioso. Después también recuerdo que hicimos un acto público hermoso en la Asociación de Abogados de Buenos Aires de restitución de su libreta de matrimonio. 

-¿Qué más recuerda de esos días, del debate de hace diez años?

-De esas épocas recuerdo que dentro del juzgado hubo alguien que me hizo de “topo” y en un expediente se nos metió con escritos la Corporación de Abogados Católicos. Un abogado de ellos fue a ver a una de mis secretarias y le dijo: «algo habrá que hacer con esta jueza», refiriéndose a mi. Es decir, me amenazaron. 

"El año pasado...16 entidades "pro-vida", más un denunciante que es abogado del Gobierno de la Ciudad, me hicieron una denuncia por usar lenguaje inclusivo en un fallo. En ambas ocasiones pensé: “esto en poco tiempo va a sonar muy antiguo y muy apolillado”"

Elena Liberatori
Titular del Juzgado Nro 4 en lo Contencioso Administrativo y Tributario

"...los temas de familia y del código civil no son lo mío, dado que soy una abogada administrativista. Pero me vi envuelta en esto y me di cuenta que un tema que enervaba al fuero civil era decir que el Código era inconstitucional. Entonces, a mi que me encanta la lógica, usé una cuestión que consistía en decir que el Código utilizaba la palabra "persona" y que esa categoría era superadora a la del sexo"

Elena Liberatori
Titular del Juzgado Nro 4 en lo Contencioso Administrativo y Tributario

-En una entrevista dijo que le interesaron estos casos porque se trató de “correr la alambrada”. ¿Qué significa eso para usted?

– Tanto en la Ley de Matrimonio Igualitario como en la Ley de Identidad de Género, fui citada por los legisladores en el debate parlamentario. Ellos dijeron que lo que hice fue importante porque gracias a eso empezaron a tener antecedentes jurisprudenciales. Para la Ley de Identidad de Género mis fallos también fueron importantes. Tengo 50 cambios de identidad. El primero que tuve, y el primero del país, fue el de Florencia de la V. Creo que se trató de eso, de correr la alambrada, sí. Eso lo saqué de una canción  de Daniel Viglietti en la que habla de desalambrar. 

-¿Qué recuerda de la noche que se aprobó la ley?

-La noche que se aprobó no fui al Congreso porque soy muy nerviosa y preferí irme a dormir. Pero recuerdo que el 15 de julio, un día como hoy pero hace 10 años, amanecí con la sensación de que el aire que respiraba era más puro. Después de tanta lucha y de tantas cosas vividas, sentí que a partir de ese día éramos una sociedad un poco mejor y que habíamos corrido la alambrada. Todavía no podemos desalambrar del todo, pero siento que de a poco la vamos corriendo. Se trata de eso.