LALENGUA

LA AGONÍA DE LA CULTURA PORTEÑA

En la Ciudad de Buenos Aires hay más de 700 espacios culturales, más de 200 editoriales independientes y miles de artistas callejeros, de circo, de la danza, la performance, la música, el teatro, las artes visuales y audiovisuales. El sector de la cultura en su conjunto está en crisis producto de la pandemia, y el gobierno de la Ciudad no da respuestas. En diálogo con Lalengua, la legisladora porteña María Bielli y artistas independientes contaron cómo se están organizando en torno a la campaña #EmergenciaCulturalBA para mantener viva la cultura.

Por: Lucía Roisman y Malena Costamagna Demare |  Fotos: gentileza Agencia Presentes, Thelonious, Catalina Bartolomé y Julia Bravo.

La cultura está en emergencia. No es novedoso para los y las trabajadoras de la cultura enfrentarse a escenarios de crisis y de precarización laboral, pero en conversación con Lalengua actores, gestoras culturales y de clubes de música subrayaron que en la Ciudad de Buenos Aires están en una situación límite. En ese contexto lanzaron la campaña #EmergenciaCulturalBA, en la que más de 60 organizaciones reclaman reconocimiento y políticas públicas inmediatas y sostenibles por parte del Gobierno de la Ciudad. La iniciativa fue respaldada por un proyecto de ley presentado por María Bielli, legisladora porteña del Frente de Todos. 

El actor, docente y creador de la obra por streaming “Mentir la verdad, guita ya”, Paco Gorriz; la acróbata, docente y cooperativista en Teatro Mandril, Emilia Cortelletti; la fundadora de Casa Brandon, Lisa Kerner, y el dueño de Thelonious Club de Jazz, Lucas Cutaia, relataron en primera persona cómo es vivir –e intentar sobrevivir– de la cultura en la Ciudad de Buenos AIres. “Esta crisis dejó muy expuesta la ignorancia que hay sobre la cultura, no había noción sobre la cantidad de personas que dependen económicamente de esto”, resaltó Gorriz. La diputada Bielli, en tanto, dijo a Lalengua que el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta “no contempla la necesidad imperiosa de este sector a sostenerse”.

«Lo que se ha hecho por la cultura es insuficiente»

“Nos dirigimos al conjunto de habitantes de la Ciudad. A quienes la habitan, la disfrutan, la legislan y la gestionan”, empieza el comunicado que da forma a la campaña. El silencio habita salas grandes y chicas, independientes o mainstream, antes repletas de perfume y bocas pintadas, de gentes sentadas y paradas que reían, conversaban y luego callaban, pero que hoy ostentan persianas cerradas y que al igual que el telón, hace casi medio año que no se abren. ¿Cómo sobrevive la cultura en cuarentena? ¿Cómo se adapta el arte del cuerpo a la pantalla? ¿Está la cultura en peligro?

La respuesta de la #EmergenciaCulturalBA es un sí rotundo. Convocada a través del Frente Multisectorial, una organización que nuclea más de 60 organizaciones y trabajadores de la cultura, reclaman «la declaración de la emergencia cultural en la Ciudad de Buenos Aires, el registro de trabajadoras y trabajadores de la cultura, la implementación de una renta cultural extraordinaria mientras dure la emergencia sanitaria y la aprobación por parte de la Legislatura porteña de varios proyectos de ley, como los de ayuda económica a trabajadores de la cultura, a librerías y editoriales, así como la creación de mesa de trabajo para participar en la conformación y distribución del presupuesto 2021», según dice el documento de adhesión a la propuesta. 

“En la Ciudad de Buenos Aires se apoya a la cultura pero no lo suficiente para lo que esta representa”, sostiene en diálogo con Lalengua la legisladora María Bielli, quien impulsa la iniciativa del proyecto de ley que declara oficialmente a la cultura en emergencia. “La situación extraordinaria de la pandemia requiere medidas extraordinarias”, agrega. El proyecto propone que por el plazo de seis meses o los que dure la pandemia, los espacios culturales se encontrarán exentos del pago del impuesto de ABL, Ingresos Brutos y del Impuesto de Sellos. Para el mismo plazo propone subsidios; uno mensual equivalente al 100 por ciento del valor de las tarifas de los servicios de agua, gas y electricidad de las instalaciones, y otro para el pago del alquiler de los inmuebles en donde funcionan.

La diputada reconoce al sector cultural como uno de los más afectados: “lo que se ha hecho es insuficiente”, recalca. A esta altura del año pasado se ejecutaba el 53 por ciento del presupuesto estipulado para la cultura, mientras que este año solo un 42. “Es una gestión que no contempla la necesidad imperiosa de este sector a sostenerse”, reflexiona la legisladora.   

“La situación extraordinaria de la pandemia requiere medidas extraordinarias”

María Bielli
Legisladora porteña por el Frente de Todos

En conversación con Lalengua, Paco Gorriz, actor, docente y creador de la obra por plataforma digital “Mentir la verdad, guita ya”, afirma que “esta crisis dejó muy expuesta la ignorancia que hay sobre la cultura, no había noción sobre la cantidad de personas que dependen económicamente de esto”. En Buenos Aires hay más de 700 espacios entre salas de teatro, de música, galerías, milongas y centros culturales. Conviven en la ciudad más de 200 editoriales independientes y miles de artistas callejeros, de circo, de la danza, la performance, la música, el teatro, las artes visuales y audiovisuales e infinidad de disciplinas artísticas más. Cada rincón porteño tiene su toque distintivo, una cultura que moldea su propia forma.

A tres cuadras del Parque Centenario, después de una existencia algo “nómade”, según sus creadoras, descansa en el barrio de Villa Crespo Casa Brandon. Un centro cultural que hace quince años alberga artistas y espectadores del colectivo LGBTQI+ y que representa a muchos espacios que son la fuente de trabajo de la población de diversidades sexuales que lucha para encontrar su lugar. Lisa Kerner, su fundadora cuenta que el saldo de la pandemia fue la organización colectiva: “juntos vamos a tener más fuerza”.

En el barrio de San Cristóbal hace once años habita el Teatro Mandril, un edificio colonial intervenido de colores vibrantes sobre sus persianas cerradas. “No se entienden las prioridades. Se abren los bares pero no el teatro”, dice a Lalengua Emilia Corttelleti sobre el Mandril, una cooperativa que alberga centenares de personas por mes y más de veinte personas en su organización, entre ellas Emilia, del área de Talleres. “No queremos abrir los teatros y ya. Queremos políticas públicas para la cultura que también rinde económicamente”, agrega Emilia.

Paco Gorriz. Actor, docente y creador de la obra por streaming “Mentir la verdad, guita ya”. Foto: Catalina Bartolomé

Para los clubes de música la situación es especialmente difícil. Lugares cerrados para que no se vaya el sonido y una especialización más en la comida que en la música, es la salida de muchos ambientes culturales. Lucas Cutaia, dueño de Thelonious Club de Jazz, un ícono del barrio de Palermo con su graffiti de Kurt Cobain en el portón, a un par de cuadras de la avenida Juan B Justo, dice a Lalengua: “Mantenemos una estructura con un ingreso cero. Y los gastos siguen estando: alquiler, impuestos de todo tipo, sueldos, luz, gas, todo sigue. Básicamente es imposible”. La movida cultural es una rueda que una vez activada mueve mucho más: “nosotros cuando funcionamos, le damos laburo a un montón de gente, desde los artistas hasta las camareras”, cuenta Cutaia.

“La crisis nos llevó a organizarnos como rubro”, remarca Paco. En el marco de la crisis por la pandemia nació el colectivo de Profesores Independientes de Teatro (PIT), del que tanto él como docentes del Teatro Mandril forman parte y que ha presentado un proyecto protocolar para retomar sus clases con grupos reducidos, junto con el armado de cuadrantes para desarrollar el entrenamiento actoral manteniendo la distancia social. “Hay que capitalizar la organización del sector independiente y la puja que tiene. Incluso de artistas callejeros”, afirma Cortelleti. Lisa Kerner explica que organizarse “no es fácil, hay muchos artistas reticentes a organizarse políticamente”. En ese sentido, Bielli recalca que la Legislatura “solo dió el espacio” para la convocatoria donde las y los representantes de la cultura bonaerense pusieron “la voz en común”, puntualizando las propuestas para salir de la emergencia y declarar la campaña #EmergenciaCulturalBA. 

La cultura está cansada 

“Es hora de hablar de nuestra precarización laboral”, dice a Lalengua Kerner, con los ojos cansados. Detrás suyo cuelga flameante una bandera multicolor. La fundadora del centro cultural Casa Brandon ha sido precursora de un espacio, como ella lo llama, “contenedor” para el colectivo LGBTQI+. “Que la madre de une pibx te venga a agradecer porque su hije encontró un lugar en el que se siente cuidadx para expresarse, me renuevan las ganas de seguir en esto”, cuenta con emoción. Con el fin de renovar constantemente la energía que hay que ponerle a estos espacios para que funcionen, la gestora cultural cuenta que Casa Brandon está abierto todo el año: “somos un espacio muy demandado, no podemos cerrar ni quince días así que cuando arrancó el aislamiento me puse contenta, pensé  ‘finalmente vacaciones’”. El peligro que corre la escena cultural hoy en día no comenzó con la pandemia, pero la inesperada aparición del Covid la puso en jaque, con el riesgo de que la crisis sea terminal. La mayoría de los teatros que hace seis meses no pueden hacer funciones o los centros culturales que no pueden brindar sus escenarios a bandas musicales, es muy probable que ese lugar no pueda abrir cuando termine la pandemia y están luchando para no cerrar. La campaña #EmergenciaCulturalBA echa luz sobre la precarización de la escena cultural under. 

Lisa Kerner, fundadora de Casa Brandon. Foto: Agencia Presentes

“El teatro independiente es un sector en el que estamos acostumbrados a hacer muchas cosas con nada; saber de escenografía, de luces. Tiene algo muy lindo, pero a su vez uno muchas veces termina laburando hasta para poder volverse en taxi”, explica Paco. Si bien la pasión y la vehemencia mueven a los artistas a seguir mostrándole al mundo su talento y abriendo la puerta de sus centros culturales y teatros, hay una realidad económica que es imposible de eludir. “Ya era difícil mantenerse el año pasado”, dice Cutaia, de Thelonious Club, y agrega que “estamos cobrando el ATP, que ayuda, pero no llega a pagar ni el 20 por ciento del alquiler”.

Emilia, de Teatro Mandril, es más tajante: “me cansé de ser una artista precarizada, de actuar gratis o de hacer temporadas solo para recuperar lo que se gastó”. “Nuestra hora de trabajo es algo que se discute a fin de mes, nunca es algo fijo, y la mitad se nos va en el alquiler”, agrega. Para la cooperativista se necesita una tarifa diferenciada para los espacios culturales. “Primero pagamos el alquiler, después las cuentas y también dejamos algo para los sueños” ,explica luego y afirma con sarcasmo: “los sueños son comprar un equipo de sonido”.

Volver a los escenarios 

De a poco en la Ciudad de Buenos Aires se va retomando, muy duramente, la actividad: renovación de los escenarios sin público, transmisiones por plataformas digitales, vuelven los ensayos, el mantenimiento de las salas y espacios culturales tanto privados como públicos, todo bajo protocolos. Pero la escena artística no ha llegado ilesa a la primavera, en especial el sector independiente. “Cuando comenzó a circular la idea de la pandemia, empezamos a hacer funciones con la mitad de la capacidad, pero con la llegada de la cuarentena se canceló todo”, comenta Paco acerca de la obras en la cartelera de Microteatro BA y Teatro del Pueblo, donde trabajaba realizando funciones de miércoles a domingo.

El teatro vive por primera vez su propio apocalipsis: medio año con sus telones bajos en casi todo el mundo. Desde Broadway, pasando por Londres, hasta Buenos Aires, el corazón del espectáculo latinoamericano, los magnates teatrales nunca antes habían cerrado sus puertas y seguramente serán los últimos en abrirlas. “Tenemos una angustia enorme, no saber hasta cuándo vamos a estar así ni cómo seguir”, confiesa Kerner y se le notan en la voz las reuniones por zoom y la ausencia de aquel lugar de pertenencia que es Casa Brandon. “El hecho artístico no lo es todo, falta todo lo que lo rodea”, coinciden Paco, Cortelletti y Kerner, quienes mencionan la añoranza hasta de la fila de espera en la puerta, la cerveza, la comunión cultural. 

“Detesto ese mandato que existe hacia los actores de que en momentos de crisis hay que reinventarse. No es así”

Paco Gorriz
Docente y creador de la obra por streaming “Mentir la verdad, guita ya”.

Viviendo al día, como lo han hecho siempre, la industria cultural tuvo que reinventarse, no por gusto sino por necesidad. “Detesto ese mandato que existe hacia los actores de que en momentos de crisis hay que reinventarse. No es así, estamos en esta situación porque la cultura no es considerada esencial”, explica Paco. Lejos de romantizar el éxito de su obra por streaming “Mentira la verdad. Guita ya” –donde cinco actores cuentan la misma anécdota y el público, del otro lado de la pantalla, es el encargado de averiguar a quién le pertenece realmente esta historia–, afirma: “esto es una performance, el teatro es otra cosa”. 

Las transmisiones en vivo por instagram proliferan en tiempos pandémicos. En el caso del Teatro Mandril propone por sus redes el ciclo “Mandril en casa” o shows a la gorra por Youtube como “Bla TV”, un espectáculo de comedia ya icónico del lugar. Casa Brandon también ofrece vivos por sus redes, con propuestas como el dúo performatico “Boca de buzón” o su ciclo de poesía erótica “El cuerpo expresivo”. Los espectadores comienzan a escuchar nuevas propuestas como “vivos” o “transmisión por streaming”. Este último nace como alternativa para seguir compartiendo el trabajo artístico. “El streaming hay que pensarlo bien porque no es algo que deje un montón de plata, a no ser que seas Bjork. Es difícil de monetizar, no es una llave que nos permita trabajar”, cuenta la cooperativista del Teatro Mandril.

Thelonious Club. Foto: gentileza de Thelonious.

La vuelta a los escenarios no será un camino sencillo. No hay una solución ni una respuesta concreta por parte del gobierno, por eso el reclamo colectivo es una de las armas más poderosas para los y las artistas en la turbulencia de la pandemia. “Participamos de Meca, Clumvi, Escena, Fieras, que, como estamos hace mucho, casi que nos gestamos a la par de las organizaciones. Siempre hay un pedido colectivo, las organizaciones están agrupadas para hacer un reclamo en conjunto”, comenta Cortelleti.

La cuestión no está sencillamente en el hecho de volver a llenar las butacas y los camarines, sino en cómo organizar y colaborar con este anhelado regreso.“Es difícil empezar a actuar, ser joven y vivir de eso”, cuenta Paco, y agrega: “tenemos la responsabilidad, cuando todo esto vuelva, de que la gente joven que está estudiando, pueda ingresar laboralmente en estos espacios, en los teatros, nacionales, independientes, no perder estos espacios, sino recuperarlos habitandolos”. Para Gorriz la vuelta es una responsabilidad de todos y todas, por eso debemos apoyar el reclamo y ser parte del proceso de recuperación de nuestros tan amados espacios: “pagar una entrada, ser responsable como usuario, fomentar y consumir cultura”, concluye.