LALENGUA

“EL PROPÓSITO ES DESESTABILIZAR”

En diálogo con Lalengua, el periodista Ricardo Ragendorfer alertó sobre el intento de desestabilización detrás del levantamiento de la Policía Bonaerense y acerca del rol de la oposición como impulsora, mientras que la referente de Correpi, María del Carmen Verdú, denunció un intento por parte de la fuerza de buscar garantías de impunidad, en un contexto crítico por la desaparición de Facundo Astudillo Castro.

Por Mercedes Larosa  |  Foto: Lalengua

La quinta de Olivos fue rodeada por patrulleros de la Policía Bonaerense y los uniformados no prescindieron de sus armas para manifestarse en la entrada del lugar en el que vive el presidente, Alberto Fernández, junto a su familia. “Debido a esta degeneración del reclamo, se puede suponer que más allá del pedido legítimo, ha sido en realidad una excusa con el propósito de desestabilizar o al menos sacudir el orden institucional”, dijo en conversación con Lalengua Ricardo Ragendorfer, periodista que conoce los rincones más espúreos de la bonaerense, y que plasmó en libros como “La bonaerense: historia criminal de la policía de la provincia de Buenos Aires” (1997) y “La secta del gatillo: historia sucia de la policía bonaerense” (2002), entre otros. El reclamo que en principio se planteaba en torno a un aumento salarial, tomó un giro sombrío con el cerco policial a la quinta, lo cual denota que existen otras intenciones subyacentes. 

“Hay determinados indicios previos como las declaraciones de (Eduardo) Duhalde, que  mencionó la posibilidad de un golpe de estado, mientras que en ese mismo momento Javier Milei hablaba de guerra civil y que poco antes, el factotum radical de la Alianza Cambiemos, Ernesto Saenz, en una videoconferencia con Patricia Bullrich, se preguntó retóricamente cuándo va a explotar todo esto”, indicó Ragendorfer. Luego recordó que “una funcionaria del ministerio de seguridad durante la gestión de Bullrich, la Dra. Florencia Arietto, dijo por televisión el domingo que al día siguiente iba a ver una protesta policial cuando ese hecho se manejaba en el mayor de los sigilos. Ella después de irse de boca explicó que lo leyó en las redes sociales. Sin embargo, dio detalles que no habían sido publicados en ningún lado. Todo hace suponer que además de los policías, no serían ajenos a este estado de beligerancia o a la planificación de este estado de beligerancia, personas vinculadas a espacios políticos opositores”. 

El carácter político del levantamiento policial que destacó el periodista, tiene asidero, por ejemplo, en las declaraciones mediáticas del policía Mariano Alderete. “Estamos cansados de la situación actual. Ayer viendo que es lo que estaba pasando con Lázaro Baez, viendo lo que pasaba nos daba… no quiero usar una mala palabra”, expresó en una entrevista haciendo referencia a la impunidad. No faltó una rápida reacción de repudio ante lo que está sucediendo por parte de diferentes sectores sociales. Desde la CGT se dio una respuesta contundente que desacredita el accionar de la fuerza policial. “Se transformó con el paso de las horas en una amenaza real al normal funcionamiento del Estado», expresa el comunicado oficial.

“Todo hace suponer que además de los policías, no serían ajenos a este estado de beligerancia o a la planificación de este estado de beligerancia, personas vinculadas a espacios políticos opositores”

Ricardo Ragendorfer
Periodista

Para María del Carmen Verdú, abogada y referente de CORREPI, explicó que no se trata de un reclamo salarial, sino de “una respuesta al anuncio de la semana pasada del presidente sobre el ‘Plan de Fortalecimiento de Seguridad’”. “Se comunicó que se destinará 38 mil millones de pesos para financiar el reclutamiento de efectivos, compras de pertrechos, armas y tecnología y construcción de cárceles y comisarías. Esto despertó el reclamo por un aumento salarial”, agregó Verdú. A su vez, sostuvo que los policías “están pidiendo garantías de impunidad y más pertrechos para reprimir porque en los petitorios incluyen el cierre y la resolución urgente de situaciones de disponibilidad y exoneración, sanciones disciplinarias internas y causas penales por hechos de servicios. Cuando ellos hablan de hechos de servicio queda claro que están hablando de fusilamientos por gatillo facil, imposición de tormentos, tortura seguida de muerte, desapariciones, etcétera.”

La figura de Sergio Berni, ministro de Seguridad de la Provincia, está en el centro de la escena desde el inicio de la cuarentena, y en particular a partir de la desaparición de Facundo Castro, con la bonaerense como principal sospechosa. Según Ragendorfer, a la luz del levantamiento policial, a Berni “no se lo toma muy en serio por su impronta cuartelera, bajo la suposición que ese estilo de gestión iría a encandilar a los efectivos de la bonaerense, pero no es así. Los llamados patas negras, como se les dice a los efectivos de la bonaerense, no sienten devoción hacia los militares”. Para entender esta situación debemos hurgar en la historia de la fuerza. El periodista explicó, de modo sintético, que “durante la dictadura militar, bajo el imperio del terrorismo de Estado, la policía bonaerense estaba subordinada operativamente al Ejercito y se peleaba con los milicos por los botines de guerra, es decir, por los televisores que se afanaban de las casas de las personas que secuestraban. Por otro lado, en el año 2000 se sacaron de encima a Aldo Rico,  que había sido nombrado por el gobernador Carlos Ruckauf, sin violencia, solo con una broma iniciática. Le mandaron información falsa, le vendieron carne podrida. Entró como un caballo, lo denunció en una conferencia de prensa y lo rajaron a las dos horas.”

“Están pidiendo garantías de impunidad y más pertrechos para reprimir porque en los petitorios incluyen el cierre y la resolución urgente de situaciones de disponibilidad y exoneración, sanciones disciplinarias internas y causas penales por hechos de servicios”.

María del Carmen Verdú
abogada y referente de Correpi.

Existe una necesidad de una reestructuración de la policía que permita terminar con la relación intrínseca entre las distintas fuerzas con el delito, la corrupción y la impunidad. Quizás esta situación pueda abrir el camino para pensar la mejor estrategia para lograrlo. Para Ragendorfer esto es necesario, pero complejo: “estamos hablando de una fuerza que es estructuralmente corrupta, que se autofinancia a través de actividades delictivas, por lo tanto se autogobierna: estamos hablando de un Estado dentro del Estado. Uno de los intentos más eficaces de remediar esta situación fue la gestión de León Arslanián donde atacó la estructura, desguazó el organigrama de las fuerzas en varias departamentales autónomas para malograr la ruta del dinero que va de abajo hacia arriba –de las comisarías a las regionales y de las regionales a las jefaturas–. Desguazando esa estructura empresarial, él pensaba que se iban a mejorar las cosas. Pero no tuvo en cuenta lo que yo siempre digo que es que la bonaerense es como agua: toma la forma del envase que la contiene. Lo que hasta entonces era una empresa completamente aceitada devino en una cantidad indeterminada de hordas policiales autónomas que en complicidad con los intendentes, fiscales y jueces de la zona se disputaban entre sí el gerenciamiento del delito en la provincia de Buenos Aires. La llegada de Stornelli, bajo la gobernación de Scioli, puso las cosas en su lugar y destituyó a la corporación policial sacando los peores atributos que se le pueden conceder.”

A modo de conclusión, Ragendorfer hizo hincapié en que el principal problema que tenemos, con la policía bonaerense y con la mayoría de las agencias policiales que actúan en el país, es que hace falta una democratización de las mismas. Esta es, desde 1983, la gran deuda que el Estado tiene con su propia historia.

Para el periodista “es alarmante que las fuerzas policiales hayan sido reemplazadas en las últimas décadas como actores desestabilizadores en reemplazo de las fuerzas militares que daban golpes de Estado clásicos. Lo que sucedió en Bolivia, Ecuador y Paraguay da cuenta de esto. Pienso que este asunto, si fuese por la voluntad y el deseo de las personas que apoyan esta epopeya, podría concluir en una situación así, en una alteración inevitable del orden institucional. Sin embargo, creo que no están en condiciones y la correlación de fuerzas no los favorece. Primero porque está visto que la fuerza policial que se ha revelado tiene una incapacidad para unificar sus reclamos y para unificar su dirigencia: no tiene dirigentes, no tiene voceros, es una cosa desorganizada bien al estilo de la bonaerense. Pero su discurso se asemeja con el discurso errático, dispar, psicótico de los anticuarentena que van a contagiarse al obelisco y que cada uno plantea una reivindicación distinta.”

Ragendorfer recordó que “durante la crisis del 2001, en esos días donde hubo cinco presidentes, le preguntaron al comandante en Jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, si pensaban dar un golpe de Estado. Si bien el tipo no negó esta posibilidad, respondió que no estamos en condiciones. Espero que en este momento ocurra lo mismo con los sectores que quieren desestabilizar el régimen constitucional.”