LALENGUA

En conversación con Lalengua les humoristas Mariana Angerosa, “Standaplanera”, y Emanuel Rodríguez, “Peroncho”, reflexionan acerca de la potencia del humor como herramienta política, sobre los límites de lo decible sobre un escenario y acerca del trabajo con el lenguaje para hacer reír y disputar el sentido común.

Por: Juan Schtivelband Guindi |  Fotos: gentileza de les entrevistades

¿Qué es el humor político?, ¿qué límites aparecen en él?, ¿cuál es el valor de la palabra tanto en el humor como en la política? Estas fueron algunas de las preguntas sobre las que reflexionaron dos humoristas jóvenes en diálogo con Lalengua. Mariana Angeros, conocida como “Standaplanera”, y Emanuel  Rodríguez, “Peroncho”. Ambes se definen como militantes además de humoristas y consideran al humor como una herramienta política. “El humor es una herramienta de pensamiento crítico. Hay que jugar con eso porque te abre un montón de aspectos para encarar distintos temas”, opina Mariana. Emanuel, en tanto, sostiene que “sin humor a la política le falta algo, se vuelve una herramienta demasiado solemne para algunos momentos”.

Mariana nació en  Entre Ríos y su vínculo con el humor empezó desde muy chica. En su casa de infancia se escuchaba a Les Luthiers y se veía a Gasalla, Los Midachi y Enrique Pinti, pero fue Malena Pichot la primera mujer comediante que conoció. “Me acuerdo de pensar ‘guau, habla de cosas que le pasan a ella’, está bueno y eso es lo que tiene de interesante el stand up es que vos hablas de vos, desde lo que te pasa y lográs que la gente se identifique con un montón de cosas tuyas”, cuenta a Lalengua. Con la nueva generación de humoristas como El Cadete y Martín Rechimuzzi, aparecía un tipo de humor distinto al de su infancia, con el cual se identificaba más. El interés y  la necesidad de construir humor con perspectiva de género la llevó a encontrarse con mujeres comediantes como  Señorita Bimbo, La Loca de Mierda, entre otras, quienes fueron marcando el estilo de su trabajo. Para ella el humor fue una forma de expresar alegrías, nostalgias, contradicciones y tristezas, y a la vez utilizarlo como mecanismo de defensa. “Siempre fui la graciosa del grupo, la que tiraba chiste y descomprimía las reuniones», recuerda.

Emanuel  Rodríguez se define en primer lugar como militante, y luego como comediante. Es cordobés y su primer contacto con el humor llegó por necesidades económicas, cuando creó una revista para financiarse un viajes de estudios en la secundaria. Luego de su primera participación en un show de stand up, casi en una epifanía, se dio cuenta de que se quería dedicar al humor. Con sus lecturas sobre literatura humorística -Roberto Fontanarrosa, Woody Allen, Tom Sharpe-, comenzaron sus primeros pasos de producción humorística, uniendo sus dos pasiones, el humor y la militancia política. Las dos vertientes están condensadas en su seudónimo: Peroncho, al que considera como rasgo identitario. “Soy Emanuel Rodríguez  Peroncho, Rodríguez por parte de padre y Peroncho por parte de Juan, Eva, Néstor y Cristina».

“La palabra y la presión de las palabras en la política me parece súper importante para cualquier persona que comunique, sea docente, humorista o militante, porque las palabras tienen densidad y yo le tengo mucho respeto a lo que digo."

Mariana "Standaplanera" Angerosa
Humorista y docente

Alejandro Dolina caracteriza al humor a partir de una cita del filósofo alemán Arthur Schopenhauer: “el humor es poner una cosa allí donde no va”. Emanuel concuerda con esa definición, “es bastante precisa acerca de qué se trata esto”, dice, y agrega: “cuando me siento a escribir, la primera estrategia es desubicar las cosas y cualquier otra estrategia humorística no es una deformación de ese desubique, una derivación. Delirar un argumento, extremar la lógica, invertir el orden de los términos, son todas operaciones que tienen que ver con descolocar a la audiencia, al lenguaje, a la realidad. De eso se trata: descolocarla para poder verla desde otro lado o simplemente para descolocarla por el gusto de ver el mundo arder, diría el Guasón”.

Emanuel completa la definición de Dolina con otra de Woody Allen: “el humor es tragedia más tiempo”, dice. “Esas siempre han sido mis dos referencias básicas para responder sobre qué es el humor. Es un ejercicio de libertad, de rebeldía, de disidencia y también lo que más me seduce es la posibilidad de generar un momento de alegría en el otre. Esa es la maravilla seductora del humor”, reflexiona. 

Para Mariana el humor fue también una forma de entender y abordar la lucha feminista. Recuerda que en su casa el humor que se consumía lo hacían, básicamente, grandes comediantes varones y de esa homogeneidad surgió la necesidad de ir investigando y buscando humoristas mujeres o disidencias, que surgieron mucho más en las nuevas generaciones y que fueron consolidando  su tipo de humor. “Me gusta el sarcasmo, me gusta el humor que bardea al statu quo y también a la gente más poderosa, incluso a esos intocables. Yo hago algunos chistes respecto de los rugbiers, que en otro momento podría pensar, ¿cómo te vas a burlar de los rugbiers? Y sí, hay que burlarse de los rugbiers. Me gusta ese  humor ácido, que se burla de los privilegios de la gente”, reflexiona.

El humor y los límites

Tanto para Mariana como para Emanuel, el humor es una herramienta política y un componente infaltable en la vida cotidiana. La cuestión de los límites y las posibilidades de hacer son tal vez las dos cuestiones más delicadas del oficio. Mariana opina que “humor se puede hacer con todo”. “No me siento cómoda haciendo chistes sobre discapacitades, por ejemplo, o con cuestiones de colectivos oprimidos. Después cada une se hará cargo de lo que quiere comunicar y de las consecuencias que tenga eso. Mi límite es lo que yo considere en cualquier momento y lo que yo pueda llegar a defender”, explica. Mariana considera que el humor es, fundamentalmente, “una herramienta de pensamiento crítico y hay que jugar con eso porque te abre un montón de aspectos para encarar distintos temas.”

Por su parte, Emanuel plantea que estableció como su límite ético no reírse de quien está en una condición desventajosa respecto a la suya en tanto hablante. “No reírme de quien no puede defenderse de lo que voy a decir es el límite ético para que mi humor no sea un acto de mero cinismo, no caer en determinadas crueldades”, sostiene, y aclara: “hay crueldades que considero necesarias en la rebelión contra determinadas autoridades y autoritarismos. Hay crueldades necesarias, liberadoras, ensañarse con la idiocia del expresidente, ensañarse con su analfabetismo, con su brutalidad,  podría ser leído, desde algún punto de vista ético, como una crueldad ‘¿Cómo te vas a reír de un idiota? ¡Qué falta de empatía con su idiotez!’ Sin embargo a mí la crueldad de reírme del idiota de Macri me parece liberadora, necesaria, rebelde, me parece también una herramienta de develamiento en muchos sentidos porque es un idiota sobreprotegido por los medios, vendido como un alguien capaz cuando es un absoluto incapaz”. 

Esta “crueldad”, afirma Peroncho, se debe entender en el marco de una determinada relación de fuerzas: “va en contra de la construcción de los medios hegemónicos”, en contra de, en el ejemplo, “un tipo absolutamente poderoso, mucho más poderoso que nosotros, que tiene el poder incluso de reprimirnos, de desaparecernos, de hacer lo que quiera con nosotres”. 

El humor se hace indispensable, además, en tiempos de crisis, como ocurrió durante los años en los que gobernó Cambiemos, y ahora en el contexto de pandemia. Para Peroncho, de todas formas, “el humor es necesario siempre”, incluso pensado desde una perspectiva política, dado que “aunque tengamos un gobierno que nos represente, la disputa por el poder continúa, el poder real sigue ejerciendo su capacidad de opresión sobre las minorías, sobre las mayorías humildes, sobre nuestras libertades”. “El humor se convierte en una especie de trinchera, aunque no siempre efectiva. No creo que sea la herramienta más efectiva, pero es una herramienta más. Si vos tenés una caja de herramientas para determinada  situación quizás la pinza no sea la herramienta más importante, pero tenes que tener una pinza. Con el humor pasa algo parecido, lo más importante para transformar la realidad siempre es la política, pero sin humor a la política le falta algo. Se vuelve una herramienta quizá demasiado solemne para algunos momentos. Por eso, por suerte, el humor es necesario siempre”, asegura el humorista.

“El humor se convierte en una especie de trinchera, aunque no siempre efectiva. No creo que sea la herramienta más efectiva, pero es una herramienta más."

Emanuel "Peroncho" Rodríguez
Humorista y docente

El humor y la palabra

En el show de Mariana, fue ella quien decidió incluir el término “planera”,  utilizado por una parte de la sociedad para estigmatizar y denigrar a los sectores que reciben planes sociales o subsidios por parte del Estado. “Standaplanera  surgió la primera vez que hice un show abierto. Antes, venía haciendo presentaciones solo para mi organización política en los eventos militantes. La primera vez que lo hice fue en el salón de mi sindicato, UTE, y entre que no tengo un nombre muy taquillero y necesitaba también un poco adentrarme en el circuito del humor político, surgió el standap, porque generalmente el término Stand Up se termina leyendo así, y el planera salió porque es un poco lo que siempre hacemos de retomar algún estigma y levantarlo con orgullo”, cuenta. Al mismo tiempo, lo surgió de una línea que se repetía en su show: “hablaba de que yo no tenía ganas de tener hijes y no sabía por qué, hasta que me di cuenta que era porque siempre me pongo como madre de mis novios, entonces mi función ya estaba. Arranqué a hacer chistes con respecto a esto y fui considerado que  había muchas que hacían lo mismo, y por eso la necesidad de una asignación universal para el ‘chongo-hijo’, hasta que nos podamos deconstruir del todo y nos liberemos de la necesidad del plan social, el cual yo pedía para ser una planera”.

El cuidado de las palabras y los conceptos de cada sketch es fundamental para Mariana. “La palabra y la presión de las palabras en la política me parece súper importante para cualquier persona que comunique, sea docente, humorista o militante, porque las palabras tienen densidad y yo le tengo mucho respeto a lo que digo. Tal vez no en la vida cotidiana, pero en un escenario o un aula trato de cuidarme. El general decía: mejor que decir es hacer”, concluye.

En su sketch “La Ministra”, la palabra aparece como el objeto central, como la materia con la que se hace humor. “El año pasado fue muy difícil para la educación en Capital Federal y transitamos la peor gestión educativa. El desafío está en reflexionar acerca de qué palabras usa la ministra de Educación de la Ciudad (Soledad Acuña), porque no vas a encontrar a alguien que esté en contra de la educación en sí, pero al reflexionar a través del humor sobre los discursos y los términos que utiliza tanto la Ministra, como gran parte del partido al que adhiere, se pone en evidencia que es un discurso marketinero en el cual la concepción de la educación es muy distinto al que yo considero que tendría que ser el de la educación pública. Por esto surge el sketch, como parodia que busca pensar las palabras y las formas de plantear una educación más justa, amplia y para todes”, explica.

Las Madres de Plaza de Mayo hacen una distinción entre la palabra “ronda” y la palabra “marcha”, en referencia a la histórica marcha de los jueves, de la que participan Madres y Abuelas. La distinción surge de que las rondas giran en su propio eje, mientras que las marchas avanzan.  En sus shows, Emanuel cuenta una anécdota en la cual Hebe de Bonafini lo reta por el mal uso de la palabra, lo cual le sirve de excusa para hablar sobre el valor de la palabra en la construcción política. “La distinción que hace Hebe entre ‘ronda’ y  ‘marcha’ siempre me acompañó. Esa distinción la conocía y para darle fuerza a mi relato en el show inventé esa cagada a pedos. Existió, no fue particularmente como la cuento en el show, pero fue parecida. Sé que puede sonar pretencioso, pero mi ejercicio de escritura humorística no deja de ser un ejercicio de literatura, un ejercicio literario y en la literatura  esas categorías de lo real y lo verosímil siempre se mezclan”, dice. 

La anécdota de referencia fue un acto en el que Hebe lo retó por usar una palabra que no iba, aunque no era esa. “De tanto contar que era esta ya me olvidé cuál era la cagada a pedos original, y hasta me la terminé creyendo”, cuenta Peroncho, y agrega que “estar cerca de ella también es aprender a vivir con la intensidad de saber que siempre hay un modo mejor de hacer las cosas y ese modo es el de ella, es el de Hebe, que no la erra nunca y es el camino a seguir”.

Ese camino a seguir tiene que ver, para Emanuel, con un “ejercicio preciso de la palabra por parte de Hebe. Trato de seguirle la huella; es más difícil para un humorista porque hay un cierto encanto en irse al pasto, en no usar exactamente la palabra precisa, pero también cuando hacés específicamente humor político me parece un desafío interesante asumir la responsabilidad de ser lo más preciso posible con las palabras, porque lo que te enseña ese reto o esa distinción que hace Hebe es que las palabras al igual que las personas arrastran tradiciones y esas tradiciones tienen que ser tenidas en cuenta, porque las palabras tienen una memoria y  pararse frente una palabra es también pararse frente a esa memoria”.

Al igual que Mariana, Emanuel entiende que las palabras son un campo de lucha que atraviesa el mundo del humor, en una disputa que va más allá. Las palabras son la memoria y también el futuro, sostiene Peroncho: “el valor de las palabras o el valor que nosotres intentamos darle a las palabras tiene que ver con la memoria. Cuando uno habla de la etimología de una palabra habla también de su historia, de su pasado. Por algo decimos las palabras que decimos y está bueno ser consciente y responsable de su uso; sino se corre el riesgo de perder el control sobre los posibles futuros que tengan esas mismas palabras”.