LALENGUA

EL DÍA QUE EL AMOR LLEGÓ A SER LEY

 El 15 de julio de 2010, hace exactamente 10 años, el Senado aprobó la ley de Matrimonio Igualitario y Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. En diálogo con Lalengua, la ex diputada Juliana Di Tullio, y los ex diputados Agustín Rossi y Ricardo Cuccovillo, coincidieron en que se trató de la ley más linda que les tocó votar. También recordaron las dificultades para que el proyecto llegue al Congreso y las fuertes presiones de la iglesia por bloquear el avance de la ley. 

 

Por:  Marcos Príncipi  |  Foto Melisa Molina

“El proyecto de matrimonio igualitario estuvo muchos años cajoneado en el Congreso sin debatirse. Lo que más ayudó a que se pudiera dar la discusión en 2010 fue la fuerza que hicieron las organizaciones LGTBQ+ de visibilización, de reclamo y de debate en los medios masivos de comunicación. Ese cuerpo colectivo peleando en los espacios públicos, junto a la voluntad política, fue lo que permitió el debate”, recordó la exdiputada Juliana Di Tullio en conversación con Lalengua. La inagotable militancia del colectivo LGBTQ+ ante una sociedad heteronormativa que los invisibilizó durante años, tuvo varios hitos, luchas y frustraciones hasta que el 15 de julio de 2010 el Senado aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario. 

El historial de la ley lleva a cuestas un largo derrotero: a principios de los noventa la asociación Gays por los Derechos Civiles, dirigida por Carlos Jáuregui, intentó impulsar una ley de Matrimonio Civil con acceso para las parejas del mismo género, pero el proyecto no llegó ni siquiera a tratarse, y luego hubo otros cuatro intentos en los años 1998, 2000, 2002 y 2004, con igual resultado. La primera victoria para estos grupos activistas llegó en la Ciudad de Buenos Aires el 12 de diciembre del 2002, cuando se aprobó el proyecto de Ley de Unión Civil (ley 1004) presentado por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Luego, la provincia de Río Negro sancionó también una ley de unión civil inspirada en la anterior, y más tarde lo hicieron las ciudades cordobesas de Carlos Paz y Río IV. Más allá del triunfo que implicaron estas normas, seguían siendo regulaciones locales que no abarcaban la totalidad del territorio argentino. Los distintos organismos que luchaban por la ley no iban a descansar hasta que fuera nacional. Después de otros dos intentos fallidos, en 2007 y 2009, la sociedad estaba lista para dar el debate. 

Puertas adentro del Congreso, la lucha por impulsar la ley no era sencilla. “Al principio fue difícil. Yo era presidenta de la Comisión que hoy se llama de Mujer y Diversidad, y Vilma Ibarra era la presidenta de la Comisión de Legislación General. Convocamos varias veces a tratar el proyecto y no venía ningún diputado y diputada de ningún bloque. Las comisiones estaban vacías. Fue una trabajo largo y difícil”, rememoró Di Tullio. La exdiputada sostuvo que fue la militancia de estos organismos la que puso en escena pública el debate y destrabó el tratamiento legislativo. “Muchos diputados no querían que esta ley se tratara para así evitar todo tipo de conflicto”, agregó Di Tullio, quien sostuvo que el impulsó de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández también fue fundamental para que se tratara la ley. 

“Al principio fue difícil. Yo era presidenta de la Comisión que hoy se llama de Mujer y Diversidad, y Vilma Ibarra era la presidenta de la Comisión de Legislación General. Convocamos varias veces a tratar el proyecto y no venía ningún diputado y diputada de ningún bloque. Las comisiones estaban vacías. Fue una trabajo largo y difícil”

Juliana Di Tullio
ex diputada por el Frente para la Victoria

Para el exdiputado socialista, Ricardo Cuccovillo, que la ley se aprobara en el Congreso fue solo la frutilla del postre. “Hubo una construcción de décadas por parte del colectivo que es el edificio que sostiene toda esta cuestión”, sostuvo Cuccovillo y reconoció agradecido que la comunidad gay haya vencido los prejuicios de la ignorancia. “Los que pusieron el lomo fueron los integrantes de la comunidad LGBTQ. Tuvieron la habilidad e inteligencia de generar el diálogo y dialogaron hasta con los diputados y senadores más trogloditas y reaccionarios. Se sentaron, dialogaron y convencieron”, expresó.

 

Pero el avance de la comunidad LGBTQ+ trajo aparejada una respuesta de los sectores ortodoxos. El impulso y la fuerza que había tomado el nuevo tratamiento de la ley en el Congreso despertó rápidamente la reacción de la iglesia y de sectores conservadores de la sociedad que empezaron a operar para frustrar el debate. Los medios masivos de comunicación lo bautizaron “Matrimonio gay” para estigmatizar la lucha y las organizaciones religiosas comenzaron a realizar movilizaciones en contra. Lograron reunir miles de personas identificadas entonces con color naranja en defensa de “las familias”, de manera análoga al pañuelo celeste que hoy es la insignia de los antiderechos. Para entonces, la discusión ya había despertado el interés de la opinión pública y el tratamiento en diputados tenía fecha para el cinco de mayo. 

 

“Yo no había visto hasta ese momento el lobby de la iglesia catolica. Sí había visto otro tipo de presiones, como el del poder económico, pero el de la iglesia jamás, y es impresionante porque tiene mucha fuerza”, recordó Di Tullio. La ex diputada creía que el poder que la iglesia había mostrado durante el tratamiento de la ley de divorcio era algo que había perdido fuerza con el tiempo, “pero no, aún existe y se hizo carne en el Congreso mientras se debatía matrimonio igualitario. Es muy diferente a la presión que los diputados y diputadas estamos habituados a ver y a resistir. Recuerdo que llamaban a los y las legisladores de pueblos muy chiquitos y católicos, y estos se asustaban mucho”.

 

Las manifestaciones tensaron el clima político y generaron una división transversal a todos los bloques políticos dentro las dos cámaras. “Todos los bloques dejamos libertad de conciencia. Creíamos que esto era importante porque se trataba de una ley atravesada por convicciones religiosas”, contó a Lalengua Agustín Rossi, quien por entonces era jefe de bloque del Frente para la Victoria. “Nosotros hicimos una reunión de bloque donde Néstor ratificó la libertad de acción, pero dijo ‘tengan en cuenta que el presidente de bloque y el presidente del partido vamos a votar a favor’”, recordó Rossi, y sostuvo que esas palabras terminaron volcando a muchas diputados dudosos al voto positivo.

 

El tratamiento en Diputados se desarrolló en el marco de una sesión especial  que comenzó poco después del mediodía pero, debido al gran número de oradores, terminó a las 2:45 am del día siguiente. El proyecto obtuvo media sanción con 126 votos positivos y 110 votos en contra. Entre los diputados que votaron a favor del proyecto estuvieron el expresidente Néstor Kirchner, el radical Ricardo Alfonsín; la actual secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra; el canciller Felipe Solá; la titular del Inadi, Victoria Donda; el embajador en la Unesco, Fernando Solanas, la líder del GEN, Margarita Stolbizer; la ex ministra de Seguridad y hoy titular del PRO, Patricia Bullrich; las ex funcionarias de Cambiemos Paula Bertol y Laura Alonso; el socialista Roy Cortinas, y los radicales Ricardo Gil Lavedra y Silvana Guidice. Entre los que votaron por la negativa, estuvieron la ex vicepresidenta Gabriela Michetti; el exsenador Federico Pinedo; el ex justicialista Eduardo Amadeo; la exfuncionaria de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Silvia Majdalani; Cynthia Hotton, activista contra la ley desde su agrupación Valores Para mi País; los diputados del Peronismo Federal Francisco De Narváez y Graciela Camaño; y los radicales Oscar Aguad y Ricardo Buryaille, entre otros. 

 

La diferencia en la Cámara de Diputados se obtuvo, fundamentalmente, gracias a las diputadas mujeres. Si se divide la cámara por géneros, entre los diputados hombres la ley se aprobaba solo por un  voto. Entre las mujeres la diferencia fue más importante.

“Nosotros hicimos una reunión de bloque donde Néstor ratificó la libertad de acción, pero dijo ‘tengan en cuenta que el presidente de bloque y el presidente del partido vamos a votar a favor’”

Agustín Rossi
ex diputado y actual Ministro de Defensa

“Fue un debate por escalones donde los fundamentos de quienes se oponían se iban cayendo por su propio peso. En el último escalón, quienes se oponían querían que no se les permitiera adoptar, hasta que alguien sacó el Código Civil y recordó que la ley le permitía adoptar a los monoparentales, así que no había motivos para que no lo hagan las parejas del mismo género”, comentó Rossi. “Los discursos negativos siempre se aferraban más a las convicciones religiosas. Y el discurso positivo, en cambio, fue adquiriendo cada vez mayor cantidad de argumentos”, agregó. 

El actual ministro de Defensa recordó también que Kirchner se le acercó al finalizar la votación y le dijo unas palabras. “‘Con esta ley pusimos al peronismo en el lugar que tenía que estar’, me dijo y agregó que si queríamos representar y ser una fuerza progresista teníamos que ser capaces de canalizar y metabolizar todas las demandas de las minorías. Después me dijo que era una ley que le iba a cambiar la vida a los más jóvenes”, recordó Rossi.

La presión opositora aumentó luego de la primera contienda legislativa. Avanzaron las movilizaciones tanto de los que defendían la igualdad de derechos como sustento de la democracia, como también de los que rechazaban abiertamente la ampliación del matrimonio civil. La discusión empezó a ocupar más horas de aire en la televisión y en la radio. “Los argumentos siempre fueron muy flojos por parte de quienes se oponían a la ley. No había más que cuestiones de orden tradicional en sus razonamientos. Cuando uno se pone a estudiar un poco sabe que la cultura se forma sobre la base de modificaciones y que el matrimonio y la familia nunca fue igual. El mundo es diverso, el mundo es policromático. Cuando te parabas desde ahí los argumentos en contra del casamiento igualitario dejaban de tener peso”, sostuvo Coccuvillo. Di Tullio agregó que la discusión no giraba solamente en garantizar un derecho, sino en que algunos perdieran sus privilegios. “Por eso genera tanto odio y tanta bronca. Porque hay algunos a los que ceder privilegios les genera mucha bronca”, puntualizó.

“Los que pusieron el lomo fueron los integrantes de la comunidad LGBTQ. Tuvieron la habilidad e inteligencia de generar el diálogo y dialogaron hasta con los diputados y senadores más trogloditas y reaccionarios. Se sentaron, dialogaron y convencieron”

Ricardo Cuccovillo
ex diputado socialista

Pero ya era tarde. El debate ya se había instalado en la sociedad y había logrado interpelar a muchas personas. La irrupción del tema en la agenda mediática y pública ya era un triunfo para quienes buscaban una ampliación de derechos, como paso previo a la aprobación de la ley. Pese a que el 15 de julio del 2010 la sesión en el Senado fue mucho más pareja, el proyecto de Matrimonio Igualitario se terminó convirtiendo en ley por 33 votos contra 27,  luego de más de catorce horas de debate. Argentina se convirtió así en el primer país de América Latina en reconocer el derecho a matrimonio entre personas del mismo género a nivel nacional, mientras que al mismo tiempo en la Plaza del Congreso la gente explotaba de festejos y llantos de alegria. 

Los tres ex diputados consultados coincidieron en que fue la ley más linda de todas las que votaron. “Es una ley de una belleza espiritual enorme”, opinó Rossi, mientras que Coccuvillo la consideró como la ley “más emotiva y más trascendente” que le tocó votar. “No solamente luché por mis convicciones, por mis pensamientos y por las minorías, sino también por una mejora en mi familia, por mi hijo”, dijo Coccuvillo y recordó el emotivo cierre de su alocución en el Congreso, que a su vez fue el cierre de su bloque, donde contó a los legisladores que uno de sus hijos es homosuexual y que no había razones para que “no tuviera los mismos derechos que sus hermanos”.  

La ley de matrimonio igualitario fue una ley madre para los derechos de las minorías. Allanó el camino para la ley de Identidad de Género – que se aprobó en 2013 – y visibilizó a las personas con identidades sexuales no heteronormativas. “Esta ley cambió para siempre a la sociedad argentina. En ese momento el Congreso iba por delante y también a la par de los cambios sociales. En ese caso hubo una alianza indestructible entre organizaciones de la sociedad civil, organizaciones activistas, una muy buena parte de la sociedad que no organizada que entendía que era lógico que se aprobara y el Congreso”, completó Di Tullio.