LALENGUA

BORGES Y EL SUR QUE ERA SUYO

En conversación con Lalengua, los directores del Centro Borges de la Biblioteca Nacional, Germán Álvarez y Laura Rosato, hablaron sobre la recuperación del edificio histórico de la calle México en el que Borges trabajó y vivió como director de la Biblioteca, que había sido iniciado en 2015 y luego abandonado por el gobierno de Cambiemos. Además, contaron cómo recuperaron los libros olvidados de la biblioteca personal del escritor, hablaron sobre sus viajes por las provincias y los pueblos en los que Borges dio conferencias y explicaron cómo se imaginan que funcionará el anexo sur de la BN, en el barrio más querido por Borges: el Barrio Sur.

Por:  Juan Funes y Ariadna Dacil Lanza  |  Foto: Melisa Molina y gentileza de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

El espacio más emblemático de Jorge Luis Borges en Buenos Aires, está abandonado. El escritor argentino insigne encontró su Biblioteca de Babel en Monserrat, en la calle México 564, cuando fue nombrado director de la Biblioteca Nacional por la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, en 1955, hasta el triunfo del peronismo en 1973. El Barrio Sur, como él lo llamaba, según el nombre primitivo, “tiene la presencia aurática de ese edificio de Borges”, recuerda Germán Álvarez. “Imaginate que estuvo ahí 18 años, hizo de ese edificio un lugar mitológico, porque era el edificio que él habitaba. Para Borges era el laberinto del Minotauro, era Asterión ahí adentro, era el bibliotecario ciego que habitó ese espacio”, dice Germán, sin ocultar la fascinación que tiene por el viejo edificio neoclásico, fundado en 1901 como Biblioteca, en el que trabaja todos los días. “Hay una deuda del Estado con Borges”, dice Laura. “No hay una Cátedra Borges y la biblioteca que lo tuvo como director. Hasta que con Germán encaramos esta reivindicación, la Biblioteca no se había puesto como propósito reunir la mayor cantidad de material documental y original de Borges”, agrega.  

Las paradojas de la historia quisieron que fuera un gobierno peronista, gracias al impulso de Horacio González como director de la Biblioteca, el que creara el Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges (conocido como Centro Borges), y pusiera en marcha el proceso de recuperación del edificio en 2015, y que un gobierno que se arrogara el nombre de Borges, como el de Cambiemos –que hasta emplazó una frase suya en el Centro Cultural Kirchner: “Nadie es la patria, pero todos lo somos”–, abandonara el proyecto, y, por ende, el edificio. Como “a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”, fue un nuevo gobierno peronista, esta vez con Juan Sasturain a la cabeza de la Biblioteca, el que retomó la restauración. Junto con el ministro de Cultura, Tristán Bauer, y su par de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, empezaron a trabajar en enero para retomar las obras. “Nosotros reivindicamos saludablemente la pertenencia de ese espacio para la BN, que es el anexo Sur de la vieja biblioteca. Todo el patrimonio borgeano está ahí. Eso es una asignatura pendiente, pero ya está en vías de concreción. Ese va a ser el lugar de Borges en Buenos Aires”, dijo a Lalengua Sasturain. Más allá de los vaivenes de la política, la obstinación de Germán y Laura fue y es el núcleo del proyecto. Los directores del Centro Borges se encargan de mantener viva la memoria del escritor argentino desde el trabajo sobre sus libros perdidos, la lucha por recuperar el edificio y la tarea de seguir la huella invisible que dejó el escritor en su recorrido por las provincias como conferencista. 

Las ruinas circulares

Los autores de Borges, libros y lecturas, recolectaron durante años anotaciones en los libros que Borges dejó en la Biblioteca y que en su mayoría permanecían olvidados, en sus ratos libres como empleados de la Biblioteca. Luego de reunir casi mil libros que pertenecieron a la biblioteca personal del escritor, analizaron para la primera edición 490 de esos libros encontrados. “Ahí empezó una segunda fase del trabajo que fue la hermenéutica de las notas que no son tan reveladoras porque no es autor que esté dialogando con el texto, no son las típicas impresiones personales del lector, del marginalista, sino que tenía un modo muy austero de anotar y de apropiarse de las lecturas y esas notas son la forma gráfica que toman esos procesos mentales, y se percibía que había algo. Eso nos costó bastante porque se trata de penetrar en un sistema muy privado, muy íntimo», cuenta Laura quien lleva 32 años trabajando en la institución. Conoció a Germán, que trabaja en la Biblioteca hace 23 años, en 2002, y entonces comenzaron juntos la tarea titánica y silenciosa, marcada por la paciencia que reclaman los archivos. 

“Cuando llegué me impactó mucho el edificio de la calle México, nunca había visto esa cantidad de libros. Trabajé 20 años en la Sala del Tesoro, donde había más de 35 mil volúmenes”, cuenta Laura su cotidianeidad como si trabajar en un lugar llamado la Sala del Tesoro fuera algo habitual y que todos supieran de qué se trata.Allí están todos los manuscritos originales de autor, antiguos -el más antiguo es del año 1350- o modernos; los incunables que son los primeros libros impresos en lo que se llama la cuna de la imprenta entre el 1459 al 1 de enero del 1500; la sala del Siglo XVII y XVIII; y todo lo que sean primeras ediciones del S. XIX y XX y una cantidad de libros anotados, dedicados, ediciones de bibliófilos, numeradas o fuera de comercio. Que estén allí implica que solo pueden acceder investigadores”, se explaya.

Germán y Laura. Foto: Gentileza de la BN

La lectura es quizás de los actos intelectuales más íntimos y las anotaciones en el margen de un texto pueden ser una huella indicial de ese vínculo que en general transcurre silencioso. “Todo nuestro trabajo era leer en el hombro de Borges. Es un privilegio muy grande porque tenes que tratar de reproducir el proceso mental que no es lo que él lee -eso lo puede hacer cualquier lector de Borges-  sino leer como él lee, te tenes que poner en el punto de vista difícil, muy de puntitas de pié y poder decir es esto lo que está señalando’”, explica Laura quien además cuenta que empezaron a identificar “cuando hacía una anotación más ligada a su vida personal, o cuando hacía simplemente una lectura extractiva para escribir, o cuando estaba leyendo para algún articulo”, pero también identifican el “el quiebre” en una escritura que califica de pudorosa, mínima, y que era “casi un índice del texto que estaba leyendo, porque nunca anotaba nada de su elaboración, simplemente transcribía parte del texto y número de página, o la relación mental que hacía con algo, si le traía un recuerdo de otra lectura escribe confrontar con, vease; cómo luego cuando pierde la capacidad de leer por sí mismo, cambia”. Las anotaciones están en mano de su madre y según Laura hay un trabajo “más de elaboración” de lo que están leyendo.

En 2017 publicaron la última edición ampliada y corregida del libro. Pero desde hace mucho tiempo tomaron otro compromiso, que para ellos es una prioridad: ya no recuperar los libros perdidos de Borges, sino también su biblioteca (que es la biblioteca de todos y de todas). “Para Laura y para mí es un motivo personal la instalación final del Centro Borges, y la instalación final del Centro no era estar nosotros ahí trabajando, sino la apertura al público y la puesta en valor de ese edificio. Esa era y sigue siendo nuestra meta”, asegura Germán. En su momento,  se empezó a reunir gente alrededor del trabajo realizado por Laura y Germán y a generar una comunidad de investigadores: “Ahí tomamos conciencia de la ausencia que había de un ámbito público para la investigación dedicada a Jorge Luis Borges y que aportara material documental, porque hay reservorios con material documental pero son de coleccionistas privados. Entonces le propusimos al director de la BN que era Horacio González empezar a constituir, en principio, un programa dedicado a los fondos borgeanos y que finalmente esto terminó asociándose con el proyecto de recuperación del edificio de la calle México y derivó en el Centro Borges” dice Laura y que hoy tiene como objetivos adquirir documentos relacionados con JLB, y trabajar con proyectos de investigación propios o conveniados con otras instituciones para la investigación sobre esos materiales.

La inauguración del Anexo sur de la Biblioteca, a cargo de González, fue poco tiempo antes del cambio de gobierno. Su reemplazante al frente de la institución fue Alberto Manguel, un hombre de indiscutidos méritos académicos, reconocido borgeano, pero que hacía 30 años no vivía en el país. Según Germán y Laura, sus intenciones para el Centro Borges eran buenas: “tuvimos buena relación con él. Era un hombre que estaba cargado de buenas intenciones, pero hacía 30 años que no vivía en el país. Pensaba que esto era otra cosa. Tuvo mucha buena voluntad, él quería hacer lo mejor con ese edificio”, aclara Germán. Pero Manguel no encontró respuestas desde el Ministerio de Cultura. Pablo Avelluto, primero ministro de esa cartera y luego secretario cuando el gobierno le bajó de categoría, prometió desde el inicio unos 30 millones de pesos para continuar las obras. La restauración ya estaba en marcha, con un trabajo delicado de recuperación del patrimonio. Esa plata nunca llegó y el personal que estaba trabajando en el edificio dejó de hacerlo. 

“Lo único que pudimos hacer durante el gobierno anterior, que no es menor, gracias a Manguel que entendía las cosas, fue comprar la biblioteca de Bioy Casares y Silvina Ocampo. Se compró. Era una biblioteca que estaba acá un poco en depósito, un poco abandonada, porque estaba con un peso judicial sobre ella”, cuenta Germán. Lo lograron, aclara, gracias a la misma campaña que mantienen para recuperar el edificio. Tras la renuncia de Manguel, a principios de julio de 2018, “el edificio cayó en la nada”, resalta Germán. Asumió como directora Elsa Barber, quien no acompañó el reclamo por retomar la restauración de la Biblioteca. “La pasamos muy mal los últimos dos años. El edificio cerró”.

 

Pablo Avelluto, primero ministro de esa cartera y luego secretario cuando el gobierno le bajó de categoría, prometió desde el inicio unos 30 millones de pesos para continuar las obras. La restauración ya estaba en marcha, con un trabajo delicado de recuperación del patrimonio. Esa plata nunca llegó y el personal que estaba trabajando en el edificio dejó de hacerlo. 

“La pasamos muy mal los últimos dos años. El edificio cerró”.

Germán Álvarez
Codirector del Centro Borges

Al ver que el gobierno no estaba dispuesto a invertir en su proyecto, los directores del Centro Borges se acercaron, por medio de Alejandro Vaccaro –biógrafo y dueño de la segunda colección de Borges más grande en Argentina–, al empresario Alejandro Roemmers. “Vaccaro nos había dicho que Roemmers le iba a comprar su colección, que luego iba a ser donada, y él quería que Roemmers pusiera dinero en el edificio para poner las salas Roemmers con su gran colección ahí y que sean del Centro Borges”, cuenta Germán. La gestión necesitaba un fuerte respaldo de las autoridades de la biblioteca y de las autoridades del gobierno de Cambiemos, que nunca existió. 

“Nadie es la patria, pero todos lo somos”

Promediando los años cincuenta, Borges empezó a dar conferencias por todo el país por necesidades económicas. Rescatar esa parte de “la obra visible de Borges”, como categoriza Germán, también es una tarea a la que se abocaron los investigadores. El proyecto Borges: itinerarios 1949-1952 fue ideado desde la BN a partir de una bitácora de esas conferencias que Borges ofreció entre el ´49 y el ´52 en distintos puntos del territorio nacional. Laura cuenta que el autor anotó en la portada de una biografía de Arthur Schopenhauer cada uno de los lugares en los que habló y en base a ese descubrimiento armaron una exposición itinerante: “Fue uno de los proyectos más lindos que nos tocó. Viajabamos con la camioneta de la Biblioteca y uno no se da cuenta del monstruo, simbólicamente, qué siginifica Buenos Aires hasta que uno va a estos lugares y ve lo que es que llegue la Biblioteca Nacional -cuenta mientras dice que está muy poco emotiva-, que no es cualquier cosa. Uno de los lugares que más me gustó ir fue Resistencia donde encontramos no solamente un montón de lectores de Borges, sino que también tenían sus propias interpretaciones y que querían hablar de eso, algo que por ahí en otras ciudades uno no encuentra. Ahí decís acá hay un hambre de que esto llegue y no estamos llegando‘”.

La BN se ha puesto como objetivo estratégico federalizarse desde la gestión de Horacio Gonzáles no solo a través de la biblioteca digital sino también de los contenidos de la producción cultural -como programas de televisión, conferencias programas de radio- a través de las plataforma digitales. “En la gestión de Manguel con muchísimo menos recurso se continuó con esa preocupación, y me parece que ahora también. Creo que el gran desafío es quebrar con esto de que sea sólo digitial, por esto que hablamos del aura, por la llegada real de algo”, desea Laura.

Una cifra del Sur (del Sur que era suyo)

“Yo puedo leer El libro de arena en la escalera en donde sucede el relato. Es maravilloso”, señala Germán. Entrar en el edificio semi abandonado de la calle México es como entrar en un sueño. El cuerpo principal de la nave, la sala circular de lectura, está enmarcada por anaqueles vacíos que llegan hasta la base de la cúpula. Borges, ya ciego, recorría los estantes y conocía de memoria la ubicación de los libros. Al primer piso se accede por una escalera curva, de mármol. En ese nivel se encuentra el que era el estudio de Borges y la sala de conferencias, un salón amplio revestido con un empapelado de tela verde musgo, un hogar a leña con la insignia de la biblioteca y un enorme reloj de pie desde el cual se sincronizan todos los relojes del edificio. La habitación de Borges –que pidió habitar aunque para 1955 los directores de la biblioteca ya no lo hacían, como lo había hecho el primer director de la Biblioteca en 1885, Paul Groussac– está en el segundo piso. 

“El único lugar en el que está el aura de Borges es en el antiguo edificio de la Biblioteca. Recuperar ese espacio que es una deuda con Borges casi diría del territorio porque no hay en Buenos Aires un lugar para él. Está la Fundación Internacional Jorge Luis Borges que es la casa de al lado de donde estaba Borges porque esa casa está ocupada; el departamento de la calle Maipú también está ocupado y es privado; la casa de Palermo la tiraron abajo hace muchos años”, cuenta Laura y agrega además cómo el edificio de México está ligado a su ficción: “Utopía de un hombre que está cansado transcurren en ese espacio. Nos parece que es inadmisible que el edificio esté en este estado en que se encuentra”.

La Biblioteca se trasladó a la sede actual, en Agüero y avenida Las Heras, en donde era la antigua residencia presidencial que fue bombardeada por la Libertadora, en 1992. “Es una locura que en su momento la Biblioteca Nacional haya perdido su edificio histórico. Ninguna biblioteca en el mundo abandona ningún edificio anterior. La biblioteca de Francia tiene cuatro edificios, de distintos siglos, uno más moderno que el otro, por supuesto, pero los tiene los cuatro, no los abandona. Tendría que haberlo mantenido y destinar en sus instalaciones parte de su colección”, sostiene Germán.

“El único lugar en el que está el aura de Borges es en el antiguo edificio de la Biblioteca. Recuperar ese espacio que es una deuda con Borges casi diría del territorio porque no hay en Buenos Aires un lugar para él. 

Laura Rosato
Codirectora del Centro Borges

El proyecto impulsado por Bauer implica la recuperación de todo el edificio. Durante el gobierno anterior, el grupo que había empezado a trabajar del Ministerio de Infraestrcutura y de Edificios Históricos, aunque no pudo seguir trabajando porque no tenía recursos, dejó listo el pliego. “Como la Biblioteca es un edificio histórico, ese grupo hizo un plan integral. Nos seguimos moviendo para que, a pesar de que las obras estaban frenadas, se pudiera hacer el proyecto”, destaca Germán. Fue ese el proyecto que le entregaron a Katopodis y a Bauer, que el 2 de enero visitó el edificio. Bauer se movió rápido, aceptó la propuesta, se comprometió y puso el proyecto en marcha.

El objetivo final de recuperar el edificio es “devolverle una vitalidad”, explica Germán. “No solamente que sea el monumento a Borges, sino que esté vivo. Que vuelva la Biblioteca con parte de sus materiales, que se integre al barrio, que haya una parte de una lectura informal y otra muy especializada para la lectura de Borges”, afirma. Lo que buscan es devolverle algo al Barrio Sur, generar un espacio para que la gente “pueda entrar, leer, tener esparcimiento, tener cultura, tener talleres, todo en cuanto a las funciones de la Biblioteca Nacional. Va a ser el Centro Borges, pero, recordemos, el Centro Borges es una de las partes de la Biblioteca, es una extensión de la Biblioteca Nacional”, agrega. 

Se trata, también, de devolver a Borges al sur. Como dijo el escritor en una de sus conversaciones con Osvaldo Ferrari, “puedo estar en Japón, puedo estar en Edimburgo, puedo estar en Texas, puedo estar en Venecia, pero de noche, cuando sueño, estoy siempre en Buenos Aires y en el Barrio Sur”.

Foto: gentileza de la BN