LALENGUA

ABORTAR EL MANDATO PARA GESTAR EL DESEO

No fueron nueve meses, sino nueve veces las que se presentaron proyectos de ley que buscan legalizar la Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso Nacional. La media sanción que dieron los diputados el jueves 10 de diciembre es un paso más hacia lo que se espera sea el nacimiento de una nueva legislación que garantice no solo la integridad de los cuerpos gestantes, sino también el deseo de maternar o no en la Argentina. Lalengua estuvo en la calle en lo que fue una vigilia de más de veinte horas.

Por: Malena Costamagna Demare y Martina Solari Arena  |  Foto: Martina Solari Arena

El jueves 10 de diciembre amaneció con el Congreso de la Nación vestido de verde. Mujeres, lesbianas, trans, travestís e identidades no binaries, ocupaban las calles que rodeaban al palacio. Sobre avenida Callao, junto a puestos de glitter, emprendedoras vendían medias y tangas “aborteras”, tapabocas verdes y libros feminista. Las pantallas gigantes estaban apostadas una por cuadra, indicando el camino al lugar de la votación y transmitían lo que estaba sucediendo dentro del recinto. También había escenarios con bandas y DJs, puestos de hidratación para hacer frente a una jornada calurosa que promedió los 30 grados, otros de la Defensoría del Pueblo y de la brigada de Defensa civil que cuidaban a la marea que desde las primeras horas de la tarde iría subiendo cada vez más.

Mientras que afuera las primeras parrillas preparaban choris y bondiolas, y circulaba como el menú alternativo de hamburguesas vegetarianas y veganas, puertas adentro, a las once quince de la mañana, las diputadas y diputados comenzaban el debate del proyecto de ley para la legalización del aborto.

Del otro lado de la valla que dividía la Plaza Congreso, estaban los sectores “celestes” -autodenominados pro-vida y antiderecho para otros-, con menos presencia que del “lado verde”, llevaban muñecos de  bebés crucificados y rosarios en las manos. 

Frente al Congreso una mujer lleva en sus hombros a un niño que sostiene un cartel que parece hecho por él: “La maternidad será deseada o no será”. Se llama Santiago y tiene cuatro años, a su lado están sus hermanos; Cristóbal de seis e Ignacio de once.

– «Es el segundo año en el que venimos todos. Los traigo para mostrarles todo lo que no les enseñó su papá. Estar presentes, ser compañeros, en cualquier decisión que tome la mujer”, dice Jacinta de 36 años. Es madre soltera y trabaja en un templo judío en el barrio de Barracas donde dice que la «bancan muchísimo». Dice que no es religiosa y que tampoco les inculcó la religión a sus hijos: “creemos en Dios, a nuestra manera”.

Su hijo más grande, Ignacio, mira a su mamá y murmulla:

– «Para mí esta marcha está bien. Me parece muy lindo que tengamos igualdad entre los hombres y las mujeres”. 

Un hombre parado en plena esquina de Rivadavia y Callao, entrega barbijos gratis y pone alcohol en las manos de cualquiera que se lo pida.

El sol estaba alto en el cielo. A las cuatro de la tarde, la marcha ya era multitudinaria. Avanzando en dirección a Casa Rosada, sobre Rivadavia, cantaban “vamos todas a las calles, que el aborto sea legal en todas partes” y la Garganta Poderosa entonaba su clásico “alerta, alerta, alerta que caminan, las mujeres feministas por América Latina”. Tres mujeres corean al ritmo de esos cánticos, mientras que sus vecinas, juegan con una pelota a los pases formando un triángulo en el medio de la calle. Están en la esquina de Rodríguez Peña, debajo de donde cuelga un pasacalles que indica en letras violetas y verdes “Coordinación sin fronteras de fútbol feminista”. Un espacio que nació en el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) realizado en Trelew, Chubut en 2018, de las conclusiones de un taller que se llamó “Mujeres y Fútbol”, y que en la actualidad coordina equipos de mujeres y disidencias a nivel nacional e internacional. 

Una la frena y dice: 

– “La Coordi nace como disputa política en clave feminista desde el fútbol, por el deseo a jugar, pelear el territorio y abrirse lugar en la cancha”. Quien habla es Daniela, tiene 36 años y empezó a jugar al fútbol en “Picadito Evita Capitana”, un espacio que conoció en el mismo ENM de Trelew. Tiene puesto el casi reglamentario barbijo verde, el pelo rapado al ras y una remera violeta con las siglas de su equipo. Le hace un pase a su compañera Luti, y ella comenta: 

– “Me sumé a la Coordinación principalmente por ser una mujer muy futbolera en un mundo en el que no está muy permitido estar si no sos un varón”. Luti tiene el mismo barbijo y aunque sea fanática de River, hoy tiene puesta una remera blanca con el pañuelo de las abuelas arriba del corazón.

A los pases se suma Yesica junto a sus dos hijos, Guillermina de ocho años y Tomás de seis. 

-¡Bien hecho mamá!, grita el nene descamisado. 

Su mamá es trabajadora social y viven en Parque Patricios.

– «Me siento bien acá”, dice Tomás mientras le hace un pase a su hermana. 

 

Al costado del picadito, un grupo de mujeres arengan y danzan en círculos junto a sus cajas chayeras o bagualera, hecho de membranas de piel tensada a ambos lados de una caja de madera hechas a mano por ellas mismas. Estaban vestidas de brujas, con sombreros puntiagudos envueltos en pañuelos verdes,  recitaban a los gritos su poesía .  

– “Cantar coplas es nuestro grito de lucha, nuestra protesta”, dice Delia quien está acompañada por su amiga Berta, ambas son inmigrantes bolivianas llegadas a la Argentina en el 2001. Se hacen llamar las “Brujitas Copleras”.  

– «Es como si cantaran las ancestras. Arde”, dice otra de las integrantes. 

Son 7, y son de la Asamblea de Mujeres de la Federación de Organizaciones de Base (FOB) Autónoma del barrio de Lugano. 

– «La copla es popular, no hay derechos de autor. Nosotras las modificamos y cada una dentro de la organización pone su palabra. Decimos lo que realmente queremos decir, lo pícaro”, comentan. 

Alguna se acordaba que en la casa de su infancia había una caja que no podían tocar porque solo podía hacerlo el papá. 

-“Cuando llegué aquí yo era sumisa, no me sabía desenvolver. Después entramos en la Asamblea de Mujeres y se destapó la olla”, dice una de las brujitas.

 

Los 35 grados pesaban sobre las nucas y calentaban el cemento debajo de los pies.  Algunes se refugiaban en unas pocas sombras que proyectaban los edificios sobre la calle, otres debajo de las lonas de los puestos de las agrupaciones. “Cerveza, cerveza fría a 100 pesos”, se escuchaba continuamente de hombres que vienen y van, con una caja de tergopol con bebidas al hombro.

Se formaban rondas y grupos en la calle semejantes a los camalotes sobre el bañado de un estero pero en lugares de estar inmóviles sobre aguas calmas, reían y bailaban mientras tomaban birras, agua, o cualquier cosa que ayudara a calmar la sed. La vegetación que rodeaba a los grupos eran carteles que gritaban frases como “No nos callan más” o “Si en tu útero manda Dios, en el mío mando yo”.

Casi a las siete de la tarde, en la esquina de Perón, el sol se iba y la fiesta se encendía. Escenario, mujeres al micrófono, música, baile, palmas, axilas y frentes que gotean de deseo y alegría . «¿Por qué, si es su rock’n roll?» de los Redondos musicalizaba la marea. El aire pesado, se sostenía por alegría y emoción. Se iba haciendo de noche, pero  las parejas de pibas bailaban, el grupo de amigas del Movimiento Evita cantaba, y los pogos disparatados, ocupaban la calle. 

La noche había caído pero la vigilia, los cantos y el sonido de los tambores, seguían con la misma energía. Muchas comían sentadas frente a las pantallas, haciendo gestos de repudio o aliento, escuchando los discursos de lxs legisladorxs que oscilaban de un extremo a otro: «Me resulta violento que manden este proyecto de ley y generen una nueva grieta” comentaba David Pablo Schlereth diputado del PRO por Neuquén, a las a las ocho y cuarenta. «Como decía Favaloro: con el aborto legal no habrá más o menos abortos, sino menos mujeres muertas. El resto es educar, no legislar”, declaraba Ximena García de la UCR de Santa Fe.

Joaquín es de la Franja Morada, está escuchando en soledad frente a una de las pantallas: “Vine para representar a las compañeras que no pudieron llegar porque son del interior. Entiendo que los hombres tenemos un rol secundario”. Las mujeres y disidencias, entonaban con más fuerza “Abajo el patriarcado se va a caer, arriba el feminismo que va a vencer”. Cerca de la medianoche, la fiesta seguía. La cumbia arrasaba la esquina de Perón y Callao.

“Cuando llegué aquí yo era sumisa, no me sabía desenvolver. Después entramos en la Asamblea de Mujeres y se destapó la olla”, dice una de las brujitas.

Brujita coplera
Asamblea de Mujeres - FOB Autónoma

“Me sumé a la Coordinación principalmente por ser una mujer muy futbolera en un mundo en el que no está muy permitido estar si no sos un varón”

Luty
Coordinación sin fronteras de fútbol feminista

La vigilia seguiría un par de horas más, hasta que a las siete de la mañana del viernes 11. “Por Secretaría se dará lectura del resultado”, dijo el presidente de la Cámara baja, Sergio Massa. Con “131 votos afirmativos, 117 negativos, 6 abstenciones” el proyecto de ley para la Interrupción Voluntaria del Embarazo tuvo media sanción. Afuera del Congreso se escucharon gritos y cantos frente al mismo veredicto que en el 2018, pero también había cierta sensación de que al partido aún le quedan otros 60 minutos, en los que habrá que transpirar la camiseta para definir el próximo 29 de diciembre en el Senado.