LALENGUA

CONSTRUIR UNA ÉTICA FRENTE AL ABISMO

En diálogo con Lalengua, el filósofo e investigador Sebastián Chun habló sobre el vínculo entre la filosofía y la docencia, la investigación y la importancia de que el filósofo esté involucrado en discusiones políticas, sin caer en un relativismo absoluto. Desde una perspectiva “post nietzscheana”, “el desafío que tiene esta filosofía es cómo construir una ética y una política a pesar de reconocer el abismo: que no hay verdad y que no hay fundamento. Ahí está la complejidad”, opinó. 

Por Matias Luchetta, Pilar Molina y Emiliano Benito Montelongo| Fotos: Rita Martigone

La entrevista que Lalengua tuvo con el filósofo Sebastián Chun fue un constante ir y venir entre su cotidianeidad y las complejidades que la atraviesan. Filosofía, política, pedagogía, psicoanálisis, didáctica, investigación, economía y el atrevimiento por problematizar cada uno de estos ámbitos. Encontrar potencias en las cerradas manifestaciones de lo dado: de eso se trata una propuesta práctica de la filosofía. “Dios ha muerto, por lo tanto no todo está permitido. Tenemos que hacernos cargo de nuestros enunciados y de qué punto de anclaje encontramos para discernir o privilegiar un enunciado por sobre otro.”, reflexionó Chun durante la conversación.

-¿Es posible articular una enseñanza y transmisión de la filosofía sin aplastar el pensamiento crítico?

Es muy problemático. En mi trayecto como docente me vi de algún modo dando mis primeros pasos en una pedagogía que se suele llamar constructivista: es decir, la idea de dejar mucho espacio abierto para ver qué surge del lado del alumno y de la alumna. Si bien reivindico esta perspectiva, el propio devenir de esta apuesta me llevó a asumir el rol de un docente clásico, tradicional, dando clases magistrales, invitando a leer textos de las fuentes primarias: leer a Platón, a Descartes, a Nietzsche… En un momento se me generó una contradicción entre cómo aportar al pensamiento crítico si a la vez se mantienen esas clases magistrales con su monopolio de la palabra. Lo que me di cuenta, es que la apuesta es ir a contrapelo del dominio de la tele-tecnología y del mundo virtual. Al darles a leer un texto de Platón –que siempre es un pdf que termina en la pantalla de un celular y nunca es un libro- había como un acto de resistencia en ello: generar un pensamiento crítico a la hora de leer algo que no se entiende. Allí hay una apuesta acerca de despertar cierto problema al encontrarse con una dificultad. Porque todo el mundo dice «hoy los alumnos y alumnas no leen».Y no, ellos están todo el tiempo leyendo, lo que pasa es que leen mensajes de Whatsapp, posteos en redes sociales, etc. Y a la hora de presentarles un texto que es opaco, oscuro y que plantea cierta dificultad, ya ahí hay una potencia que aparece. Por otro lado, en estas clases que se volvieron magistrales, se dan momentos en que estamos todos pensando un problema común. Trato de que sientan los problemas a los que se enfrentaron los filósofos que vamos viendo, que de algún modo son nuestros propios problemas también. Platón planteaba lo que hoy podría pensarse como: «se acercan las elecciones y no sé a quién votar, ¿cómo sé quién es el mejor candidato?». Eso se transmite: que el filósofo es alguien que plantea los problemas que hay detrás de lo que aparece y no alguien que tenía tiempo libre y se puso a pensar sobre cualquier cosa.

-¿Qué potencias o usos encontrás en la filosofía de Nietzsche a la hora de desarrollar un pensamiento crítico?

Como investigador me dedico a la filosofía de Derrida y en particular me interesa la gran herencia nietzscheana en su pensamiento. Lo que heredamos todos los que nos dedicamos a esto que se llama “filosofía continental”, o directamente “filosofía post nietzscheana” -que mete en la bolsa a su vez al post estructuralismo-, parte de la sentencia “¡Dios ha muerto!”. Y “¡Dios ha muerto!” es: no hay arché, no hay fundamento, no hay presencia, no hay verdad absoluta, universal, eterna y única. Eso, inmediatamente –si vamos de la crítica de Platón a los sofistas- deriva en una crítica de caer en un relativismo absoluto. Como si dijéramos: «entonces, si no hay verdad, todo da lo mismo»; es lo mismo afirmar que los desaparecidos son 30 mil que decir que son 8 mil y que la gran mayoría está en Europa. Todos los discursos estarían en un mismo nivel o plano, y como lo que hay abajo es abismo, bueno, vemos qué elegimos, o dejamos que el poderoso imponga su verdad sobre otra. Me parece que la propuesta nietzscheana es la contraria: Dios ha muerto, por lo tanto, no todo está permitido. Tenemos que hacernos cargo de nuestros enunciados y de qué punto de anclaje encontramos para discernir o privilegiar un enunciado por sobre otro. Nietzsche lo que hace es tomar las ficciones útiles, aquellas ficciones que le permiten potenciar la vida. ¿Qué es potenciar la vida?Potenciar la capacidad de interpretar, de leer, de lanzar perspectivas sobre lo que llamamos “la realidad”. Todo el tiempo va a estar alentando a que interpretemos, leamos y seleccionemos sobre eso que llamamos lo real. Leer a Nietzsche es asumir que hay una tarea para el hogar. Ese es el punto que le va a permitir forjar eso que son sus ficciones útiles, pero es el punto que también le va a servir para privilegiar una filosofía por sobre la otra. Si hay un enunciado que cierra – ¿y qué quiere decir que cierre? que se convierta en un dogma, que haya una verdad- Nietzsche propone socavar sus cimientos, poner todo el tiempo en crisis las presuntas verdades.

-Interpretar no sería entonces simplemente dar una opinión sobre un tema.

Claro que no. Interpretar es construir una ficción que tenga la capacidad de autosustentarse sobre el abismo, que tenga la capacidad de señalar sus propios criterios a la hora de pensar por qué una interpretación es más válida que la otra. Es lo que hace Nietzsche: ¿por qué mi filosofía es más verdadera que la de Platón? Porque mi filosofía tiene la capacidad de explicitar que es una ficción y al mismo tiempo tiene la capacidad de abrir y potenciar más interpretaciones. Hay un capítulo de Así habló Zaratustra, “De la virtud que hace regalos”, que dice algo así como: «¿Ustedes me quieren seguir? Entonces no me sigan», porque no hay nada para seguir sino esa puesta en crisis constante de todo supuesto fundamento. Esa es la gran herencia que encontramos en Foucault, en Derrida, incluso en Deleuze.

“Dios ha muerto, por lo tanto no todo está permitido. Tenemos  que hacernos cargo de nuestros enunciados y de qué punto de anclaje encontramos para discernir o privilegiar un enunciado por sobre el otro”

Sebastián Chun
filósofo e investigador

El desafío que tiene esta filosofía es cómo construir una ética y una política a pesar de reconocer el abismo: que no hay verdad y que no hay fundamento. Ahí está la complejidad. Cómo desde acá erigir una ética cuando la única experiencia histórica que pudo apropiarse del nombre propio de Nietzsche fue el nacionalsocialismo. Entonces el desafío es preguntarse “¿cómo eso fue posible?” más allá de la manipulación de los textos que realizó la hermana; preguntarse qué hay en los textos de él que se prestaron a eso. Pero, por otro lado, qué deriva política se sigue de un pensamiento así, que en última instancia es un pensamiento híper crítico. La última entrevista que da en vida Derrida la titularon «Estoy en guerra conmigo mismo», y me parece que ese es el gesto nietzscheano, estar todo el tiempo auto-hétero-deconstruyéndose, que es poniendo en crisis nuestra propia identidad, lo que somos. Ahí hay algo que se abre, como una potencia.

-A partir del cambio de Gobierno, ¿existen cambios en la formulación de enunciados? ¿En qué afecta esto?

Estoy trabajando un autor que se llama (Maurizio) Lazzarato y el texto «La fábrica del hombre endeudado». Lo que hace allí es pensar las sociedades neoliberales contemporáneas. Él analiza lo que sucedió a partir de la crisis de las subprime en el 2003 y también la experiencia de Grecia. De algún modo, el liberalismo proponía este modelo del “emprendedor”, que es lo que impregnó en el discurso del gobierno anterior: la figura del “emprendedor de sí mismo”. Vos tenés que ser un inversor. Invertís en tu propia salud, tu propia educación y en tu propio trabajo. Al mismo tiempo, la idea del self-made-man, el “sí se puede”. Recae así sobre el individuo algo que antes eran derechos sociales; ahora te volvés monotributista, pagás tu prepaga para tener una salud privada, pagás la escuela privada y eso que era un derecho social se vuelve algo del orden de lo privado y lo individual a partir de este discurso del “emprendedor”. Esto es lo que encuentra Lazzarato como una de las estrategias del neoliberalismo para ganarle la batalla a la política de los Estados de bienestar keynesianos. Esta es la primer arma de las sociedades neoliberales.

La segunda, dice el autor, es que ante el fracaso del sueño americano y el fracaso, paradójico, del discurso del “emprendedor”–porque muy pocos alcanzan ese grado de inversión- se construye una nueva figura, que es la del deudor. Ante la crisis económica global, que implica a los Estados-Nación, se responsabiliza en cambio a ese individuo por el fracaso y por la crisis. Una deuda individual. Sos vos quien tiene una deuda. Eso también impregnó el discurso del gobierno anterior. Por un lado, la lógica del emprendedor y por el otro, esta idea de que “hace treinta años vivimos tirando manteca al techo y que creíamos que nos podíamos ir de vacaciones y comprarnos celulares, cambiar el auto…” Ahora, hay que pagar. Vos querías tener luz y pagar barato… eso generó una deuda que ahora hay que pagar. Vos la tenés que pagar. Toda esta figura del deudor le permite a Lazzarato –retomando lo que propone Nietzsche en Genealogía de la moral-, entender que la deuda es un mecanismo de poder, no es algo del orden de lo económico y lo financiero ¿Qué hace la deuda? Construye subjetividades: la subjetividad del deudor. Caracterizadas –yo lo vivo, tengo un crédito UVA, me veo muy afectado por eso y respondo a todos los ítems que señala Lazzarato- por estar pagando esa deuda al momento de contraerla. Lo que se está poniendo en juego es que la deuda no se paga a fin de mes cuando uno hace el depósito en el banco, sino que la deuda se paga en el momento de contraerla, porque lo que se compromete es la propia existencia en eso: pagas con tu futuro. Lo que hace la deuda es aniquilar el porvenir, hacer que tu futuro de acá a 30 años sea absolutamente previsible, una mera repetición de lo que hay: vas a gastar todos los meses parecido –o menos porque la deuda va creciendo, crece su cuota mensual-, y vas a comprometerte a llevar un control riguroso de tus gastos. Uno accede, por ejemplo, a un préstamo presentando una carpeta donde de algún modo estás diciendo lo previsible que sos hace dos o tres meses. De alguna manera lo que estás haciendo es pagando con tu tiempo, con tu sangre y con tu cuerpo esa deuda. Lo que hay ahí es una forma de gobierno de los cuerpos, controlando su tiempo por venir. A nadie se le va a ocurrir salir con un palo a romper todo, ¿por qué? porque somos deudores y eso configura un modo de subjetividad.

-El problema sería cómo salir de esa dinámica…

Lo que plantea Lazzarato es que no necesariamente hay que volver al Estado keynesiano, porque de algún modo fue parte de esta dinámica. Lo que hay que pensar es si tenemos la posibilidad de inventar lo nuevo. Para comenzar, poniendo en crisis ese lugar del deudor. Ya sería un paso no pagar más deudas. Hay que explicitar ese lugar de deudores y cómo opera ese mecanismo de poder y cómo configura subjetividades. Inventar, luego, otro modo de lo político. Por momentos lo que aparece es otra vez el discurso del proteccionismo: un Estado fuerte que asuma un rol protagónico. Pero Lazzarato dice que los Estados-Nación, hoy en día, son subalternos a la lógica financiera y que de algún modo “somos decididos” por el capital financiero. Entonces, por supuesto que hay un cambio de enunciados; de ninguna manera se me ocurre pensar que son todos lo mismo, jamás alentaría un voto en blanco en un supuesto ballotage ni mucho menos. Pero creo que hay que estar todo el tiempo en vigilancia y criticar todo lo que es una plataforma común que continúa y que va a continuar, y que tiene que ver con que lo que hoy gobierna el mundo es el capital financiero y que los Estados-Nación son subalternos a ese poder. Lo digo aun habiendo festejado en Plaza de Mayo este cambio de gobierno, pero pienso que todavía no es “lo distinto”. Tampoco sabemos si eso será, si es posible. No podemos vislumbrar qué sería lo nuevo, porque si ya pudiésemos anticiparlo, sería más de lo mismo. Hay que ver dónde está la posibilidad de invención.

-¿Hay un trabajo del neoliberalismo sobre las neurosis, un aprovechamiento a partir de la figura del deudor?

Mark Fisher, atravesado por la lectura de Deleuze y Guattari sobre el psicoanálisis, entiende que algunas patologías mentales son producto de este modo de producción particular capitalista. Él observa distintas patologías como TGD, TDAH, Trastornos del desarrollo, que ocurren en terciarios y escuelas de Inglaterra debido a causas económicas o factores de depresión social y que, sin embargo, se individualizan. Se pretende volver esa patología del orden de lo individual. Lo que creo interesante de la perspectiva anti psicoanalítica de Fisher y Deleuze, es entender que lo que hay en esas patologías es del orden de lo social y no algo intrínseco a la naturaleza humana. Es algo que el propio neoliberalismo produce.y lo que hace es invisibilizar u ocultarque son productos suyos históricos y contingentes. Ahí está la crítica de Deleuze y Guattari a cierta posición de algunos psicoanalistas que asumen frente a Freud una actitud de monaguillos, como si se enfrentaran a un dogma y una palabra revelada. Lo interesante es que lo que se propone pensar el psicoanálisis debe ser situado en un contexto histórico determinado.

-¿Puede estar la filosofía al servicio de un empoderamiento y de un cambio colectivo?

Yo creo que sí. La filosofía tiene para hacer un aporte fundamental, porque es un motor y una crítica deconstructiva que puede estar todo el tiempo siendo alentada. Lo principal que puede aportar es su capacidad de desestabilizar, poner en cuestión y en crisis dogmas. Para eso, personalmente, en las clases tomo a varios autores como Locke, Hobbes, Marx, sin descuidar cuestiones actuales como el feminismo.

-Sobre la actualidad del CONICET, como investigador, ¿cuál es el horizonte de la institución?

Yo egresé de la Universidad de Buenos Aires.Hice el profesorado, hice la licenciatura, tenía algunas horas docentes y pude entrar inmediatamente como becario doctoral, que es la primera etapa a la que uno accede en el CONICET. Es para desarrollar la tarea de investigación, que en nuestro país, para una disciplina como la mía, solo está en el CONICET, nadie más va a pagar para que lea a Derrida. En este punto reivindico y hay que reivindicar el rol del Estado, porque sino yo, por ejemplo, no leo a Derrida, no leo a Nietzsche y no estamos hablando acá porque estoy trabajando de otra cosa. Eso pasó hace nueve años.

“La deuda construye subjetividades: la subjetividad del deudor, caracterizada por estar pagando esa deuda al momento de contraerla. Lo que se está poniendo en juego es que la deuda no se paga a fin de mes cuando uno hace el depósito en el banco, sino que se paga en el momento de contraerla, porque lo que se compromete es la propia existencia: pagas con tu futuro”

Sebastián Chun
filósofo e investigador

El CONICET siempre fue y es una institución elitista, no entra cualquiera. Pero, a partir del primer gobierno kirchnerista eso que era muy cerrado y muy exclusivo se empezó a abrir (alguien con un promedio más bajo que el habitual podía llegar a acceder a una beca) ¿Qué paso con el gobierno de Macri? Se cerraron cada vez más las becas doctorales, y más aún el ingreso a carreras, donde ya ahí sos un laburante, un trabajador del CONICET, cuando antes eras becario y no estaba en relación de dependencia.Entonces, el cuello de botella existía pero era un poco más grande. Lo que hizo el gobierno macrista fue volverlo a cerrar al estilo de lo que era el CONICET en los 90’s, poquísimo acceso a las becas doctorales y más aún al ingreso a carreras. Anuló la figura del doble recomendado, que es el resultado de dos instancias de evaluación donde ambas te recomiendan y después quedas sujeto a la disponibilidad presupuestaria. Esa figura creaba la noción de que había mucha gente que estaba para entrar, pero que no lo hacía por cuestiones de presupuesto. El gobierno de Macri anuló esa figura para que no se sepa quién estaba para entrar y quién no. Creó un ranking, pero no se podía saber si se estaba para entrar a carrera.

-Instauraron, además de la deuda, la postergación y la incertidumbre como modo de vida. Estás a la espera…

Exactamente. Uno empieza a acostumbrarse a eso, a vivir en la incertidumbre todos los años… pero cuando se lo cuento a otros me preguntan “¿cómo vivís así?” y bueno, te acostumbras. Ni hablemos de quienes dependen de eso como sueldo único; yo tengo mi sueldo como docente, sino es muy difícil la situación para el investigador. Es una dinámica que casi te obliga a transitar el camino de la academia.Y te pones el traje del académico. Asumís cierto tipo de escritura para que te publiquen en papers…, a mí me pasó que intenté darle un poco de rienda suelta a la escritura y tratar de soltar un poco la mano y no ser algo muy aparatoso y académico, pero inmediatamente te lo rechazan, entonces es difícil. “¿Pero cómo no tienen conclusiones?”, te dicen. Y… no, en realidad no… estoy hablando de Nietzsche y la posibilidad de pensar una política en Nietzsche, ¡no tengo una conclusión! Volviendo a lo que charlamos al comienzo, eso hace difícil que uno no termine muy metido en el rol académico y el tema es que cuando uno está solo en eso, te vas escindiendo del aquí y ahora, eso es lo complicado.Hace que se vea al filósofo como aquel que está en la pura abstracción, sin compromiso con los hechos de la actualidad.

-¿Así creés que se pierde un poco la posibilidad de divulgación, útil para la construcción de un sujeto político?

Claro que sí, sino la filosofía no tiene sentido. Cuando le preguntan a Deleuze por la historia de la filosofía, él dice algo así: “¿Qué es hacer historia de la filosofía? es encontrar a qué problemas le quisieron dar respuesta los filósofos creando los conceptos que crearon”. Lo que había era un problema de la vida cotidiana que había que resolver. Platón quería ir a votar y no sabía a quién votar, entonces creó el concepto de idea, para tratar de resolver esa cuestión. Eso en la academia a veces se pierde o disuelve en esa nube de papers y comentaristas y textos.