LALENGUA

CRÓNICA DE UNA EXTRADICIÓN

En diálogo con Lalengua Ezequiel Rochistein, hijo de desaparecidos y responsable de la Dirección Nacional de Investigación Criminal, contó los detalles sobre la extradición de Gonzalo “El Chispa” Sánchez, el represor de la Esma que participó del operativo en el que asesinaron a Rodolfo Walsh, y se encontraba prófugo en Brasil desde al año 2000. 

Por Marcos Príncipi | Fotos: Gentileza Ministerio de Seguridad de la Nación

“Quédense tranquilos muchachos, yo ya me convertí. Soy pastor evangelico, ahora estoy con Jesús”, fue lo primero que dijo el represor Gonzalo “Chispa” Sánchez cuando fue sujetado por agentes de la Interpol ante la atenta mirada de Ezequiel Rochistein Tauro. Con los primeros pasos de Sánchez sobre suelo argentino -en Foz de Iguazú- concluían los 15 años que duró su huida y los 44 años de impunidad. Chispa Sánchez está acusado de haber cometido crímenes de lesa humanidad y de haber participado en los grupos de tareas de la Escuela Superior Mecánica de la Armada (ESMA) en la última dictadura cívico militar (1976-1983). Entre otras actuaciones, se cree que Sánchez participó del secuestro del escritor y periodista Rodolfo Walsh

Algunos sobrevivientes de la ESMA recuerdan que “Chispa” siempre andaba con Héctor Febres, alias “El Selva”, represor que murió envenenado en su celda en Tigre cuatro días antes de que le tocara declarar en el juicio oral ESMA -hasta hoy no se abandonó la hipótesis de que quizá fue silenciado para evitar que involucrara a otros represores y aportara información-. “Chispa era uno de los más jóvenes de la ESMA”, recordó el sobreviviente del ex centro clandestino Máximo Cargnelutti, en conversación con Lalengua. Por aquel entonces el represor rondaba los 25 años. 

“El Chispa era, como dicen ahora, un tipo fachero, elegante. Siempre andaba bronceado y bien vestido, con una camisa Polo bien planchada y arregladita”, describió Cargnelutti, quien aseguró haberlo visto en diferentes habitaciones del centro clandestino. “En mi segundo día en la Esma, cuando el ‘Pingüino’ Scheller me estaba interrogando, ‘El Selva’ entró a la sala a los gritos y empezó a cagarme a trompadas mientras yo estaba esposado. Detrás de él vino Chispa”, trajo al presente Cargnelutti. “Mientras ‘’El Selva’ me golpeaba, mi obsesión era no caerme al piso. Cada vez que me caía me volvía a levantar, eso terminó pareciendo una actitud de resistencia provocadora, pero en realidad lo que no quería era que me agarraran a las patadas. Cuando ‘El Selva’ terminó, Chispa empezó a arremangarse y me preguntó si quería pelear con él. Como yo le dije que no, los dos se fueron abrazados, riendo y tratándome de cagón”. Otros sobrevivientes también recuerdan a Sánchez como alguien a quien le gustaba presumir los métodos utilizados para la eliminación de los detenidos: desde incineraciones hasta vuelos de la muerte.

A principios del 2000 Sánchez se fugó a Brasil y desde ahí pudo eludir -en el 2005- la orden de captura pedida por el juez Sergio Torres, quien está a cargo de la instrucción de la megacausa ESMA. En 2013, ‘Chispa’ fue detenido en la ciudad de Angra dos Reis. A los tres años lo mandaron a cumplir arresto domiciliario y, al tiempo, le rechazaron el pedido de refugio político. En enero de 2019 Sánchez obtuvo circular roja de Interpol, una solicitud para localizar y detener a una personas para su extradición, porque lo fueron a buscar a su casa y había vuelto a escapar. 

El Hippie y la Araña de galpón

Ezequiel Rochistein nació entre octubre y noviembre de 1977 en la Esma. No está seguro pero cree que fue el primero de noviembre. Es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Rochistein. Graciela y Jorge se conocieron en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca. Él estudiaba economía y ella bioquímica. Militaron juntos en la Juventud Universitaria Peronista y luego en Montoneros. A Jorge le decían ‘El Hippie’, aunque para Cargnelutti, quien conoció a la pareja en aquellas épocas de militancia “transparente” en la primavera camporista, el apodo no se correspondía con su aspecto. “Jorge era muy elegante. Siempre estaba bien vestido y afeitado. Yo era más hippie que él”, recordó. A Graciela -agregó- sus familiares le decían “La gracie”, mientras que sus compañeros la bautizaron como “La Araña de Galpón”. “Un dia en su casa Graciela me contó por qué le decían así: porque era culona. Para mi era una exageración porque era una chica muy linda realmente, pero se ve que usaba los pantalones muy ajustados y le habían inventado ese apodo. Era un apodo imposible que perdure en el tiempo porque era demasiado largo, pero también imposible de olvidar. Yo era muy tímido y que una mujer me dijera que los demas decian culona fue casi como una violencia íntima. Me puse todo colorado”, dijo entre risas Cargnelutti.

Luego de un largo noviazgo se casaron el 30 de enero de 1976. Se mudaron al conurbano bonaerense luego de que la Triple A atentara contra sus vidas poniendo dos bombas en un kiosko de su propiedad. Siguieron militando en zona oeste en la “semiclandestinidad” y el 15 de mayo de 1977 fueron secuestrados en Hurlingham por un grupo de tareas de la dictadura militar. Graciela llevaba cuatro meses y medio de embarazo. Ambos fueron llevados a la Comisaría 3 de Castelar y luego a Mansión Seré, el centro clandestino que regenteaba la Fuerza Aérea. Posteriormente, ella fue llevada a la ESMA para que diera a luz a su hijo. “En la ESMA volví a ver a Graciela en el cuarto de las embarazadas y también, un día antes y otro después del parto, cuando le sacaron a Ezequiel; una cosa muy fuerte y muy emotiva para mi. A los pocos días ya se la llevaron definitivamente”.  

Al igual que su padre biológico, Ezequiel estudió economía durante algunos años, pero dejó la carrera en plena crisis del 2001 para dedicarse a la abogacía. Trabajó un tiempo para la Fuerza Aérea, a donde entró con ayuda de su apropiador, Juan Carlos Vázquez Sarmiento, un oficial que está prófugo desde el 2003, señalado por ser miembro de la Regional Buenos Aires de Inteligencia (RIBA). En 2001, mientras sufría por el avance de un cáncer, la madre apropiadora de Ezequiel le reveló que él no era su hijo biológico sin más detalle. Un año después, durante una indagatoria, el ex suboficial de la Fuerza Aérea detenido, Julio César Leston, dio detalles pormenorizados sobre el caso Tauro-Rochestein. Leston era muy allegado al apropiador de Ezequiel y de hecho iba a ser su padrino, algo que finalmente no sucedió. Con esa declaración la justicia comenzó la investigación. 

 

Ezequiel nunca imaginó que podría ser hijo de desaparecidos hasta que recibió el llamado de la jueza María Servini de Cubría. La magistrada le preguntó si quería hacerse un examen de sangre, a lo que Ezequiel se negó por miedo a que le pasara algo a su mamá adoptiva. Ante la negativa, el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que se expidió en contra de la extracción obligatoria, considerando que existían medidas alternativas para obtener muestras de ADN. Así fue como el juez Rodolfo Canicoba Corral ordenó la realización de un allanamiento para recoger objetos personales de Ezequiel. La adulteración de las muestras tomadas -Ezequiel ofreció prendas de un amigo en vez de las propias- hicieron imposible reconstruir su perfil genético y el juez adoptó como último recurso una requisa imprevista. Así fue como en la oficina de Canicoba Corral, Ezequiel se vio obligado a entregar su ropa. 

“Ese día me dejaron en bolas pero me sacaron una peso enorme de encima”, reconoció Ezequiel a Lalengua. Finalmente, en septiembre de 2010, el Banco Nacional de Datos Genéticos confirmó que se trataba del hijo de Graciela y Jorge. Como Ezequiel todavía trabajaba en la Fuerza Aérea, fue la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, quien lo llamó y le dio la noticia. “Como yo no tengo familia fui adoptando la propia. Las Abuelas de Plaza de Mayo son mis abuelas, los hijos de desaparecidos mis hermanos, y siempre digo que Nilda Garré fue una tía para mi por como me trató”. Ezequiel se convirtió así en el nieto recuperado número 102. 

Ese mismo año la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner separó lo que era el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos para crear una nueva cartera ministerial convocando a Garré como su primer funcionaria al mando. A su vez Garré convocó a Ezequiel para trabajar en su equipo, donde permaneció hasta los dos últimos años del gobierno de Cambiemos cuando se fue a la legislatura porteña junto a su “hermana” – por también ser hija de desaparecidos – Victoria Montenegro. A fines del año pasado, con la victoria del Frente de Todos, Ezequiel asumió como responsable de la Dirección Nacional de Investigación Criminal que depende ministerio que actualmente conduce Sabina Frederic.

 

Extradición y captura de un asesino  

El 17 de diciembre de 2001, pocos días antes de renunciar, el ex presidente Fernando De la Rúa firmó un decreto que rechazaba todos los pedidos de extradición formulados por tribunales extranjeros en causas de violaciones a derechos humanos cometidas en el país. No fue casualidad: de la Rúa tenía entre sus familiares políticos a los Pertiné, vinculados con la última dictadura. El 24 de de julio de 2003 el ex presidente Néstor Kirchner firmó la derogación del decreto de su antecesor por su carácter inconstitucional y volvió a permitir las extradiciones pero asegurando que la última palabra la tendría la justicia argentina. De esta manera, junto a la derogación de la obediencia debida, punto final e indulto, Argentina comenzó  a transitar el camino de la Memoria, la Verdad y justicia. 

El lunes 11 de mayo de 2020, Gonzalo “Chipa” Sánchez volvió a ser detenido por la Policía Federal brasileña en la ciudad de Paraty, en el sur del estado de Río de Janeiro. ‘Chispa’ contaba con una orden de captura del Supremo Tribunal Federal de Brasil para ser extraditado a Argentina. Casi en simultáneo la justicia del país vecino se contactó con Cancillería argentina para dar aviso y consultar si, dada la pandemia, estaban dadas las condiciones para realizar la extradición. De inmediato empezó el operativo. 

Este martes en una reunión para la puesta en marcha de los preparativos y con la presencia de representantes de Interpol, Cancillería y el Ministerio de Seguridad Ezequiel recibió la invitación para asistir a la misión.  “Me parecía una experiencia interesante ver cara a cara a un tipo de esta calaña. Un represor que tranquilamente pudo haber visto a mi vieja”, contó a Lalengua. El operativo tuvo lugar dos días después. 

La noche del miércoles a Ezequiel le costó conciliar el sueño; lo personal se mezclaba con lo profesional y político. “No sé si estaba más nervioso por el tema de que saliera todo bien o por encontrarme con esta persona. Estaba expectante. Uno tiene la responsabilidad de que salga según lo planeado y de que se pueda materializar la detención. Hasta que no se materializó el intercambio tenía la preocupación de que llegue a último momento alguna medida de la justicia brasileña que impida la extradición o que retrase todo”, recordó.

La jornada del jueves fue rápida pero intensa. Ezequiel partió a las siete de la mañana desde Buenos Aires con destino a Foz de Iguazú en un avión Twin Otter de la Policía Federal. Junto a él viajaron un subcomisario y dos suboficiales de la División de Investigación Federal de Fugitivos y Extradiciones, Departamento Interpol y el diplomático Gonzalo Urriolabeitia. A las 14.26 la comitiva argentina se encontró con la brasileña en el puente Tancredo Neves, que divide ambos países. Sánchez fue entregado. La policía le leyó sus derechos y lo desinfectó con alcohol en gel. Ezequiel observó todo el procedimiento, dejó que Interpol actuara. “No tuve intercambio, la verdad que ni me dio ganas de entablar conversación con esta persona. Lo que sí,  vi en Sánchez lo que se ve en ese tipo de personas. Después de matar, de secuestrar, de torturar, terminan convirtiéndose. En este caso decía que era pastor evangélico. Será su forma de procesar todos los vejámenes que hizo”, reflexionó. Para Ezequiel, sin embargo, “El Chispa” no estaba arrepentido. “Ojala se mostrara arrepentido y nos diga dónde están mis hermanos, dónde están mis viejos. Eso sería el arrepentimiento, si no eso es pura cháchara. Si tenés un verdadero arrepentimiento decí dónde están los compañeros desaparecidos. Hasta que este tipo de lacras digan donde están los compañeros y compañeras desaparecidas ese arrepentimiento es puro bla bla”, agregó.

Pasadas las cuatro de la tarde ya estaban todos preparados para emprender el viaje de vuelta. A las nueve Urriolabeitia le avisó al canciller Felipe Solá que el avión había aterrizado con éxito en el Aeropuerto de Ezeiza. Media hora más tarde, Sánchez ya se encontraba en la Superintendencia de Investigaciones Federales en Villa Lugano y Ezequiel volvía a su casa junto a su familia. “Volví emocionado de verlo partir a su celda y tranquilo de que pudimos cerrar todo el operativo de forma prolija y rápida. No siempre estas cosas, en estos casos, se terminan dando. Que los que torturaron y masacraron estén cumpliendo su condena como corresponde es una forma de sanar como pueblo. Cumpliendo las condenas efectivamente y no escudándose en su edad ni en sus enfermedades. Es importante desde lo simbólico porque un genocida con prisión domiciliaria no es justicia”, dijo Ezequiel.

El represor, de 69 años, quedará ahora a disposición del juez federal Canicoba Corral, el mismo que obligó a Ezequiel a entregar su ropa y que luego le restituyó formalmente su identidad. Una vez cumplidos los 14 días del aislamiento preventivo por el coronavirus “El Chispa” deberá responder por 900 delitos de lesa humanidad.