LALENGUA

"NO SOMOS HÉROES, SOMOS TRABAJADORES"

En un nuevo paro los trabajadores de plataformas reclaman protecciones básicas para su salud, un aumento salarial, y denuncian la muerte de dos compañeros que fueron atropellados. En conversación con Lalengua, algunos repartidores, y los abogados laboralistas Juan Pablo Chiesa y Juan Manuel Ottaviano, explicaron cuál es la situación en la que se encuentran los trabajadores de plataformas, considerados esenciales durante la cuarentena, pero sin derechos básicos.

Por:  Malena Costamagna Demare  |  Foto:  Sofía Solari

¿Qué cambió desde el primer paro de repartidores de plataformas del 22 de abril al paro de hoy? Nada. Las empresas como Rappi, Glovo, Pedidos Ya ignoraron los reclamos por mayor protección sanitaria ante la pandemia del coronavirus; el pedido de un aumento salarial del 100 por ciento en los pagos por envío que, contra toda inflación, es casi el mismo hace dos años (cerca de 60 pesos); el cese de despidos y la reincorporación de los trabajadores desvinculados. Desafortunadamente, el agregado de este nuevo paro es el pedido de justicia por la vida de Emma Joncka y Franco Almada, repartidores de 23 y 19 años que murieron en las últimas semanas mientras realizaban envíos. El promedio es de una muerte cada 15 o 20 días, según indicó a Lalengua el abogado laboralista Juan Pablo Chiesa. “No somos héroes sino trabajadores que reclaman derechos», se escuchó hace dos semanas en el primer Paro Internacional de Repartidores de plataformas virtuales, consigna que se repite en la segunda convocatoria, con fecha para hoy, pero esta vez sólo dentro de Argentina, impulsada por la Asamblea de Trabajadores de Reparto (ATR),con movilización al Ministerio de Trabajo de la Nación. Se desarrollará también en las ciudades de Mar del Plata, Corrientes, Neuquén, Rosario, Córdoba, Mendoza y Santa Fe.

¿Cuáles son las dificultades de organizar un paro para trabajadores que viven al día, con lo que cobran por reparto?; ¿quiénes son las personas que reparten alimentos – y todo tipo de objetos – a quienes sí pueden quedarse en sus casas?; ¿qué proyectos existen en el país para regular esta actividad y reivindicar a los “socios” como trabajadores con derechos? En diálogo con Lalengua, los repartidores contaron cómo es trabajar con la amenaza de la pandemia, y los abogados laboristas Chiesa y Juan Manuel Ottaviano – asesor de los trabajadores de la Asociación de Personal de Plataformas (APP) – explicaron cuáles son los dos proyectos de ley para la desprecarización de esta nueva modalidad de trabajo. 

Las dificultades de parar

José, repartidor de Glovo, migró a la Argentina hace dos años. Llegó de Venezuela con un título de administración de empresas bajo el brazo, pero solo pudo conseguir trabajo en un restaurant de comida china, hasta que decidió pasarse a Glovo. Todas las mañanas se conecta a la plataforma y organiza su día en función de los horarios disponibles y los pedidos que van llegando. Su salario, de unos 25 mil pesos, deriva de las veinte entregas diarias durante cinco días a la semana, con las tarifas impuestas y las comisiones que pueda sacar de ellas. 

El repartidor se queja muy poco, pero aceptó que sus condiciones laborales estaban precarizadas mucho antes de la llegada del coronavirus. Remarcó, además, que las medidas que tomó Glovo para proteger a sus riders no alcanzan: la entrega de un barbijo descartable, unos guantes y un pote de alcohol en gel cada 15 días. El kit higiénico no fue entregado a José, dado que los repartidores deben retirarlos en puntos geográficos puestos por la empresa, y muchas veces es difícil acceder. Respecto de las desventajas de este tipo de trabajos respondió que “no tenemos seguridad social porque como le llaman ellos, somos ‘socios’”.

“El sistema de trabajo no es otro que el de subordinación jurídica, técnica y económica que es lo que se utiliza comúnmente para calificar una relación de dependencia”

Juan Manuel Ottaviano
abogado laboralista y asesor de la Asociación de Personal de Plataformas (APP)

Declarados como trabajadores esenciales exentos del aislamiento social, repartidores y repartidoras protestaron el 22 de abril por la profundización que generó la pandemia a la precariedad laboral existente en las aplicaciones. Si bien la mayoría de los repartidores y repartidoras acuerda en el reclamo, tanto en la primera movilización como en esta hay dos posturas distintas: algunos -aunque muy pocos- paran y otros no, por no tener las espaldas para frenar la actividad por un día o por miedo a represalias.

José destacó que apoya los reclamos, pero en su caso debe priorizar su economía. “Si no reparto no cobro. Además, si el paro buscaba afectar a la empresa lo deberían haber convocado para un sábado o domingo, días de muchos pedidos. Los miércoles o viernes hay poco trabajo. La empresa no pierde demasiado”, remarcó.  En esta línea, Juan Manuel Ottaviano, abogado laboralista y asesor de los trabajadores de la Asociación de Personal de Plataformas (APP), explicó que la intención del paro nunca fue afectar a las plataformas: “Sabían que no iba a haber adhesión. Lo que querían era hacer un reclamo reivindicativo poniéndole nombre de paro para que tenga más repercusión”. Lejos está esto de decir que no haya derechos por reclamar pero, en este contexto donde la actividad está trabajando el doble de lo que lo hacía, era imposible hacer que los trabajadores pararan, “lo que más quieren hacer ahora es trabajar”, subrayó el abogado.

Para este segundo paro no se prevé un panorama muy distinto. Aunque la diferencia entre ambos es que el anterior fue, además, el primer paro internacional. La primer convocatoria surgió en Valencia, España, por trabajadores de Glovo representados a través de Glovers Unidos. Las consignas que recorrieron las calles valencianas son el eco de las que recorren las nuestras: denuncias por su falsa condición de autónomos, su exposición al virus y la desprotección del colectivo frente a ella. Luego de este primer llamado, el paro empezó a generar adhesión en varios países de latinoamérica bajo el mando de Glovers Unidos Argentina, Glovers Ecuador, Glovers Costa Rica, Glovers Elite de Guatemala y Repartidores de Perú. Específicamente en Argentina fue convocado por APP y la movilización se hizo hacia el obelisco. El segundo paro, en cambio, fue convocado por la Asamblea de Trabajadores de Reparto (ATR), ligado al Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT). 

Los “socios” precarizados

Detrás de la quimera de ser “socios”, está la realidad de los monotributistas, condición lejana a las ventajas de un asociado. La empresa fija unilateralmente los tiempos, las tarifas, calificaciones, asignaciones de pedidos con sus promociones y la habilitación o deshabilitación de repartidores. Como la mayoría no cuentan con bases nacionales no se les cobra un centavo, mientras que sus trabajadores pagan impuestos al monotributo sin gozar de los derechos laborales correspondientes a la Ley de Contrato de Trabajo. “El monotributo lo mal usan, porque no es régimen laboral, es un régimen tributario. Y lo que tienen estos trabajadores es una relación laboral”, aclaró el abogado laboralista Juan Pablo Chiesa. El hecho de ser monotributista implica un pobre acceso a la salud que deviene del descuento de un porcentaje del pago del mismo además de una parte que va para aportes jubilatorios. No tienen salario mínimo, licencia por enfermedad o maternidad, indemnizaciones, vacaciones ni aguinaldo. Tampoco ART, lo que significa que si a un repartidor le roban la moto, o la bicicleta, la plataforma para la cual trabaja no se hace cargo. «Sabemos que en Argentina hay poco trabajo, protejamos al que existe. No se trata de demonizar al laburo como repartidor, sino de regularlo» finalizó el abogado.

La plataforma pone todas las reglas del juego, pero les da la opción de conectarse cuando quieran y de tomar o rechazar pedidos. Ottaviano explicó que esta libertad es relativa porque todas las plataformas tienen mecanismos de sanción y de incentivo. Otorgan mejores pedidos a los conectados a determinada hora, por un determinado tiempo en la aceptación de una determinada cantidad de pedidos y sancionan a quienes no lo hacen. “Por lo tanto el sistema no es otro que el de subordinación jurídica, técnica y económica que es lo que se utiliza comúnmente para calificar una relación de dependencia”, aclaró el abogado. El surgimiento de modalidades de trabajo como autónomas, monotributistas, cuando según la ley deberían ser calificadas como trabajo en relación de dependencia, es lo que algunos abogados denominan “la fuga del derecho de trabajo” o “fraude laboral”. “Esto quiere decir, trabajo con derechos o trabajo sin derechos. Para evitar el pago de cargas sociales se los califica como trabajos autónomos cuando en realidad son dependientes”, concluyó Ottaviano.

Como José, miles de venezolanos y venezolanas forman parte de los 160 mil trabajadores de plataformas en Argentina, número al que llegaron, mediante una investigación conjunta, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aunque las compañías no dan números exactos, un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento afirma que el 70 por ciento de trabajadores son migrantes y en su mayoría venezolanos. 

  El empleo en plataformas virtuales es el nuevo modelo de negocios que viene instalándose como paradigma de nuestra era. Empezó en la década de los 90’s con la expansión de los call centers y continúa hasta hoy con su especialización en servicios. El éxito de su modelo es la falta de legislación y la precarización laboral de sus trabajadores. En 2018, mismo año que José migró a nuestro país, fue bisagra para el asentamiento de estas empresas en la Argentina. Llegaron Pedidos Ya, Rappi y Glovo. Todas como multinacionales sin bases locales en el país y con paraísos fiscales como domicilio, lo que les permitió quedar desligadas de cualquier tipo de regulación nacional. 

Proyectos para la desprecarización laboral

Las plataformas digitales introdujeron una novedad en las relaciones laborales que conocíamos hasta ahora. El hecho de que APP sea una asociación y no un sindicato reconocido por el estado dificulta la viabilización de los reclamos. “Esto pasó siempre en la historia del trabajo, cuando surge una nueva actividad las empresas tratan de desalentar la creación de un sindicato”, opinó Ottaviano, a lo que Chiesa agregó que, además, los trabajadores y trabajadoras no se sindicalizan porque la aplicación no los deja. Un ejemplo fue cuando en 2018 la APP organizó una protesta frente a las oficinas de Rappi y, poco después, los repartidores que habían participado fueron bloqueados de la aplicación. “¿Por qué los bloquearon? Porque eran secretarios de actas del sindicato de APP. No se sindicalizan porque tienen miedo”, ilustró Chiesa.

Los despedidos iniciaron acciones legales y en marzo del 2019, muchos diarios hablaron del “inédito fallo contra Rappi”, el primero que sentó precedentes al tildar a estos despidos de persecutorios y antisindicales. La jueza Vulcano falló a favor de los trabajadores ordenando su reincorporación al tiempo que fijó una multa para Rappi. Sin embargo, poco después el fallo fue revocado. Sin sindicato representativo y con un único fallo que niega cualquier relación laboral entre repartidores y plataforma, los trabajadores siguen cumpliendo su labor de forma precaria.

No obstante, tanto Chiesa como Ottaviano destacaron que hay dos proyectos de ley que pretenden legislar una relación laboral que  se ha puesto de manifiesto, existe. Uno lo lidera el diputado nacional por Unidad Federal para el Desarrollo (Mendoza) José Luis Ramón, acompañado por Chiesa, e implica la aparición de una nueva figura intermedia entre un monotributista y un trabajador en relación de dependencia. Un Trabajador Independiente de Plataformas Digitales (TIPD), la cual comprendería cuatro puntos fundamentales: Salario mínimo; régimen de licencia; régimen indemnizatorio y  seguridad social. Ottaviano, opinó que este proyecto se basa “sobre un pre concepto equivocado: ¿cuál es la situación objetiva? Que los trabajadores no son independientes, dependen de la plataforma, y hay que darles derechos justamente por eso”, remarcó. 

El segundo proyecto de ley, en el que está trabajando el Frente de Todos, apunta a un estatuto específico para estos trabajadores que reconoce la condición de empleados encuadrados en una relación de dependencia, lo que se traduce en una serie de derechos. Además, innova en lo que es una organización novedosa de la jornada laboral y del sistema de sanciones en esta modalidad de trabajo poniéndole límites al funcionamiento de los famosos algoritmos. “Si efectivamente las empresas van a desaparecer o no van a poder continuar con un modelo de negocios donde hay protecciones laborales, donde hay condiciones dignas, eso quiere decir que su modelo de negocios actual está basado en la falta de protecciones laborales”, concluyó Ottaviano. 

“Las empresas de plataformas mal usan el monotributo, porque no es régimen laboral, es un régimen tributario,  y lo que tienen estos trabajadores es una relación laboral”

Juan Pablo Chiesa
abogado laboralista

Las empresas de plataformas digitales tienen un desafío: probar que el éxito de su modelo de negocios no está basado en la explotación de sus trabajadores. Y como sociedad tenemos otro: asegurarnos que el “trabajo del futuro” asegure una mejor calidad de vida para todas las personas que participamos de él. 

El engranaje de la plataforma: el algoritmo 

En la era digital, las caras parecen borrarse para ser reemplazadas por bots. ¿A quién responden los repartidores? ¿Cuál es la voz que los ordena desde la pantalla? Un algoritmo. La misma ecuación matemática que monitorea la asignación de pedidos, su cumplimiento en “tiempo y forma” y la habilitación o deshabilitación de los “socios” en base a esas calificaciones. Para entender cómo la plataforma impone estas condiciones, es necesario entender cómo funcionan sus algoritmos. Cosa que ni sus propios trabajadores logran hacer.

Existen dos tipos de calificaciones que el algoritmo organiza. La primera tiene que ver con parámetros que el algoritmo analiza automáticamente sin consultar al trabajador: el uso del uniforme de la marca, (que en Rappi, por ejemplo, deben comprarlos ellos mismos), tiempo de entrega, forma de cobranza y pago, etc. Además, el algoritmo no es aleatorio, atrae a los repartidores más recientes ofreciéndoles mejores pedidos, quedando los peores para los trabajadores de más de un año de antigüedad.

El  segundo tipo de calificación tiene que ver con la ponderación de los consumidores. “La plataforma sólo permite que los clientes nos califiquen a nosotros, ¡pero no a las propias plataformas! Nuestros celulares están llenos de insultos y bajas calificaciones que luego las plataformas utilizan para asignarnos peores viajes”, se quejó un repartidor que protestaba por esta razón. Entender cómo funciona el algoritmo es entender la base de la explotación de los trabajadores de plataformas. 

Así funcionan Uber, Rappi, Pedidos Ya, Glovo, Mercado Libre, entre otras. No hay diálogo. No existe una “sociedad” entre las plataformas y repartidoras y repartidores porque no están sujetos a una paridad de condiciones. Su salario y su éxito en la plataforma dependen del cumplimiento de las condiciones estipuladas por el despotismo de los algoritmos, nombrado por la economista Sofía Scassera. De lo contrario son penalizados o bloqueados, el nuevo despido digital. Ese fue uno de los motivos por los cuales surgió la Asociación de Personal de Plataformas (APP).