LALENGUA

EL TEJIDO DE UNA ESTAFA

¿Cómo funciona el telar de la abundancia? Lalengua tuvo acceso a varios encuentros entre telarinas y dialogó con mujeres de distintas partes del mundo que forman parte de esta práctica que, montada sobre el entusiasmo de la nueva oleada feminista, estafó a muchas otras mujeres. 

Por:  Tiziana Ortoman  |  Fotos: Melisa Molina

Un grupo de mujeres, los cuatro elementos en el centro de la escena, videoconferencias semanales y un mantra esotérico que guía cada movimiento. Está podría ser una simple descripción hecha por Margaret Atwood para El Cuento de la Criada, versionado a las pantallas actuales. Pero lejos de ser una ficción, las redes de los telares existen y tejen una trama que trasciende los límites geográficos, económicos y semiológicos. Lalengua pudo encontrarse virtualmente con varias participantes de un telar y conversó con la economista Candelaria Botto, del colectivo Economía Femini(s)ta, para intentar explicar este fenómeno. 

Con un lenguaje coyuntural, las telarinas (como se hacen llamar) invocan a “mujeres fuertes que quieran ver realizados sus sueños”. La única condición es que “se vibre en la misma sintonía” (y tengas 1.440 dólares en tu bolsillo que estés dispuesta a “invertir”). La forma de reclutamiento se basa en mezclar conceptos como cultura patriarcal, empoderamiento femenino, economía solidaria, proceso colectivo y energía. No hay recibos ni facturas, simplemente confianza y la creencia en el ascenso espiritual. 

Bajo el lema de “a todas las mujeres del mundo le ocurren las mismas situaciones y sufren por lo mismo”, se convoca a mujeres a otorgar un regalo. No se trata de invertir dinero en una fundación, ni en una organización mundial, sino en una mujer, que a pesar de ser una  desconocida, puedo verla, escucharla y empatizar con su situación. Este obsequio es la llave para ingresar en un ciclo de encuentros virtuales en los que se comparten experiencias y situaciones de la vida cotidiana. Pero, según la lógica del telar, no se trata pura y exclusivamente de plata. Obsequiar esos dólares equivalen a transmitirle tu energía y deseo a otra mujer que está en tu misma situación, para que pueda cumplir su sueño. Lo importante es creer. Alba, una telarina de Barcelona, afirma que invitan a mujeres “con la que sentimos una conexión especial. El dinero no es lo más importante para nosotras”.

Cada mandala, telar o flor de la abundancia está compuesto por 15 mujeres: ocho mujeres fuego, cuatro mujeres viento, dos mujeres tierra, y una mujer agua. Cada elemento cumple una función en esta creencia.  En el fuego “se queman los miedos” a dar dinero, se “vive el desapego” a lo material y se otorga el regalo y una carga a la mujer agua a la que se le hace el obsequio. En la categoría de viento (o aire) se debe integrar a dos mujeres más al círculo. Las actividades de la mujer tierra son la realización y organización de cada encuentro. Finalmente, en la categoría agua, la mujer cierra su telar, y “recibe” 11.520 dólares (que corresponden a ocho personas aportando 1.440 dólares a la vez), para cumplir su sueño. Cada vez que el elemento fuego se completa con ocho integrantes, se asciende de categoría. De esa forma, queda demostrado que para poder llegar al punto culmine es necesario que constantemente ingresen nuevas participantes al telar. 

 “Nosotras nos manejamos con la energía del dólar, pero entendemos que llegar a juntar esa cantidad de dinero en países como Argentina es muy difícil, entonces podemos entender que se pague en cuotas”

Sol
telarina de Cosquín, Córdoba.

Las ceremonias son un rito de iniciación en donde cada mujer que ingresa al telar hace entrega del dinero. Cuenta con velas, cantos y frases alentadoras. Si bien existen los mitos dentro de las propias tejedoras de que en países en crisis hay mujeres con mucha convicción que “pueden llegar a ser agua en un mes, la realidad es que desde que se ingresa hasta llegar a agua, puede tardar entre dos y tres años”, afirma Bianca, una telarina de Madrid. 

Las telarinas se reúnen una vez por semana para inspirarse mutuamente; ahí comparten desde cómo está siendo para ellas el proceso hasta cómo inspirar a otras mujeres a sumarse. La mayoría de los encuentros son virtuales, a través la aplicación ZoomIn, ya que las integrantes no comparten ni siquiera el mismo huso horario. 

En materia económica, se trata de un esquema piramidal, en el que una persona convence a otras de darle dinero a cambio de multiplicar su inversión mediante reclutamiento. En muchos países son ilegales, y esto contribuye al halo esotérico de los telares, que además se vuelven secretos. Cada telar, si bien sigue el protocolo antes descrito, tiene la capacidad de de adaptar sus propias reglas. “Nosotras nos manejamos con la energía del dólar, pero entendemos que llegar a juntar esa cantidad de dinero en países como Argentina es muy difícil, entonces podemos entender que se pague en cuotas”, explica Camila, una tejedora de Cosquín. 

Para la tejedora mexicana Sol, los telares “fortalecen y empoderan nuevas formas de relacionarnos”. A medida que se transita la experiencia, “el alma se purifica”. El discurso de estos telares se propone como opuesto al dominante y es ahí donde reside su fuerza. Por un lado contra el sistema capitalista, y por otro, contra la visión popular dominante respecto a las relaciones entre mujeres. Tal como lo explica la economista del colectivo Economía Femini(s)ta, Candelaria Botto, el telar de la abundancia como cualquier esquema piramidal “es una estafa”. Con el correr de los años, como se va dando a conocer que son estafas, “cambian la forma pero no el contenido”. Con la irrupción del feminismo en la escena pública, los telares se dieron bajo esta forma y con este lenguaje. Se apela a varios conceptos feministas como unirse entre mujeres, la sororidad, generar grupos de contención, entre muchos otros. Que sea bajo esta forma es bastante complejo ya que “el dinero es el eje central en los telares y el feminismo no se trata de eso, sino cuestionar la forma en que se organiza el sistema”, explica Botto. Una propuesta que promueve la solidaridad ciega y desinteresada entre mujeres prende rápido cuando la lucha por la igualdad de derechos está en el centro de la escena. 

 

 “El dinero es el eje central en los telares y el feminismo no se trata de eso, sino cuestionar la forma en que se organiza el sistema”

Candalaria Botto
economista del colectivo Economía Femini(s)ta

Ningún camuflaje se sostiene sin un pensamiento detrás. En este caso, la madeja de hilos con la que se teje esta red se desprende de los conceptos de Economía Sagrada del filósofo norteamericano Charles Eisenstein. Para él, el problema mayor que sufre el sistema monetario hoy en día es que genera competición, y el dinero, desde el momento en que se concibió, está asociado a la deuda y a los intereses. El resultado es un mundo con ganadores y perdedores, donde la comunidad y la naturaleza se han convertido en meros servicios o productos. Para este pensador, la solución está en volver al espíritu de las comunidades tribales, en donde el motor de aquellas culturas era el compartir. De esa manera, cada integrante de una sociedad dependerá de un otro al que le tiene que dar y podrá recibir otra cosa, y el dinero recuperará la integridad perdida como herramienta de cooperación y gratitud.  

Este tipo de visiones simplistas ponen el foco pura y exclusivamente en el dinero, mientras que “el problema del capitalismo no es la moneda en sí misma, sino quienes concentran esas monedas, su distribución y la forma en que tenemos de organizarnos socialmente”, enfatiza la economista Botto. 

Otro de los ejes del concepto del telar radica en la importancia de la “energía femenina” y en los círculos de mujeres. Virginia, telarina de Buenos Aires, en cada encuentro al que Lalengua tuvo acceso, siempre enfatizó en la idea de que “las mujeres atravesamos los mismos problemas, los mismos dogmas, imposiciones y limitaciones en cualquier parte del mundo”. La máscara se cae cuando la única identidad posible de ser parte de este círculo es la de ser mujer, desconociendo cualquier otra. El binarismo es tal que ante la pregunta de por qué son únicamente de mujeres, la respuesta es que son las únicas que tienen energía femenina, y es esta misma la que “es confianza y amor. En cambio, el hombre siempre quiere monopolizar todo o piensa que lo sabe todo”, sintetiza la tejedora española Alba. Cuesta identificar a las tejedoras con algún tipo de organización de mujeres o colectivo que se manifieste en las calles. Al respecto de esto mismo, Alba explicó que “en España el movimiento de mujeres es un poco radical, se quejan por cualquier cosa. Yo prefiero aportar al mundo un cambio desde mi energía y el telar”.