LALENGUA

ITALIA EN EL VESTÍBULO DEL INFIERNO

La península itálica ha descendido a las profundidades de la mano de los encumbrados indicadores de la pandemia global y ocupa hoy el segundo lugar con más contagiados de coronavirus después de Estados Unidos, y el primero en cantidad de fallecidos. Descontando la evaluación de las causas de por qué se transformó en el segundo epicentro global de contagio, es necesario repasar las condiciones políticas, económicas y sanitarias en las que se encontraba Italia al momento de la aparición del COVID19 para luego identificar los anticuerpos que permitirían pensar una alternativa. 

Texto  y  fotos:  Gianluigi  Gurgigno    

El frío parecía haber ofrecido una tregua aquel 7 de marzo en Milán, ya acostumbrada a inviernos rígidos y lluviosos. El sol de aquel sábado calentaba la piel y empujó a muchos a las calles y parques, o a juntarse para un aperitivo. Sin embargo, había algo en el aire. En la tarde noche, el Jefe de la Protección Civil Italiana, Angelo Borrelli, anunciaba el conteo diario de transmisión de Covid-19 en el país: 5883 casos positivos confirmados y 233 fallecidos acumulados desde su primera aparición el 20 de febrero. Un anuncio que ya se estaba transformado en un alguna otra palabra ritual para 60 millones de italianos, pero que todavía no reflejaba una real toma de conciencia por parte de la población, que aún subestimaba -con chistes y ritmos de vida intactos- aquello que la OMS declararía cuatro días más tarde como “pandemia” de alcance global.

A los números bastante altos de la infección, que ya llevaba más de dos semanas de transmisión comunitaria, no le correspondieron respuestas que dimensionaran el riesgo que el país estaba viviendo: sólo se dispusieron cierres de algunas actividades comerciales suspensión de clases y cuarentenas puntuales en dos pueblos; Codogno (Lombardía) y Vo’ Euganeo (Véneto), donde iniciaron los focos de contagio. El primer decreto para ampliar la escala del aislamiento obligatorio llegó el domingo 8 de marzo, un día después de que se hiciera viral una versión apócrifa del mismo durante la noche del 7, que anunciaba la demarcación de zonas rojas, y que al difundirse por la prensa regional de Lombardía -donde La Lega es predominante- por lo tanto provocó un escape masivo de personas hacia otras provincias y sobre todo hacia el sur del país, lugar de origen de muchos estudiantes y trabajadores residentes en el norte. Finalmente el decreto publicado incluyó la región de Lombardía -al norte y una de las 20 en las que se divide el territorio italiano- y más 14 provincias (subdivisiones al interior de cada región) como zonas rojas.

Si, por un lado, la epidemia había empezado a ocupar constantemente un lugar cada vez más central en los medios y en los discursos públicos, reflejando así la expansión del contagio, por el lado de las respuestas del gobierno central y los gobernadores locales empezarían a evidenciar que los procesos de toma de decisiones para contrarrestar los efectos del virus estaban llenos de inconsistencias y conflictos partidarios que terminarían generando confusión, incertidumbre y desconfianza en la sociedad.

El Primer Ministro, Giuseppe Conte, ha sido la cara más visible en estas últimas semanas, en tanto jefe del Poder Ejecutivo. Un hombre sin trayectoria política y que nadie conocía hacía dos años cuando la alianza -luego fracasada- entre la ultraderechista Liga de Matteo Salvini y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) de Luigi Di Maio, llegó a un acuerdo para designarlo como jefe de gobierno. Así Conte llegó a ser el Primer Ministro en representación de una alianza entre dos partidos sin ser parte de ninguno de ellos (estos no se habían puesto de acuerdo para designar a un miembro de sus filas y terminaron optando por Conte). Luego el gobierno de la alianza Liga-M5S terminó con una crisis política provocada por Salvini que rompió el acuerdo con el objetivo de provocar una crisis tal que obligue a llamar a elecciones, confiando en que tendría una base de apoyo. Sin embargo la elección no sucedió y en agosto de 2019 surgió nuevamente un gobierno como resultado del acuerdo parlamentario entre M5S y Partido Democrático (PD), dejando fuera a Salvini como principal opositor y confirmando a Conte como Primer Ministro. Desde entonces la Liga o partido del norte industrializado -que ahora se presenta como derecha nacionalista xenófoba y anti-europeísta, pero que surgió hace 30 años como independentista-separatista- intentó retomar el poder, en particular a través de una estrategia de expansión territorial que consiste en tratar de ganar elecciones administrativas para poner gobernadores y gobernadoras afines en lugares de poder regionales y provinciales.

Las ambiciones políticas de la Liga y de Salvini son otro elemento clave para tratar de comprender la lentitud con la cual se han tomado las decisiones en mérito al COVID-19. Que los primeros focos de la epidemia hayan sido en Lombardía y Véneto, regiones gobernadas por la Liga, es seguramente objeto de otro tipo de estudios más bien epidemiológicos, pero no es casual que el foco de la epidemia haya sido también el foco del choque político entre poder central y poderes locales. Ahí es donde se han generados narraciones y estrategias opuestas, donde la gravedad fáctica de la curva epidémica ha dejado espacio a la interpretación y a los intereses políticos particulares. En ésta dinámica se ha producido la subestimación del problema y el retraso en la contención del contagio. Mientras el gobierno y la Protezione Civile (organismo del gobierno nacional que coordina las políticas de defensa y protección de la población civil) actualizaban los números y alertaban sobre el peligro de una difusión del virus, gobernadores e intendentes -en especial de La Lega, por gobernador las dos regiones más golpeadas y por ser opositores al gobierno central, pero no solo ellos- comunicaban mensajes contradictorios. Algunos asustando a la población– fue tristemente célebre el Facebook live que dió del gobernador de la Lombardía, Attilio Fontana, el 27 de febrero donde apareció con barbijo para anunciar  que se autoaislaría; y otros minimizando la crisis para no parar la economía y el turismo, como fue el caso de Giuseppe Sala (Partido Demócrata), alcalde de Milán, quien lanzó ese día el hashtag #Milanononsiferma (Milán no para). En esta línea, Salvini -que sigue siendo Senador- ha demostrado niveles de oportunismo inalcanzables para seguir con sus argumentos xenófobos, como cuando se dirigió al electorado nacionalista citando un virólogo en Twitter: “Desde África a Italia este virus puede viajar especialmente en las personas (…) hacen falta controles rígidos en las fronteras para quienes entran a nuestro país”, tuitió el 24 de febrero. Tres días después hizo campaña para los sectores empresariales con un discurso más conciliador: “Italia arranca de vuelta. Serán una vez más ciudadanos, familias y empresas los que salvarán este hermoso País”; “acelerar, reabrir, ayudar, sostener”; “comprar productos italianos, comer y tomar italiano, vacacionar en Italia. Nunca como ahora es importante ayudar nuestros empresarios, comerciantes y trabajadores”. Por último, vista la gravedad de la epidemia llegó otro cambio de posición: “Pedimos medidas fuertes, drásticas, ya: cerrar todo ahora para volver a arrancar más sanos. Paren todos!”

En todo esto, Conte está teniendo el rol protagónico que nunca había tenido, obligado a salir de la sombra frente a una situación totalmente nueva y extremadamente compleja. Este rol se ha ido evidenciando poco a poco en las conferencias de prensa, con frases como “hice un pacto con mi conciencia”, que han dado públicamente por lo menos una sensación de liderazgo totalmente inesperadas hasta hace pocos meses. El día 9 de marzo, para cerrar el discurso en el cual anunciaba la extensión de la cuarentena a todo el territorio nacional, dijo algo que fue ampliamente entendido como un mensaje alentador y tranquilizador, evocando la recuperación de una cercanía física momentáneamente perdida pero que también se puede leer por su contenido político que alude a tranquilizar a los sectores productivos: “Quedamos distantes hoy para abrazarnos calurosamente, para correr más rápido mañana”, dijo. Seguramente el momento más difícil de su mandato. Le ha tocado, y le está tocando todavía, enfrentar el juego sucio de nuevos y viejos opositores, pero también los empujes de fuerzas extraparlamentarias como la de Confindustria, es decir, las grandes patronales del empresariado nacional.
El poder de las grandes empresas se ha hecho puntualmente más claro después del anuncio de cuarentena del 9 de marzo, es decir, cuando gran parte del país estaba encerrado en sus casas y muchas fábricas, sobre todo en el norte más industrializado, seguían funcionando y obligando a sus dependientes a moverse y a trabajar, a menudo sin dispositivos de seguridad, a pesar de no aportar producciones esenciales y de estar ubicadas en la zona más golpeada por el virus. Se ha favorecido así un aumento exponencial de los contagios, anulando de hecho las medidas de contención y provocando un colapso del sistema hospitalario. Propiamente ahí, en las dificultades de los hospitales, se nota hoy el resultado de las políticas neoliberales de ajuste que en los últimos 30 años han empobrecido varios sectores públicos del país. En cuanto al Sistema Sanitario Nacional (SSN) -sector público- no se ha tratado de un simple recorte en términos de menor financiación absoluta, sino de una disminución gradual de la presencia estatal en el territorio, un cambio de paradigma a favor de la hospitalización domiciliaria y del sector privado. De hecho según el Instituto Italiano de Estadística (ISTAT) el gasto del Estado para la salud pública ha marcado un aumento en el periodo 1998-2010 (de 5,1% a 7% del PIB) y una disminución en el periodo 2010-2017 (de 7% a 6,6%). Pero si miramos al número de hospitales es interesante notar que en 20 años (1998-2017) han pasado de ser 1.381 (de los cuales 61,3% públicos y 38,7% privados) a 1.000 (51,8% públicos y 48,2% privados). Asimismo hubo un vaciamiento en cuanto a camas disponibles: de 311 mil a 191 mil. Si bien es cierto que la financiación al sistema de salud sigue siendo en su mayoría estatal (78%) y en mínima parte privada (22%), se hace también evidente en este escenario de emergencia que renunciar a la idea de un sistema de salud pública, distribuido territorialmente y con los iguales estándares de calidad en cada región, ha dejado al país de rodillas.

En las dificultades de los hospitales se nota hoy el resultado de las políticas neoliberales de ajuste que en los últimos 30 años han empobrecido varios sectores públicos del país.

El rol de la salud pública y la capacidad de la sociedad de hacerse comunidad – con todos sus reclamos – se han trasladado también a un plano discursivo para deconstruir la retórica de guerra y las intervenciones de pura propaganda nacionalista que ciertos sectores de la derecha estaban instalando, a partir de la importancia de tratar el COVID-19 como una cuestión médica y de activar dinámicas solidarias. Sectores populares, sindicatos, movimientos sociales, precarizados, desempleados, trabajadores de la economía informal, migrantes, todos han estructurado reclamos concretos para pedir garantías económicas y laborales frente a un panorama negativo que afecta y afectará los bolsillos de los más vulnerables, aún más en el sur de la península, donde las tasas de desempleo y de trabajo en negro son las más altas. Todos en un frente común para solicitar una renta de cuarentena como medida universal para transitar la emergencia, pero también como herramienta perpetua para activar dinámicas económicas en contextos difíciles y permitir vidas dignas. Y a todo esto se suma la necesidad de colaboración económica de la Unión Europea, cruce central de la existencia misma de la Unión frente el avance brutal de los nacionalismos en la región.
La pandemia está favoreciendo acciones solidarias entre vecinos en los barrios, y dinámicas de mutualidad y organización colectiva están contagiando el tejido social del país; voluntarios y voluntarias procedentes de todas las regiones están poniendo sus cuerpos para ayudar en las zonas más golpeadas; China envió personal médico y toneladas de insumos a pesar del estigma sufrido cuando varios en Italia compartían la opinión de que la emergencia COVID-19 fuese un problema de ellos – inclusive con matrices racistas: “todos vimos (los chinos) comer ratones vivos”, comentó Luca Zaia (Lega), gobernador de Véneto; De Cuba salieron Brigadas Internacionalistas de médicos y médicas, demostrando como un país socialista que lleva 58 años de bloqueo económico, puede ser un faro en la noche de una de las regiones más ricas de Europa. Si bien aún no se vislumbra una solución científica para frenar el virus, éste organismo microscópico nos está obligando a cuestionar la normalidad de nuestras vidas, dejando en claro que sí tenemos los anticuerpos para exigir una sociedad más justa y solidaria.