LALENGUA

LA CIÉNAGA DE LOS DERECHOS DE MUJERES Y PERSONAS TRANS

Precarización laboral, brecha salarial, feminización de la pobreza, falta de oportunidades, relegación a las tareas de cuidado y menor acceso a cargos jerárquicos son algunos de los principales problemas de la inclusión de la mujer al mercado laboral. ¿Cómo amplificar los derechos conquistados y establecer políticas que conlleven a una sociedad más igualitaria? En diálogo con Lalengua, la socióloga Dora Beatriz Barrancos; la militante trans Eva Paula Arraigada y la Secretaria de Organización de UPCN, Karina Trivisonno, nos ayudaron a buscar respuestas (y nuevas preguntas). 

Por Mercedes Larosa | Ilustración: Maru Cheb | Fotos: Camila Alonso Suarez y Mayra Aliaga 

«Así el triunfo del patriarcado no fue ni un azar ni el resultado de una evolución violenta. Desde el origen de la humanidad su privilegio biológico ha permitido a los machos afirmarse solos como sujetos soberanos, y no han abdicado nunca ese privilegio, (…) esa exclusión no se explica por el hecho de que la mujer sea débil y de capacidad productora inferior; el macho no reconocía en ella a un semejante porque ella no participaba de su manera de trabajar y pensar y porque permanecía sujeta a los misterios de la vida; dado que no la adoptaba, dado que conservaba ante sus ojos la dimensión del otro, el hombre no podía sino hacerse su opresor.»

Simone de Beauvoir

 

 «Las mujeres llevan sobre sus espaldas la mitad del cielo y deben conquistarla. Si esa parte del cielo permanece serena, las tempestades revolucionarias, que deben barrer el viejo mundo, se reducirán a nubarrones pasajeros».

Mao Tse Tsung

¿Cómo se cambia el mundo? ¿Cómo se rompen estructuras y se instalan nuevas con un carácter más igualitario e inclusivo? ¿Podemos resetearnos para ser un poquito mejor que ayer? ¿Existen nuevas formas sociales para vivir mejor? ¿Cómo podemos dejar de mirarnos el ombligo para pensar de forma más colectiva? Un poco de todo esto tiene el movimiento feminista. Con sus heterogeneidades, sus contradicciones y diferencias ha logrado unidad para conquistar numerosos cambios políticos, sociales, legislativos y culturales. En particular, logró dar un salto exponencial luego del cimbronazo que se generó el 3 de junio de 2015, cuando se produjo la primera movilización masiva de “Ni una menos”. Sabemos que garantizar la equidad entre hombres y mujeres es una deuda soslayada que está ganando lugares y batallas irrumpiendo en el espacio público. Pese a los logros, el patriarcado continúa vigoroso e imperante, y uno de los principales campos donde esto se refleja es en el mercado laboral. “La mano invisible del mercado se caracteriza por ser sexista, discriminatoria y reproductora de las fórmulas de segregación patriarcal”, resaltó en una entrevista exclusiva con Lalengua la investigadora, socióloga, historiadora y feminista argentina, Dora Beatriz Barrancos.

Dora, que fue nombrada como asesora del gobierno de Alberto Fernández, nos abrió las puertas de su casa para ayudarnos a pensar sobre la mujer y el mundo laboral, con las sombras, luces y desafíos que tenemos por delante. Reflexionó sobre la importancia del rol del movimiento feminista y nos transmitió su optimismo sobre la nueva etapa que estamos transitando. En su gestos, su sonrisa y conjeturas se respira un aire de esperanza. No está aislada: la acompañan los hechos concretos que están aconteciendo. En el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso, Alberto Fernández, se comprometió a enviar la propuesta de interrupción voluntaria del embarazo, mientras que también anunció un plan de asistencia por dos años a aquellas mujeres de bajos recursos que decidan dar a luz a sus hijos. Sin olvidarnos del hecho histórico de la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad – dirigido por la abogada Elizabeth Gómez Alcorta – que fue el primer gesto de relevancia política que demostró cómo se va a tratar el tema y la importancia que tiene en la agenda pública y política.

Contemplando que en Argentina el 90 por ciento de las mujeres realiza trabajo doméstico no remunerado, la nueva cartera ministerial creó un “Equipo de cuidados” y prometió más servicios disponibles de cuidado de niños y adultos mayores para que ese trabajo no pago afecte menos a las mujeres. Además se propuso establecer medidas para generar una redistribución más justa de las tareas de cuidado, teniendo como premisa que las desigualdades entre los géneros son un elemento clave a la hora de pensar en el desarrollo sostenible. Este aspecto fue históricamente invisibilizado, social y económicamente, y librado a decisiones en el marco de la esfera privada de las familias. 

 

Por este motivo, el rol del Estado debe ser activo en la tarea de la inclusión de la mujeres en igualdad de oportunidades en el mundo laboral estableciendo políticas con el fin de  incrementar su participación, principalmente, en lugares no tradicionales para ellas. En este sentido, Dora afirmó que “tiene que haber mecanismos fiscales para que los y las empresarias tomen más mujeres en rubros tan estratégicos, como ingeniería mecánica, de petróleo, electrónica”.

“Tenemos mucho por hacer porque el 64 por ciento de los casos de crímenes de odio, hacia las personas de la comunidad LGBTI registrados en 2018, corresponde a mujeres trans”

Eva Paula Arraigada
Activista, feminista e integrante del Frente de Todes en CABA

“Igual trabajo, igual salario”. Se trata de una consigna que se arrastra desde la Revolución Industrial, y ya lo reclamaba la Organización Internacional del Trabajo a principios del siglo XX. Cien años más tarde, la brecha salarial entre hombres y mujeres continúa vigente. Podemos comparar salarios por edad, por categoría, por tarea y el resultado es el mismo: las mujeres están peor remuneradas en relación a los hombres incluso en los casos en donde son ellas quienes tienen mayor formación. 

 

“El mercado laboral es la esfera donde se cristalizan las diferentes violencias que se ejercen hacia las mujeres estableciendo una brecha salarial notoria, un techo de cristal que impide el acceso a cargo jerárquicos y de conducción y la segmentación de las tareas donde a la mujer se la reduce principalmente a labores relacionadas al cuidado. Basta ver cómo está segmentado por género y por la idiosincrasia de la identidad que tienen las personas. Esto incluye al sistema científico argentino. Siempre lo he remarcado: el mercado laboral es la ciénaga de los derechos de las mujeres y de las personas trans. Y ahí el Estado tiene muchísimo que hacer”, señaló la investigadora feminista.

 

El servicio doméstico es una de las actividades más importantes entre las mujeres y la precariedad laboral caracteriza las condiciones en que se desarrolla esta ocupación. Al 94,5 por ciento del total de las empleadas del servicio doméstico que trabajan seis horas o más, no se les descuentan los aportes jubilatorios. Asimismo, sólo un porcentaje muy reducido cuenta con otros beneficios sociales, tales como aguinaldo, vacaciones pagas, días por enfermedad u obra social. Según Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del 2018, seis de cada diez mujeres trabajan en el servicio doméstico, comercio, educación y salud, siendo expuestas a las peores remuneraciones salariales. Así, se enfrentan a un techo de cristal en el mercado laboral teniendo acceso a los sectores menos dinámicos y peor remunerados de la economía. Mientras tanto, seis de cada diez hombres  se desempeñan en el comercio, la construcción, la industria y en actividades empresariales, inmobiliarias y de alquiler (EPH). Esta segregación tiene implicancias para la brecha salarial: en los cuatro sectores más masculinizados, el salario promedio es 58 por ciento mayor que en el caso de los cuatro feminizados ($21.084 contra $13.384) (EPH, primer trimestre de 2018).

“Una de las principales dificultades que tienen las mujeres en el mundo del trabajo son las responsabilidades familiares compartidas, las tareas de cuidado que recaen más sobre ellas. Esto es un obstáculo en el momento de acceder a otros cargos de responsabilidad o de generar un crecimiento en la carrera”.

Karina Trivisonno
Secretaría de Organización de Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN)

En Argentina, el incremento de la mujer en el mundo laboral es exponencial. Sin embargo, en lo que no hubo un crecimiento similar fue en la participación de los hombres en las tareas domésticas. Así, la mujer entra a la rueda productiva, pero continúa como responsable de limpiar, cocinar, cuidar a los pequeños, entre otras tareas. Más del 90 por ciento de los permisos o excedencias para cuidar de los hijos los piden ellas. Esta es, en muchos casos, la única solución para conciliar vida laboral y familiar.

 

Desde una mirada sindical, Karina Trivisonno, Secretaría de Organización de Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), describió que “una de las principales dificultades que tienen las mujeres en el mundo del trabajo son las responsabilidades familiares compartidas, las tareas de cuidado que recaen más sobre ellas. Esto es un obstáculo en el momento de acceder a otros cargos de responsabilidad o de generar un crecimiento en la carrera. Después hay un factor determinante de pautas culturales muy arraigadas que tienen que ver con los sesgos de género, como qué actividades son tradicionalmente femeninas y cuáles masculinas”.

Karina nos recibió en su oficina y nos contó su trayectoria trabajando en la ampliación de derechos en el convenio colectivo de trabajo para la administración pública nacional. Realizó un análisis de los avances y conquistas tanto normativas como culturales. También hizo principal hincapié en el trabajo hacia el interior de la organización sindical con fuertes políticas educativas para los delegados a partir de la creación de la Escuela de Formación Sindical (vanguardia para las organizaciones sindicales del mundo). “Al principio, tuvimos una fuerte dificultad en la incorporación de delegadas mujeres, realizamos una política que lleva más de 30 años en la formación de cuadros sindicales para incrementar la participación de compañeras hasta lograr cumplimentar el cupo previo incluso a que estuviera legislado como requisito. Una vez que tuvimos delegadas formadas, trabajamos en ampliar derechos al conjunto de las compañeras”, resaltó.

La población trans ha sido desde siempre una de las más vulneradas de nuestra sociedad y sobre ella recaen los discursos de odio y discriminación. Si bien en los últimos años hubo, desde una perspectiva normativa, avances como la ley de identidad de género, sancionada en 2012, y de cupo laboral trans en la Provincia de Buenos Aires, de 2015, las mujeres trans continúan siendo uno de los grupos más violentados y marginalizados. 

 

Eva Paula Arraigada, activista trans, feminista e integrante del Frente de Todes en CABA, nos explicó que hace mucho tiempo que vienen luchando para la incorporación de las personas trans al mercado laboral formal como por ejemplo dentro de los equipos de trabajo de gobierno, en los sectores públicos y educativos. “Es urgente que mientras esperamos que salga la ley de cupo trans podamos seguir trabajando en la inclusión porque que eso permitiría mejorar la calidad de vida de nuestras compañeras. Tenemos mucho por hacer porque el 64 por ciento de los casos de crímenes de odio, hacia las personas de la comunidad LGBTI registrados en 2018, corresponde a mujeres trans”, resaltó.

“El mercado laboral es la esfera donde se cristalizan las diferentes violencias que se ejercen hacia las mujeres”

Dora Beatriz Barrancos
Investigadora, socióloga, historiadora y feminista argentina.

Para promover la equidad de género  se debe tener un mirada integral que incluya un trabajo entre el Estado, los movimientos sociales, las organizaciones sindicales y el conjunto de la sociedad, y así combinar diferentes niveles territoriales de competencia. En principio se debe abarcar la desnaturalización de la mujer de la esfera de la reproducción, propiciar su participación en el ámbito público y su incorporación al ámbito del trabajo en mayores condiciones de igualdad y oportunidades con respecto a sus pares masculinos. Para esto es necesario hacer hincapié en las mujeres como trabajadoras y no sólo madre-esposas. En términos de la implementación de nuevas políticas, no se trata sólo de ampliar la participación laboral de las mujeres aún en un marco de igualdad de ingresos que los hombres, sino de políticas generales de redistribución de ingresos que permitan modificar los actuales arreglos o responsabilidades institucionales en la producción del bienestar, en vista de una socialización, desmercantilización o reestatización, en la provisión del bienestar asociado con bienes y servicios producidos por la llamada economía del cuidado. No podemos nunca perder el faro y debemos recordar que una sociedad más justa y equitativa sólo será posible con la inclusión de las mujeres.