LALENGUA
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SALIR DEL FONDO

Lalengua conversó con la economista Eugenia Arioua y con los economistas Hernán Letcher y Martín Kalos sobre el balance de la gestión de Cambiemos, el rol del Fondo Monetario Internacional (FMI) y las perspectivas de cara a los próximos cuatro años.

Por: Tiziana Ortoman | Foto: Melisa Molina

El pasado 16 de septiembre el ministro de Economía, Hernán Lacunza, presentó el Presupuesto Nacional para 2020 en la cámara de Diputados. Si bien trato de ser optimista sobre la gestión del gobierno de Cambiemos, admitió que hubo “una combinación de herencia, de inconsistencias en el programa económico y factores externos”. ¿Es válido seguir hablando de herencia luego de cuatro años de gestión? De cara a las próximas elecciones, Lalengua dialogó con tres economistas para tratar de descifrar la gestión de Cambiemos, las jugadas políticas del FMI, los nuevos significados de las últimas medidas económicas y cuáles tendrían que ser los primeros pasos del próximo gobierno en materia económica.

En Argentina todavía resuena en el aire una pregunta vital: ¿por qué se recurrió al FMI? Para el director de CEPA (Centro de Economía Política Argentina), Hernán Letcher, la respuesta es muy simple: “porque la economía fue basada en el endeudamiento externo, y ese endeudamiento termina en el FMI”. Para el economista la llegada del Fondo no fue inocente, sino que “sigue el cronograma electoral”. En concordancia con esta hipótesis, el economista en jefe de Elypsis, Martín Kalos, consideró que “el FMI ha preparado todo para poder decidir si prestan el dinero mientras se ordenen ciertos problemas estructurales”. Esos problemas estructurales son, en definitiva, quien será el que conduzca la Argentina a partir del 10 de diciembre. Casi tres años antes del acuerdo con el Fondo, el país había cambiado de rumbo político, al igual que otros países de la región, como fue el caso de Brasil con la llegada de Jair Bolsonaro. La jugada política del fondo era (y es) “que no se volviera al populismo. Ese es el mensaje que está por detrás”, sintetizó, por su parte, la economista de la UBA, Eugenia Arioua.

“Las mujeres tenemos una canasta de consumo distinta a la de los hombres, no solo es desconocer que las mujeres somos las que más sufrimos la pobreza, sino que da cuenta que no sabe a qué le quiere apuntar con estas políticas”.

Eugenia Arioua
Economista - UBA

“¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos estado ahí?, ¿si no hubiéramos hecho nada? Creo que hubiera sido mucho peor”, se preguntó la ex directora del FMI y artífice del acuerdo con Argentina, Christine Lagarde. Si se tiene en cuenta que los significados son construcciones sociales, habría que ver qué es lo que ella entiende por estar “mucho peor”. De lo que no hay dudas, es que es una perspectiva que comparte con el presidente Mauricio Macri. La premisa principal del FMI es ayudar a un país que está en situación de insolvencia a que pueda pagarle a sus acreedores privados. La forma que tiene el organismo de cumplir este objetivo, es exigirle una hoja de ruta a los gobiernos y así, en dos o tres años, se supone que podría salir de una situación de crisis y volver a los mercados internacionales como un buen alumno. Si se busca en la historia macroeconómica algún hijo digno del FMI, se suele tomar el caso de Portugal, país que logró salir de la crisis sin devaluar su moneda (ya que es el Euro, y afectaría a otros países de la región), sino bajando los salarios, y acordando con el Fondo políticas de crecimiento.

 

El caso de Argentina en relación al último acuerdo, fue particular: no cumplió con casi ninguna de las metas previstas por el Fondo y, sin embargo, el organismo felicitó al gobierno y aprobó los desembolsos, racha se quebró la semana pasada cuando el FMI dispuso que concretará el siguiente desembolso – de 5400 millones de dólares -, recién con el próximo gobierno. Pero hasta ese momento, el FMI había puesto el sello de una carita feliz como las que dibujan las maestras de primaria cuando un niño se esfuerza. Una meritocracia a gran escala en donde la meta son los mercados internacionales; por lo demás, resulta curioso hablar de inserción mundial en un contexto meramente globalizado.

Volver a la superficie

“Me di cuenta que por vos/estoy tocando fondo (monetario internacional)”, cantaban “Viudas e Hijas del Roque Enroll” en los años ochenta. Este tema volvió a sonar en las radios en 2018, cuando el gobierno pactó con el FMI para salvarse de un posible default. Tal situación se generó porque “basó su plan en inversión extranjera directa, y esa no llegó”, de modo que “se tuvo que recurrir a la deuda”, explicó Kalos.

 

En los primeros dos años de gobierno macrista, la financiación fue a través de crédito internacional, es decir, “los mercados” internacionales financiaban a Argentina. ¿Cómo la hacían? Fácil. Debido a que la tasa de interés era muy accesible -muy alta-, los capitales extranjeros traían dólares que cambiaban a pesos y compraban letras del banco a un plazo corto. Como había libertad de movimiento, al cabo de un tiempo, desarmaban las letras, compraban dólares y se iban. Esa situación de extrema libertad de movimiento generó una falta de confianza en la economía argentina y una fuga de capitales tan acelerada como el endeudamiento. Esto movilizó a que se golpearan las puertas de FMI.

 

De la lluvia de inversiones a la sequía total, en un solo paso. ¿Excusa o inocencia?, ¿planificación o improvisación? Para Martín Kalos las inversiones se pensaron “de una manera muy ingenua: la presencia de Macri en el gobierno – pensaron – ya alcanzaba para activar inversiones, cuando en realidad, lo que le faltó al gobierno de Cambiemos fue perspectiva de negocios”. Si uno enfoca la mirada en los números macroeconómicos de los distintos presupuestos anuales de los casi cuatro años de Cambiemos, encontrará grandes diferencias entre lo que se esperaba y lo que finalmente sucedió. “Los errores de proyecciones que tiene este gobierno demuestran que las políticas que fueron aplicando no generaron los efectos que al menos ellos esperaban”, sintetizó la economista Eugenia Arioua.

 

Con respecto a cómo salir del Fondo, para Letcher la única opción posible es renegociar la deuda contemplando parámetros y condiciones, dado que “el FMI es responsable de esta situación y, por ende, habría que discutir algún punto del déficit fiscal para apuntalar el crecimiento de la economía e ir incrementando progresivamente el salario real”.

 

Viejas-nuevas políticas

Luego del resultado de las PASO, la economía argentina vivió una serie de reformas y medidas nuevas. En el contexto de una nueva corrida cambiaria, se incorporó la quita del impuesto al valor agregado en alimentos y un nuevo control de cambios, lo que vulgarmente se denominó como “cepo”, entre otras. ¿Qué son y qué significan estas medidas? Kalos y Letcher coincidieron en que son “parches” que no ayudan a reactivar la economía, sino que “son paliativos que neutraliza el efecto adverso de la propia política que ellos mismos implementaron”, apuntó Letcher.

 

Respecto al tan nombrado “cepo”, Kalos intentó desarmar el significado y explicó que es una palabra que no fue definida técnicamente en ningún manual, sino que es “el nombre marketinero que le pusieron los medios masivos opositores al gobierno kirchnerista a una serie de controles cambiarios y a algunas políticas restrictivas”. Se trata de una palabra que aún hoy sigue teniendo una connotación negativa. De todas formas, tanto el “cepo” en el gobierno de Mauricio Macri, como en el de Cristina Fernández de Kirchner, son simplemente controles cambiarios en la moneda extranjera. Para el economista hay una pequeña diferencia: en Cambiemos, en algún sentido, es una regla “más transparente, en referencia a cuántos dólares se puede comprar. Mientras que, durante el kirchnerismo, esa medida era más opaca”. De todas formas, Kalos sostiene que el actual cepo es “una medida de urgencia que solo puede durar tres meses. No es sostenible en el tiempo”.

 

Sea como sea, no hace falta hacer un esfuerzo demasiado grande para recordar cómo “la liberación del cepo” fue un slogan central de la campaña de Cambiemos en 2015. De hecho, la anulación del control de cambios fue una de las primeras medidas tomadas por Mauricio Macri al asumir la presidencia. ¿Cómo pudieron hacer esto? Arioua vinculó la quita del “cepo” con el acuerdo con los fondos buitres. Gracias a eso, se pudo acceder a los mercados internacionales de crédito, “ingresaron dólares a la Argentina, y ahí pudieron liberar el cepo”. Para Kalos, los dólares son el instrumento de las crisis y también la causa de las mismas. Es por ello que Cambiemos, en pleno contexto electoral, tuvo que resignar esa conquista. De otra forma, “no tenían otra forma de llegar a fin de año”, sintetizó Kalos.

 

Canasta con poca base

En concordancia con las medidas viejas pero nuevas – o nuevas pero viejas -, una de las pocas políticas económicas que se conjugan en un presente perfecto (actividad que comenzó en el pasado con CFK y continúa hasta el presente) es “Precios Cuidados”. Esta medida tiene como objetivo principal generar un precio de referencia en la economía, en el cual el Estado establece que un producto “x” de la canasta básica tiene que tener “z” precio, en el que el productor y el comerciante tengan ganancias y que el comprador no pague una locura. Arioua explicó que el principal problema al comienzo del gobierno de Macri en relación a esta política, fue que se bajaron de 600 a 300 los productos contemplados. Después se quitaron productos de marcas “a” y se los reemplazó por marcas “b”. Y como si fuera poco, sacaron productos básicos y de suma necesidad, como, por ejemplo, las toallitas femeninas. El no poder reconocer que “las mujeres tenemos una canasta de consumo distinta a la de los hombres, no solo es desconocer que las mujeres somos las que más sufrimos la pobreza, sino que da cuenta que no sabe a qué le quiere apuntar con estas políticas” resaltó Arioua.

“La presencia de Macri en el gobierno – pensaron - ya alcanzaba para activar inversiones, cuando en realidad, lo que le faltó al gobierno de Cambiemos fue perspectiva de negocios”.

Martín Kalos
Economista - Elypsis

Balanza no positiva

A pocas de semanas de las elecciones generales resulta impredecible hacer un balance de gestión. Dependiendo para quien sea, las acciones pueden ser más o menos beneficiosas. Letcher fue categórico: “Me cuesta encontrar buenas medidas tomadas por este gobierno”. La perspectiva de Kalos tiene otros matices. Si bien, este economista no habló de una “pesada herencia”, sí especificó que cuando asumió Mauricio Macri había “una economía inestable en muchos sentidos, que requería cambios, pero ese desequilibrio macroeconómico, no se solucionó en cuatro años. Al contrario, se agravó”. El economista en jefe de Elypsis sostuvo que hay que estar alerta “con las políticas que se desatendieron como, por ejemplo, la inflación. Hay que preguntarse si eso es lo que estaban buscando hacer”. Cabe recordar que previo a las elecciones de 2015, en cada oportunidad que podía Macri repetía que “la inflación es lo más fácil de resolver”.

“El FMI es responsable de esta situación y, por ende, habría que discutir algún punto del déficit fiscal para apuntalar el crecimiento de la economía e ir incrementando progresivamente el salario real”.

Hernán Letcher,
Economista - CEPA

La economista Arioua planteó que “ninguna política fue acertada para la economía real”, y que “todo apuntó a fomentar la especulación financiera”. Si se mira en detalle cada sector, no hubo ningún tipo de estímulo a la industria, “y es la que genera más empleo y de calidad. También para el sector productivo, de servicios y de la construcción fueron años muy malos”, subrayó. Las consecuencias, explicó, son conocidas: todos estos movimientos lo único que generan es que aumente la desigualdad social y el desempleo.

 

Para Kalos no todo fue negativo. El economista consideró que “recuperar las estadísticas del INDEC es un logro en sí mismo, porque significa reactivar la confianza en la institución”. De todas formas, sin cuestionar la felicidad por la credibilidad de los números, lo importante es la economía real, el sentimiento de los bolsillos vacíos o la indignación al recibir un telegrama de despido. “La única verdad es la realidad”, dijo Aristóteles, y hoy no hay mayor objetividad que los números, pero ¿de qué sirve creer en ellos si no hay respuesta práctica a ello?