LALENGUA
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EL FUTURO INCINERADO

“En la Amazonía hay deforestación ilegal, madereros ilegales que quieren sacar todo lo que pueden y vender la tierra para la explotación”, denunció en conversación con Lalengua el ex director del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), Ricardo Galvão, quien fue despedido por Bolsonaro, luego de que publicara datos sobre la cantidad de hectáreas incendiadas en el Amazonas. “Desde el principio de este gobierno están intentando sustituir el trabajo de INPE por otra empresa americana llamada Planet”, aseguró. Galvão explicó los motivos del incendio que está consumiendo al pulmón del planeta tierra.

Por: Ariadna Dacil Lanza | Fotos: Greenpeace y José Brito 

Dios fue la cuarta palabra que pronunció Jair Messías Bolsonaro en su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 24 de septiembre, pero lejos de rezar por los incendios en el Amazonas, optó por asignar culpas a indios y pobladores locales en el frente interno, y por intentar repeler con argumentos anticolonialistas las críticas del sector externo. Como es tradición no escrita, Brasil fue el primer orador en la Asamblea, lo que le permitió al presidente brasileño asestar los golpes antes que el resto. Leyó una carta de “agricultores indígenas” que le sirvió para hacer propias las palabras que hablaban de “ambientalismo radical” e “indigenismo anticuado y fuera de sintonía”, que “representa el atraso, la marginalización y la completa ausencia de ciudadanía”. Como contrapunto, el ex director del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE por sus siglas en portugués), Ricardo Galvão, – despedido en agosto pasado por Bolsonaro por difundir los datos de los incendios en el Amazonas -, conversó con Lalengua y destacó cuáles son los intereses que están en juego en este conflicto que escaló a nivel internacional. El ex funcionario mencionó a madereros brasileños y también empresas mineras internacionales que actúan con complicidad del gobierno nacional, que a su vez pretende controlar la publicación de datos oficiales sobre incendios y deforestaciones.

Política interna
Al interior del país, Bolsonaro identificó frente a la Asamblea General de la ONU a quienes, desde su visión, eran responsables por los incendios en el Amazonas: “En esta época del año el clima es seco y los vientos favorecen las quemas espontáneas y también las criminales. Vale resaltar que existen quemas practicadas por indios y poblaciones locales como parte de sus respectivas culturas y formas de supervivencias”. Y hasta se ubicó en el lado verde de la grieta: “mi gobierno tiene un compromiso solemne con la preservación del medioambiente y con el desarrollo sustentable en beneficio del Brasil”, muy lejos de lo que habían sido sus palabras pronunciadas en julio pasado, cuando mencionó que la cuestión ambiental solo le importaba “a los veganos que comen vegetales”. El mes anterior el presidente había encontrado otro culpable dentro del gobierno, ya no por los incendios, sino por difundir información al respecto. Bolsonaro decidió despedir a Ricardo Galvão el director del INPE, organismo gubernamental dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología, y encargado de emitir alertas diarias ante cada foco de incendio. A diferencia de Bolsonaro, Galvão sostuvo que “en la Amazonía hay deforestación ilegal, es decir, madereros ilegales que quieren sacar todo lo que pueden y vender la tierra para la explotación de ganado entre otras cosas. No son empresas extranjeras, pero sí hay extracción minera por parte de empresas de Noruega que están tratando sacar minerales de la zona indígena y con apoyo del gobierno”.

“Desde el principio de este gobierno están intentando sustituir el trabajo de INPE por otra empresa americana llamada Planet”

Ricardo Galvão
Ex director de INPE

“El gobierno tiene una visión oscurantista y autoritaria, se opone a los resultados científicos que no le gustan”

Ricardo Galvão
Ex director de INPE

La decisión de despedir al director de INPE vino luego de que el organismo publicara que del 1 al 30 de junio de este año, fueron destruidos 920,4 km² de flora amazónica en el territorio brasileño. Sin embargo, Ricardo Galvão explicó a Lalengua que si bien “las tasas de deforestación estaban subiendo muchísimo”, al punto de ser “las más altas desde 2010”, y esto se había informado al gobierno, éste no dimensionó o desestimó el problema hasta que la prensa se hizo eco. El 3 de julio en el Jornal Nacional, principal noticiero de O Globo, el canal más grande de Brasil, se comparó ese número con los 488,4 km² que se habían quemado durante el mismo período del año anterior, además de concluir que hubo un incremento del 88 por ciento de incendios en junio y de un 278 por ciento en julio: “La comparación que hizo O Globo no es correcta. Nosotros decimos siempre que es necesario hacer un promedio por cuatro o cinco meses”, apuntó Galvão. Pese a ser un contraste erróneo de los datos puesto a disposición por INPE para todas las áreas de gobierno y para la población en general, Galvão advirtió que se venía informando al gobierno sobre el agravamiento del caso: “Esos datos fueron publicados en la prensa brasileña y eso molestó muchísimo al Presidente. Siempre le informamos al gobierno que la situación era muy mala. Esa información ellos la tenían, quizás no el presidente”, y agregó que independientemente del porcentaje, “tendríamos que estar actuando para reducir la deforestación ilegal en la Amazonía prácticamente a cero, y esto no está sucediendo». 

El INPE tiene dos sistemas para monitoreo de la deforestación en el Amazonas: uno llamado PRODES, que todos los años indica cuánto fue la medida oficial de deforestación en el Amazonas, y otro llamado DETER, que es un sistema de detección de deforestación en tiempo real que todos los días da un alerta de dónde está empezando una deforestación. Mientras que el INPE es responsable del monitoreo de deforestación, el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, conocido como IBAMA, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, es el encargado de actuar frente a aquellas alertas. «En julio dimos 1800 alertas e IBAMA no tomó ninguna acción. Por ejemplo, les enviamos información de São Félix do Xingu y no hubo ninguna acción de IBAMA para frenar la deforestación. El incendio es el resultado de algo que debería haber hecho en la etapa anterior», denunció Galvão, y luego contradijo al presidente, que habló de incendios no provocados: “Sí hay combustión espontánea, por ejemplo, en toda la parte sur de Mato Grosso y Goiás (dos estados al Noroeste de Río de Janeiro), donde se ubica la región de Cerrados (espeso, denso) porque ahora está muy seca, pero los incendios que estamos viendo son entre un 70 o 80 por ciento en Amazonas, donde el suelo es muy húmedo. Sabíamos en INPE que no puede haber combustión espontánea. Sucede que  los madereros cortan los árboles al final de la estación de lluvia y dejan todos los árboles en el suelo esperando la estación de seca para prender fuego, limpiar y sacar la madera”.

Lo que siguió fue un aumento paulatino de los decibeles de la discusión entre Bolsonaro y Galvão: una vez que se masificó la información a partir del eco que generó O Globo, el 19 de julio, Bolsonaro cuestionó los datos de deforestación publicados por el INPE y dijo que Galvão podría estar “al servicio de alguna ONG”, y que conversaría con el director del organismo. El 20 de julio, Galvão habló con el programa de O Globo Jornal Nacional y declaró que Bolsonaro se comportaba “como si estuviese en un bar”, y que los ataques son como “una broma de un chico de 14 años que no le corresponde hacer a un presidente de la república”. “Él dijo que los datos del INPE eran mentirosos y para nosotros eso es una acusación muy grave, es decir que la persona está cometiendo un crimen y dijo que yo estaba trabajando en una ONG internacional. Es una acusación fuertísima y salió en la prensa internacional. Yo sabía que estaba en una situación no muy buena con el gobierno, entendí que estaba como decimos nosotros fritándome (friéndome). Pensé qué hacer y me pareció que era necesario contestar de una forma muy fuerte, no podía ser débil en una situación como esta”, dijo Galvão a Lalengua.

La disputa siguió in crescendo. El 21 de julio Bolsonaro dijo que no hablaría con Galvão y que lo que lo preocupaba era la “propaganda negativa de Brasil”. El 22 de julio el Presidente brasileño afirmó que quería recibir los datos antes de la publicación para no ser “sorprendido en pantalones cortos”. Cuatro días más tarde, el 26 de julio, durante la reunión de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), Marcos Pontes, ministro de Ciencia y Tecnología, pidió que los datos de deforestación no fueran divulgados como ocurría hasta el momento, que tienen carácter público. “La ley brasileña dice que cuando IBAMA detecta una deforestación ilegal tiene que tomar todo el equipo de los madereros e iniciar el proceso legal y lo que no puede tomar tiene  que destruirlo el gobierno de Bolsonaro. En el pasado eso era hecho, pero ahora no se sabe de casos en que se haya tomado ningún tipo de acción”. 

El 31 de julio se reunieron Ricardo Salles, ministro de Medio Ambiente, Pontes, y representantes de IBAMA e INPE. Galvão hubiera participado, pero fue desinvitado a última hora. Salles dijo que los datos de INPE no eran correctos y que el instituto reconocía el problema. El INPE negó esa afirmación. El 1 de agosto en una conferencia de prensa con Salles, Ernesto Araújo, ministro de Relaciones Exteriores,  junto con el Jefe de Ministros del Gabinete de Seguridad Institucional (GSI), General Heleno, Bolsonaro aseguró que los datos de deforestación fueron usados para “golpear el nombre del Brasil y del actual gobierno”, y sostuvo que iba a contratar a una empresa para hacer el monitoreo. Al día siguiente, el 2 de agosto, Galvão fue despedido por Pontes, quien le agradeció por redes sociales y cerró el mensaje con “especiales abrazos”. 

Galvão volvió a dar clases en la Universidad de San Pablo, desde donde logró trascender el caso particular para buscar una explicación de fondo: “Hay una motivación más básica que movió al presidente. Desde el principio de este gobierno están intentando sustituir el trabajo de INPE por otra empresa americana llamada Planet. Nosotros siempre nos opusimos, entonces ya había cierta confrontación entre INPE e IBAMA. Quieren sacar a INPE de esto y que esa empresa sea la encargada de dar los datos que quieren ellos”.



"En la Amazonia hay deforestación ilegal, madereros ilegales que quieren sacar todo lo que pueden y vender la tierra para la explotación de ganado, entre otras cosas. No son empresas extranjeras, pero sí hay extracción minera por parte de empresas de Noruega que están tratando sacar minerales de la zona indígena y con apoyo del gobierno”. 

Ricardo Galvão
Ex director de INPE

“Existen grupos ruralistas que explotan la zona de la manera más básica posible y después se van. Una parte de ellos, que son del norte del Brasil, están en el Congreso y apoyaron a Bolsonaro. Estamos en una situación de confrontación”.

Ricardo Galvão
Ex director de INPE

Además del rol del Ejecutivo, en el Congreso los sectores ruralistas –que integran lo que se conoce como “la bancada de las tres B”, la del Buey, la Bala y la Biblia- representan una base de apoyo para Bolsonaro aunque hay diferencias entre ellos. “En Brasil hay agronegocios, es decir, ruralistas que tienen su producción basada en técnicas muy modernas y en los último 10 años aumentaron muchísimos la producción agrícola. A ellos les preocupa la deforestación en el Amazonas porque las exportaciones brasileñas se pueden cerrar si son asociadas con ese fenómeno. Por otro lado también existen grupos ruralistas que explotan la zona de la manera más básica posible y después se van. Una parte de ellos, que son del norte del Brasil, están en el Congreso y apoyaron a Bolsonaro. Estamos en una situación de confrontación”, explicó Galvão.

Comunidad científica

 

El ministro de Ciencia y Tecnología de Bolsonaro, Marcos Pontes, afirmó que los datos del INPE no eran mentirosos ni incorrectos, sino que necesitaban “ser mejorados con un sistema más actual”, y sobre el desplazamiento de Galvão dijo que no había más clima para mantenerlo en su puesto porque “había criticado directamente al presidente”. Según sostuvo Pontes, si Galvão lo hubiese hablado con él antes la situación podría haber sido resulta de manera diferente. Galvão descartó esta postura: “El ministro Marcos Ponte siempre dijo que la parte de esta cuestión de la deforestación y del el calentamiento global es una cuestión que debe ser tratada del punto de vista científico y no político. Pero es una persona débil en el gobierno, por ejemplo, desde el inicio del año yo le informé todas las cuestiones relativas a la deforestación en el Amazona y jamás me respondió. El presidente Bolsonaro hizo acusación delante de la prensa internacional y Pontes no hizo nada, no me llamó”. El ex director de INPE sigue sosteniendo que la investigación en Brasil es “independiente”, aunque existe un recorte importante en términos presupuestarios: “el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, que da las becas para maestría y doctorado, en estos días sufrió un recorte muy fuerte; el gobierno cortó más de cinco mil becas de maestría y doctorado. La comunidad científica está muy preocupada, estamos iniciando movimientos de protestas contra el gobierno”, señaló.

Además de tener que ocuparse de las internas en su gobierno, Bolsonaro recibió reiteradas críticas de la comunidad científica. La Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) le envió al presidente y a sus funcionarios una carta pública en la que respaldaba los datos publicados por INPE asegurando que tienen un “95 por ciento de precisión”, y que es de una “importancia estratégica para la implementación de políticas públicas en Brasil” que los mismos “sean desarrollados y monitoreados por órganos confiables”. A fines de agosto, el organismo publicó un “manifiesto” para reafirmar el compromiso con INPE al sostener que produce una ciencia que se encuentra “entre las mejores del mundo”, que cuenta con un “equipo de científicos y técnicos de excelente calificación”, que “presta servicios al país” y que su entonces director, Galvão, “es un científico reconocido internacionalmente que hace décadas contribuye a la ciencia, la tecnología y la innovación del Brasil”. 

Más allá de su experiencia en cargos públicos, Galvão se graduó en Ingeniería de Telecomunicación por la UFF tiene un Máster en Ingeniería Eléctrica por la Unicamp y es Doctor en Física de Plasma Aplicado por el MIT en los Estados Unidos; presidió la Sociedad Brasileña de Física y fue miembro del Consejo de la Sociedad Europea de Física. “El gobierno tiene una visión oscurantista y autoritaria, se opone a los resultados científicos que no le gustan, y además tiene un prejuicio de que toda la comunidad científica brasileña está dominada por la izquierda, este es un problema muy serio. En mi caso es más fuerte porque por siete años yo fui director del Centro Brasileño de Investigaciones Físicas en Río de Janeiro, una unidad del gobierno federal durante el gobierno de Lula, por lo que me asoció con un gobierno de izquierda”, relató Galvão. Bolsonaro no solo se opuso a la publicación de información científica y persiguió a quienes la difundieron; también, como indicó Galvão, carece de un plan para operar en la región en cuestión: “El gobierno jamás presentó un plan con sus intenciones sobre el Amazonas. A Bolsonaro le hace falta una civilidad republicana porque tiene una acción sin respeto. No sé qué va a pasar con el futuro ni qué va a pasar con el desarrollo científico brasileño porque está muy mal”.



Política exterior

Así como la contienda política en el frente interno empezó a escalar mientras el Amazonas ardía, en el plano externo el presidente brasileño prefirió confrontar con un discurso anti intervencionista y de defensa de la soberanía nacional con el que supo capitalizar adhesiones de parte de sectores sensibles a estas narrativas. Ésto le permitió atenuar las críticas que llegaron desde el exterior, encabezada por el presidente francés Emmanuel Macron, quien, según trascendió por fuentes del gobierno francés, consideraba que “Bolsonaro mintió en el G-20 en Osaka», donde habría prometido respetar sus compromisos ligados al cambio climático. El 22 de agosto Macron exigió a través de su cuenta de Twitter la intervención del G7: “Nuestra casa está en llamas. Literalmente. La selva amazónica, los pulmones que producen el 20 por ciento del oxígeno de nuestro planeta, está en llamas. Es una crisis internacional. Miembros de la Cumbre del G7, ¡discutamos este primer pedido de emergencia en dos días!”. El mandatario francés además de extender su mandato sobre la Guayana Francesa, territorio amazónico, quizás actuó presionado por los sectores ruralistas de su país que ya venían ejerciendo presión y críticas a partir del acuerdo Unión Europea – Mercosur.

Ricardo Galvão (abajo, séptimo de izq. a der. ) en el 30 aniversario de cooperación satelital entre China y Brasil (2018).

Fue un error lo que dijo el presidente Macron acerca de que debían tomar el Amazonas. Ningún país va a permitir una afronta a su soberanía”, comentó Galvão, anticipando en cierto modo que Bolsonaro iba a lograr capitalizar las declaraciones en su contra desde un discurso nacionalista y contrario a la injerencia internacional. La última respuesta de Bolsonaro fue dedicarle un tiro por elevación al mandatario francés en la ONU: “Los ataques sensacionalistas que sufrimos por parte de la prensa internacional debido a los focos de incendio en el Amazonas despertaron nuestro sentimiento patriótico. Es una falacia decir que el Amazonas es un  patrimonio de la humanidad, es un equívoco al igual que decir que es el pulmón del mundo. Valiéndose de estas falacias otro país, en lugar de ayudar, se embarcó en las mentiras de los medios y se portó de manera irrespetuosa y con espíritu colonialista. Traicionaron aquello que nos es más sagrado: nuestra soberanía. Uno de ellos el día 7 osó aplicar sanciones a Brasil sin siquiera escucharnos”. Y luego se encargó de agradecer “en especial a Donald Trump” por su solidaridad. Un nuevo gesto de Bolsonaro hacia Trump que formó parte de los mismos compases con los que sonaron ambos discursos en la ONU: antisocialismo, con críticas a Venezuela y Cuba, contrarios a los globalistas y abiertamente nacionalistas, con burlas hacia el activismo y con la cita ineludible a dios.