LALENGUA
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BRASIL NO ES PARA PRINCIPIANTES

El ex ministro de Cultura de Brasil durante el gobierno de Lula Da Silva, João Luiz Silva Ferreira, conversó con Lalengua sobre la importancia de las identidades colectivas y de la “felicidad guerrera” para transformar la resistencia al gobierno de Jair Bolsonaro en una victoria política.

Por: Sofía Solari y Ariadna Dacil Lanza | Foto: Sofía Solari

João Luiz Silva Ferreira no escapa a la tradición brasileña de los apodos. Aun habiendo llegado a la silla de ministro de Cultura en 2008 siguió siendo “Juca”. El pase de vice a ministro se produjo durante el segundo gobierno del PT. El acto de ascenso estuvo a cargo del entonces presidente Luis Inacio “Lula” Da Silva, quien a la vez que despedía con elogios al cantante popular Gilberto Gil -que dejaba el cargo para volver a su carrera artística- colocó la vara alta para el ingresante: “Hacer en 8 años [los que sumarían Juca y Gil] lo que no se hizo en 80 por la cultura brasileña”, fueron las palabras de Lula. El ex ministro nació en Salvador de Bahía, donde ocupó diversos cargos, pero su carrera política había iniciado en la escuela secundaria, cuando llegó a presidir la Unión Brasileña de Estudiantes de Secundaria (UBES). Se recibió de sociólogo en La Sorbona, Francia, y estudió Lenguas Latinas en Estocolmo, Suecia. En ambos países estuvo exiliado durante los “años de plomo”, la última dictadura brasileña, que duró desde 1965 hasta 1985. Le gusta citar una frase que, según dice, usó el escritor Orson Welles en tiempos de Getulio Vargas, pero que en general se atribuye a Antônio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim, apocopado Tom, el Sinatra de la bossa nova: “Brasil no es para principiantes”. En cualquier caso, Juca la hizo propia antes de empezar a conversar con Lalengua: “Brasil no es fácil tampoco para uno”.

-¿Hay similitudes entre el gobierno de Mauricio Macri en Argentina y el de Jair Bolsonaro en Brasil?
-En Brasil en este momento estamos librando la batalla para defender los principios civilizatorios más elementales, así que visto desde mí país, Macri no se parece a Bolsonaro, sino al ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Bolsonaro es abiertamente fascista y de todas las características del fascismo sólo le falta una: el nacionalismo, porque es un absoluto sirviente de Estados Unidos. Bolsonaro es el neoliberalismo asociado al fascismo y esa es una tendencia mundial. El Este europeo está impregnado de fuerzas políticas que representan esa alianza; un poco menos en Francia, España y Portugal. Yo creo que esto es producto de un cierto cansancio de la democracia liberal. Hay una necesidad de renovación de las prácticas democráticas.

-¿Cuál es el lugar que ocupa Brasil en ese concierto internacional?
-Hay problemas gigantescos al que nos enfrentamos porque creo que existe una posibilidad de que estemos sufriendo una guerra híbrida. El tema central fue la desmoralización de la política y de las instituciones políticas, partidos, parlamento, etc. Hace 10 años que todo el tiempo se habla de corrupción. Esa es una construcción que hace parte de esa guerra híbrida, destruir los mecanismos que garantizan la convivencia. Hay una estructura poderosísima de los banqueros brasileños, del agronegocio y del capital internacional. En Brasil tenemos la quinta mayor reserva de petróleo del mundo, el siete por ciento del agua potable y la mayor reserva de yodo. Jair Bolsonaro cree que es el actor constructor de una nueva hegemonía y Estados Unidos quiere que cumpla el rol de invadir Venezuela. Entonces es una ingenuidad creer que nosotros estamos fuera de la disputa internacional.

– Respecto a los incendios en el Amazonas, ¿se trata también de una disputa por los recursos?
-Lo que pasó en el Amazonas es que Bolsonaro estimuló su destrucción, al decir que la preocupación por el medio ambiente es artificial, que es cosa de vegano. Él no cree en la preocupación ecológica y en los derechos sociales para nada. Hubo un crecimiento de más de mil por ciento en la destrucción del Amazonas en menos de un año. Sin embargo, la reacción mundial fue rapidísima, fue incluso el mayor golpe que él recibió Bolsonaro hasta ahora.

 “Hay una música de Gilberto Gil que habla de que la felicidad de los negros es una felicidad guerrera. Ese es el concepto que tenemos que trabajar”

Juca Ferreira
Ex ministro de Cultura de Brasil

“Michelle Foucault estuvo en Bahía y una semana después dio una entrevista para un periódico alternativo, Boca de brasa, y dijo: ‘mira, yo conozco el mundo, Asia, África, el Caribe, pero nunca había visto personas pobres con tanto orgullo corporal como aquí’”.

Juca Ferreira
Ex ministro de Cultura de Brasil

-¿Existe una relación entre los problemas identitarios y ese «cansancio de la democracia liberal»?
-Ahora está pasando en Brasil algo que es un fenómeno mundial y que debemos pensar, y es que vemos una pérdida de identidad general. Por ejemplo, cuando fue el impeachment a Dilma Rousseff, un intelectual y profesor negro de la universidad de Río de Janeiro dijo: «Esa pelea no es nuestra, es de los blancos”. Pero al mismo tiempo hay un fortalecimiento de las identidades grupales. Grupos sociales se piensan dentro de una perimetral en la que son todos iguales: las mujeres, los negros, la comunidad LGBT, entre otros. Eso crea una nueva realidad que, por un lado, es una gran contribución para fortalecer la democracia y los derechos individuales, pero por otro hay un aspecto que no es positivo, que es la reducción del sentimiento de humanidad: hay una pérdida de identidad y de reconocimiento de que somos parte de lo mismo.

-¿Hay un desplazamiento en cómo se construyen identidades políticas?
-Sí, cambió un poco el panorama de la cuestión identitaria, ya no está tan ligado a una Nación, sino que tiene que ver más con identidades segmentadas. Pero a su vez creo que estos derechos conquistados pueden ser el punto de no retorno en Brasil porque el proyecto de Jair Bolsonaro, que se basa en que las mujeres vuelvan a sus casas y en asumir el racismo y la desigualdad como algo natural, es lo que está movilizando a las minorías. En Brasil hay mucha resistencia, aunque dispersa y atomizada. No hay una sensibilización satisfactoria, horizontal, que permita unir a todas las resistencias. Los artistas están resistiendo, también los negros e indígenas, las mujeres en la línea de frente, los homosexuales, los trabajadores un poco más tímidos porque golpearon duro a los sindicatos de Brasil. Ahora empezó una resistencia del mundo superestructural: los juristas, los académicos, etc.

-¿Qué papel le corresponde a la cultural en este dilema de identidades políticas dispersas?
-Hay que preguntarse quiénes van a sufrir más con el proyecto de Bolsonaro y la respuesta es que seguro sean los negros, los indígenas, las mujeres. Entonces no hay posibilidad de salir bien si no comprendemos la necesidad de la politización; pero no creo que puramente en el plano de la política se puedan construir nuevos protagonistas, y por eso la dimensión cultural es muy importante. Ahora está en crisis la democracia, los valores, incluso la perspectiva de felicidad está en crisis. No se trata solo de la conciencia política. El individuo -que es un tema de los liberales-, los socialistas y la izquierda nunca lo trataron debidamente. El individuo existe hoy en la sociedad, por necesidad del capitalismo, y hoy no hay posibilidad de pensar la sociedad sin pensar la dimensión individual. A veces escribo sobre eso y recibo muchas críticas de que me estoy volviendo liberal, o me dicen que no existe el individuo. Hay un tema enorme sobre eso, el individuo tiene derecho frente a la colectividad, de su singularidad y sus opciones individuales.

-¿Qué políticas se llevaron a cabo durante su gestión para fomentar la construcción de una identidad común?
-La cuestión más difícil para mí desde el Ministerio era trabajar para valorizar la lengua portuguesa que es un elemento que nos unifica. Brasil es muy diverso, pero la lengua se encarga de mostrar la primera gran identidad. También hubo un reconocimiento de la población negra que permitió que al día de hoy haya más negros estudiando en la universidad que durante toda la historia del país. Pero en Brasil hay una desigualdad racial enorme. El 53 por ciento de la población es negra y todos los índices sociales siguen siendo negativos para ellos. Todavía hay mucho para conquistar.

-Hay grandes sectores populares que apoyan a Bolsonaro ¿Qué sentimiento  ha logrado interpelar y qué identidad tiene su proyecto?
-En principio toda la izquierda subestimo muchísimo a Bolsonaro y se pensaba que el referente de la oposición iba a ser Geraldo Alckmin del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), ex gobernador de San Pablo y más de centro derecha. Pero fue un error. En este momento no hay centro. Algunos sectores populares sí apoyaron a Bolsonaro, pero ese respaldo tiene límites y está perdiendo apoyo. Hoy hay el mayor índice de desempleo que Brasil haya vivido, hay más de 13 millones de personas desempleadas y están previendo que para fin de año se extenderá a 16 millones. Y los empleos que fueron creados son de baja calidad e informales, del tipo de Uber. En Brasil hay un sindicalismo poco militante. Ahora se están movilizando, ya hicieron algunas movilizaciones, tres huelgas generales, por ejemplo. Existe un malestar, pero todavía muy abajo de lo que debería haber.

-¿Qué sujeto social puede ser protagonista de una tranformación social en Brasil?
-La lucha identitaria y emancipatoria de grupos es un camino de civilización, de superación de relaciones de desigualdad y opresión que existe entre nosotros. Quien tiene que empezar esa lucha son los que sufren esa opresión, discriminación singular. Esa conciencia de que no somos iguales dificulta la comprensión de la dimensión de humanidad. Cuando un líder de ese grupo dice que el impeachment de Dilma no es tema suyo, es un problema, porque se corre de lo colectivo. A veces acepto responder cosas que no sé, como una vez que me invitaron a discutir con un filósofo italiano que se pasó toda la vida estudiando y elaborando su trabajo, mientras que yo era un operador. Le dije que me gustaban sus formulaciones, pero que había una debilidad: “tú crees románticamente que los nuevos protagonistas sociales capaces de conducir una transformación son los movimientos identitarios y que la multitud es superflua. Yo creo en un espontaneísmo enorme, sé que los jóvenes van a participar, que las mujeres van a participar, pero tenemos que reconocer que no sabemos cómo transformar la sociedad”. Mujica dijo una vez que en Brasil la izquierda creó consumidores porque mejoró el poder adquisitivo de los pobres, pero no creó ciudadanos. ¿Cómo crear conciencia? Se hicieron varias investigaciones en Brasil y la mayoría de los pobres que mejoraron su calidad de vida creen que fue dios quien la mejoró; un segundo grupo cree que fueron los pastores y el tercero cree que fue por un esfuerzo individual. Y la derecha entró por ahí.

“En Brasil hay mucha resistencia, aunque dispersa y atomizada. No hay una sensibilización satisfactoria, horizontal, que permita unir a todas las resistencias”.

Juca Ferreira
Ex ministro de Cultura de Brasil

“Ahora está en crisis la democracia, los valores, incluso la perspectiva de felicidad está en crisis. No se trata solo de la conciencia política”.

Juca Ferreira
Ex ministro de Cultura de Brasil

-¿Qué grado de presencia tienen los movimientos evangélicos en Brasil?
-En Belo Horizonte, por ejemplo, casi la mitad de los concejales de la ciudad son evangelistas. En una ocasión quisieron hacer un proceso en mi contra por supuesta promoción de pedofilia y pornografía, porque no quise censurar una exposición en un centro cultural sobre cuerpos de hombres y mujeres desnudas. Hay una producción de intolerancia, de querer destruir a los que piensan distinto. Algo hay que hacer con ésto. Tenemos que crear mecanismos de defensa de la democracia y sus prácticas. Nosotros somos muy vulnerables, cualquier loco puede destruir la democracia porque no tiene estructura de autodefensa.

-¿Se puede combatir la incidencia de las fake news a través de políticas culturales?
-Yo estoy a favor de la libertad de expresión total y absoluta. Creo que hay que ampliar el nivel de conciencia e información de la gente y creo que las fake news tienen que ser reprimidas. A través de las propias tecnologías digitales se puede detectar su origen. Es parte de un conjunto de prácticas en defensa de la democracia. No se puede permitir que alguien gane la elección y llegue a la presidencia haciendo campaña con noticias falsas, eso es una paradoja, una falsificación de los mecanismos de democracia. Hay que crear una ética social para la información.

-¿Cuál es el rol de la felicidad en la renovación democrática?
Hay una música de Gilberto Gil que habla de que la felicidad de los negros es una felicidad guerrera. Ese es el concepto que tenemos que trabajar. Yo personalmente no tengo tendencia a depresión. No tengo ningún problema con la tristeza, pero ella se retroalimenta. La emergencia del individuo fortaleció mucho más esa idea de que en última instancia están buscando ser felices, tener las condiciones materiales pero también las condiciones subjetivas, las posibilidades de expresión. En la declaración de los Derechos Humanos de la ONU, después de la Segunda Guerra Mundial, ya se hablaba de los derechos culturales. Calidad de vida no es solo comer una comida sana, respirar aire puro, sino que tiene que tener otros componentes. Hay una dimensión colectiva y una individual, una dimensión material y otra subjetiva, y si no se tuviese ese referente, muchas luchas no sucederían. Eso es muy fuerte en la cultura brasileña. Los tipos son pobres, están jodidos, pero buscan ser felices. Es impresionante. Michelle Foucault estuvo en Bahía y una semana después dio una entrevista para un periódico alternativo, Boca de brasa, y dijo: “mira, yo conozco el mundo, Asia, África, el Caribe, pero nunca había visto personas pobres con tanto orgullo corporal como aquí”.

-¿Qué desafío deberá enfrentar la sociedad brasileña en los próximos años?
-Creo que en nuestros países, sociológicamente, o nosotros asumimos la construcción de una democracia estable o vamos a vivir un largo período de barbarie, donde la ley no funcione, porque el Estado de derecho no es respetado. Creo que en este momento el desafío mayor será construir en un período largo de transición, derechos e institucionalidad democrática, civilización. Eso es una tarea parecida que los socialdemócratas diseñaron. Creo que en Brasil hay un desfajase en relación a nuestra realidad y nosotros tenemos que construir porque estamos muy cerca de la barbarie.

-¿Cuándo fue la última vez que habló con Lula?
-Pocos días antes de que fuera preso. Yo estoy en la cola porque él está priorizando ver a quienes tienen posibilidades de causar una mayor repercusión en la sociedad. Sé que está un poco más radical. Él está enamorado, tiene ahí una novia. Y creo que cuando salga, aun va a cumplir un rol muy importante.