LALENGUA
Comparte!

RELACIONES CARNALES

 

Lalengua conversó con el diputado del Parlasur, Oscar Laborde, y con el historiador, Leandro Morgenfeld, sobre las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos en la era Macri

Por Sofía Solari 

“Estados Unidos jugó un rol clave para sostener al gobierno de Macri dado que permitió un giro a la derecha en la región”, opinó en conversación con Lalengua Leandro Morgenfeld, doctor en historia y autor de varias publicaciones, entre ellas su más reciente Bienvenido Mr. President: De Roosevelt a Trump: Las visitas de presidentes estadounidenses a la argentina. Para el académico, el triunfo de Mauricio Macri en 2015 alentó a la oposición en Venezuela, a los sectores golpistas en Brasil, que produjeron también la destitución parlamentaria de Dilma Rousseff en 2016, e hizo que Rafael Correa desistiera ir por un nuevo mandato y en su lugar eligiera a Lenín Moreno, quien finalmente cortó relación con el ex presidente ecuatoriano. Durante estos años Colombia también sufrió el coletazo derechista con el NO al referéndum de los acuerdos de Paz y la victoria de Iván Duque, como así también fracasó el plebiscito de Evo Morales en 2016.  A esto se le sumó la victoria de Sebastián Piñera en Chile.

El arribo de Macri a la Casa Rosada fue visto en Washington como una oportunidad para tener un aliado en América Latina que vaya poniendo a punto el patio trasero. Casi cuatro años después, luego de la brutal derrota el 11 de agosto en las PASO, todo indicaría que el líder de Juntos por el Cambio defraudó a su amigo Donald Trump. Según una reciente nota de Clarín, el mandatario de la Casa Blanca habría conversado con Macri después del anuncio del paquete de medidas económicas de la semana pasada. Pero en público, el presidente tuitero no le regaló ni 140 caracteres de aliento. “Macri era un triunfador y se ha transformado en fracasado”, dijo Mirtha en su cena del sábado por la noche. El único aliado que le quedaría a Estados Unidos a partir de octubre, sería el mesías Jair Bolsonaro, aunque ni la economía ni el electorado le auguran un buen camino. Una encuesta de Datafolha publicada este lunes arroja que el capitán jubilado cuenta con el rechazo del 38 por ciento del electorado y sólo lo aprueba el 29 por ciento. 

Macri empezó su gobierno con un fuerte apoyo del entonces presidente Barack Obama, que vino a la Argentina en marzo de 2016 cuando se cumplieron casi 11 años de última visita de un presidente de Estados Unidos. El viaje de Obama desató profundas críticas, sobre todo de las organizaciones de derechos humanos, porque estaba programado para el 24 de marzo. Como consecuencia de las movilizaciones populares, la Casa Blanca cambió el itinerario y el demócrata visitó Buenos Aires un día antes. Ocho meses después, pese a que puso sus fichas a Hillary Clinton, Macri retomó su buena relación con Trump, a quien conocía desde joven por negocios que ambas familias tenían en común. Además, fue el segundo presidente latinoamericano en ser recibido en abril de 2017 en la residencia presidencial de Washington por el nuevo presidente. 

Morgenfeld fue categórico al explicar que Macri asumió haciendo un diagnóstico errado que apuntaba a que Argentina estaba desconectada del mundo. Un argumento que sirvió para promover como necesaria una vuelta a las relaciones privilegiadas con el gobierno de Estados Unidos, pero también con las principales potencias europeas. “Ese es el mundo al que consideraban incluirse. La idea era que con una buena relación con esas potencias, con los organismos internacionales y con la firma de tratados de libre comercio, Argentina iba a transformarse en el supermercado del mundo. Es decir que íbamos a exportar más, a tener mejor acceso al crédito y que iba a llegar la lluvia de inversiones. Pero, por el contrario, ninguna de esas tres cosas se produjo”, explicó. 

El diputado del Parlasur, Oscar Laborde, coincidió con Morgenfeld en su diálogo con Lalengua, al sostener que durante los últimos tres años y nueves meses en la relación bilateral entre Estados Unidos y Argentina, Macri sólo consiguió exportar limones y un crédito stand by del FMI por 57 mil millones de dólares, que ni siquiera alcanzó para evitar el default de parte de la deuda pública. Todo esto, ¿para qué?, ¿por intereses comerciales?, se preguntó Laborde y respondió: “No, no es así. Estados Unidos nos vende seis mil millones de dólares y nosotros le vendemos tres mil millones. Argentina es, además, uno de los pocos países con el cual Washington tiene superávit. Y esto acaba peor porque encima nos han puesto un arancel a la exportación de biodiésel que nos impide que vendamos 1.200 millones de dólares. Sí, nos aceptaron las importaciones a Estados Unidos de limones por 50 millones, que es muy bueno para los productores tucumanos, pero está claro que la diferencia entre lo que dejamos de exportar y la posibilidad de exportar 50 millones en un negocio malo”, inconveniente para nosotros, pero estratégico para Estados Unidos. 

En esta línea, Laborde explicó que la vuelta al patio trasero hay que leerla a luz de la guerra comercial con China. En 2013 Estados Unidos decidió que Rusia no sería más su enemigo estratégico y en su lugar ubicó a la potencia oriental. Desde entonces, agregó Laborde, Estados Unidos aceleró el ataque contra las fuerzas populares en América Latina para contar con la región en una alianza política, comercial y hasta militar que lo ayude en su enfrentamiento con Beijing. “Disponer de la biodiversidad y del agua potable que hay en América es mucho. Y sobre todo disponer de la segunda reserva de petróleo del mundo, que está en Venezuela”, explicó el parlamentario. 

Para lograrlo, Trump tiró toda su artillería. Fue una voz clave en el Directorio del FMI – en donde tiene un enorme peso dado el tamaño de la economía estadounidense- para lograr que Argentina recibiera el préstamo más grande la historia y presionó en los últimos meses a aquellos países que no estaban de acuerdo para que el organismo siguiera desembolsando los pagos.  Además, envió a parte de su gabinete a Argentina, como fue el caso del ex secretario de Estado, Rex Tillerson, que vino en el marco de una visita por la región y en la que no perdió oportunidad de encontrarse con Macri y el canciller, Jorge Faurie, para aplaudir “el rumbo de la economía”, y conversar medidas para Venezuela. De la misma manera lo hizo Mike Pompeo en julio de este año, a quien Macri recibió para estrenar el decreto que declaró a Hezbollah como una organización terrorista. También pasó unos días por el país el jefe del Pentágono, James Mattis, con una agenda para fortalecer alianzas militares y restringir la influencia China. 

A pesar de estas muestras de apoyo, después de la derrota del oficialismo en las PASO, hubo varios días de silencio en Estados Unidos. Recién la última semana de agosto, en medio de la crisis financiera y mientras el equipo económico de ambas partes tenía reuniones con el FMI, un vocero del Departamento de Estado afirmó al diario La Nación: “Estados Unidos espera continuar nuestra sólida asociación con el pueblo argentino y su liderazgo electo, sea cual fuera el candidato que el pueblo argentino elija como su próximo presidente”. “Una declaración que da cuenta de cierta perspectiva realista que ven que es casi imposible que Macri sea reelecto y que por tanto tienen que construir un vínculo con el que probablemente sea el nuevo gobierno”, opinó Morgenfeld. Un indicio similar vino del vicepresidente de Brasil, el general Hamilton Mourao, en un discurso que ofreció frente a la Asociación Comercial de Río de Janeiro, el 30 de agosto: “Es obvio que nos gustará que el presidente Macri, quien tiene una relación muy buena con nuestro gobierno, venciese en la elección. Pero hay indicios muy fuertes de que la victoria será de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner”.

Como explicaron ambos expertos en política exterior, el alineamiento incondicional, “ideologizado”, en palabras de Laborde, no tiene ningún rédito para Argentina. En suma, el diputado del Parlasur señaló que hay muchos acuerdos comerciales que no están siendo fructíferos por impedimento de Washington. “Podríamos disponer de ayudas financieras, en particular en swap hay 19 mil millones de dólares esperando que no se han firmado porque Trump no quiere que tengamos acuerdos con China”, explicó. En el último tiempo, Estados Unidos perdió poder en Europa, su aliado Bolsonaro tuvo un ácido enfrentamiento con el presidente francés, Emmanuel Macron, por los incendios en el Amazonas y también está perdiendo la disputa de poder con China sobre Australia. América Latina todavía está ahí, pero la última elección local puso en discusión uno de los pocos apoyos incondicionales que le quedan para enfrentarse a la potencia oriental.