LALENGUA
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“SE ESTÁN PROTOCOLIZANDO TODAS LAS RELACIONES”

La psicoanalista Alexandra Kohan conversó con Lalengua sobre las consecuencias de cuestionar ciertas “doxas” del feminismo. La autora de «Psicoanálisis: por una erótica contra natura» propone valerse del concepto lacaniano de goce para pensar el rol activo del sujeto y evitar la esencialización de sus posiciones. 

Por Ariadna Dacil Lanza y Pilar Molina | Fotos: Sofía Solari

“¡Vení vos a ser objeto de la crueldad de una masa!” le contestó Alexandra a quien en su círculo íntimo buscaba reanimarla y minimizar el puñado de agravios que recibió luego de una entrevista publicada en revista Panamá. ¿Tendrá un costo tan alto tomar la palabra en la escena pública? La misma intervención de la psicoanalista le valió mensajes de apoyo. ¿Serán estos alicientes suficientes para no tirar la toalla? Y si hay malos entendidos aún en el debate con una escucha atenta que no anula al otro, y si -según Lacan- la comunicación no existe ¿cómo seguir tomando la palabra? “¿Qué podés hablar con alguien que dice que yo defiendo violadores?”, pregunta y sostiene “Si hay un debate posible, demosló”. Entonces ¿hay un debate posible? Alexandra esboza algunas fórmulas de contención para partir desde algún consenso. «Hola que tal, no estoy a favor de la violencia de género, no apoyo violadores. Ahora sí ¿arrancamos?», pregunta en la primera clase que da cada cuatrimestre en la Facultad de Psicología de la UBA. Lalengua se sirvió de la contienda pública -que sin ser vox populi atravesó clusters en redes sociales y medios de comunicación- para dialogar con Alexandra acerca de cómo enfrentar la “necedad de lectura” y el cuestionamiento a ciertas “doxas” –por estos tiempos una de sus obsesiones-, su propuesta de entender la lectura como un “acontecimiento”, la importancia de no esencializar a las víctimas y el concepto goce para pensar el rol activo del sujeto.

-¿Por qué crees que tus intervenciones vienen generando estas reacciones?

-Mi posición no es nueva, vengo hablando de esto públicamente hace mucho tiempo. Quedó confirmado por los efectos que toqué un dogma y ciertos feminismos se pretenden muy dogmáticos. A su vez toqué una doxa, algo que podría ser beneficioso para pensar porque en general la doxa impide pensar, pero a la vez el primer efecto de esto es de inquietud y extrañamiento, porque es como si te sacaran una alfombra en la que estás parado, y se caen las referencias a las que mucha gente está totalmente agarrada, como por ejemplo la idea de “responsabilidad afectiva” o “mi cuerpo es mío”. Creo que se están protocolizando todas las relaciones y si bien el efecto de protocolizar las instituciones con relación a la violencia de género fue un avance muy bueno del feminismo, el problema es cuando ya nadie puede pensar una relación sexo-afectiva sin la violencia en el horizonte. Entonces se piensa que todas las relaciones están amenazadas y pueden en algún momento incluir violencia, siempre del hombre hacia la mujer. Esta esencialización de las posiciones es violentísima en cualquier ámbito y me llama la atención cómo ese discurso se termina tocando con otros más reaccionarios. Porque ya sé qué esperar de una esencialización que venga del discurso de Bolsonaro, que dice «los putos son enfermos», pero que venga del feminismo, que se diga «las mujeres son buenas y los hombres son unos hijos de puta» o “potenciales violentos en cualquier momento”, no me parece.

-Hay un fenómeno de reinterpretación en las redes. Por ejemplo en el contexto del debate Thelma Fardín-Juan Darthes, definiste a los violadores como canallas, pero agregaron un “solamente” y eso cambió el sentido.

-Dije canalla porque un canalla es una persona de porquería. Mi posición es clara, yo no defiendo violadores. Otra cosa que no funciona es la lectocomprensión. Yo no estaba hablando de Juan Darthes, estaba hablando de que no privemos a una persona de 16 años a que habite su sexualidad. Dije -algo que además dice Rita Segato- si para defender a alguien, a una víctima, la tenes que desexualizar, es un tema. Porque el problema no fue la edad, fue el lugar de Darthes, el lugar de abuso de poder.

-¿Crees que se te lee como si no hablaras del contexto, de la desigualdad más macro, cuando tu propuesta parte de ese consenso (“no defiendo violadores”, “no estoy a favor de la violencia de género”) para después hablar de que el sujeto tiene algún margen de acción?

-Eso es lo que quiero decir y lo leen al revés, ellas victimizan a la víctima, no yo. Yo estoy diciendo la víctima es víctima, pero la victimización es otra cosa. La coagulación en el lugar de víctima es dejar a la mujer sin posibilidad de nada, es un «listo ya está». Yo digo todo lo contrario. La repetición no es mala suerte, porque sino estas en manos del destino, o del patriarcado. Incluso en la entrevista [en Panamá] no estaba hablando de casos de violencia de género, estaba hablando de problemas cotidianos de relaciones de todos días, de las más neuróticas por decirlo de algún modo, del «me dijiste, no me dijiste, me viniste a buscar, etc», del ghosteo y de esas cosas no de la violencia de género. Es como si tuviera que aclarar todo el tiempo, pero bueno, sí hace falta aclarar.

-Ya a fines de los ‘40 el existencialismo de Simone de Beauvoir reconocía que en toda relación de opresión hay algo del oprimido ¿no hay algo de eso?

-Sí, pero no se puede decir eso porque sino te dicen que responsabilizas a la víctima. No. La víctima es víctima pero podría tomar la palabra y pensar algo de esa posición sino construimos una nueva esencia que sería la víctima.

-Esa esencia ¿impide a la persona ser otra cosa?

-¿No es un modo de silenciar también ese?

-¿Te parece que hay ciertos discursos sobre la mujer y el goce que tienen una mayor permeabilidad que aquellos que mencionas en tus intervenciones?

-Todo el tiempo aparecen contradicciones y por eso es interesante lo que está pasando. Casi la misma persona que dice feminismo del goce, se sorprende que yo diga ‘Thelma Fardin no es una nena’. Pero ¿en qué quedamos? Yo tengo 48 años, en mi adolescencia si una tenía sexo a los catorce o quince era una puta y si un varón tenía sexo era un machito, y si tardaba era puto. Entonces ¿vamos a reproducir eso? ¿de verdad van a decir a qué edad puede empezar a coger una piba/mujer? ¿por qué? Obviamente estoy hablando de alguien que quiere, no de alguien a quien abusan. Se confunde mucho abuso de poder con violación, asimetría, acoso. Me parece que todas las relaciones están concebidas con el abuso en el horizonte, todas.

-¿Tiene que ver con que el movimiento feminista está en una especie de «momento de emergencia» y que está en proceso de pensarse a sí mismo? 

-Supongamos que no es el momento para pensarse como movimiento ¿cuál es? Porque mientras tanto se avanza y se perjudican personas. Los adolescentes están realmente muy perjudicados y no solamente ellos. ¿Cuándo intervenir y decir «che, paremos un minuto a pensar»? Esa fue otra crítica que recibí: que yo intervengo desde el escritorio, como si la posición de alguien que realiza un trabajo intelectual no fuera algo necesario. Es un modo de ningunear todo lo que puedo tener para decir. Todo el tiempo se trata de ningunear la palabra del otro, de arrasar con la diversidad de opiniones. Por otro lado, a veces -no siempre- hay un pegoteo entre la militancia y el pensamiento. Militar no es pensarse como movimiento. Está bien que militen, pero por qué saltarle a alguien que está dispuesto a pensar algo en un punto de corte respecto de eso. Una respuesta que encuentro muy rápidamente -y cuando es muy rápida es para sospechar- que dice «bueno, es un momento de efervescencia y va a haber excesos» ¿Qué quiere decir? ¿Vamos a dejar a los varones escrachados porque va a haber excesos? A mí no me parece. Yo espero del movimiento feminista que no haga lo mismo que hizo el machismo en su momento, que no encierre a ninguna persona, que no oprima, que no tenga excesos. Yo creo que es posible.

-Rita Segato también alerta sobre los riesgos de no pensarse, aún en la “ebullición” se tiene que poder hacer una reflexión de sus prácticas.

-Para mí también es obvio pero no está ocurriendo, hay una militancia de la cosa sentimental y de la sororidad, de estamos juntas, de la unidad que no es muy distinta al discurso macrista cuando dice «estemos todos juntos», unidos y vamos para adelante. Yo encuentro muchas resonancias ahí complicadas.

-¿Lo decís en términos de «Fascinación»? 

-Si, la fascinación es un punto de parálisis. Hay una especie de fascinación por haber tomado la calle por primera vez y no me refiero a las adolescentes, que obviamente es la primera vez que toman las calles y eso es lo que más celebro, que entren a lo político por el lado del feminismo. Estoy hablando de personas más grandes, de mi edad, que de golpe descubrieron la militancia, y mientras más temprano llegas a eso más levantas el dedo, porque hay un gran moralismo. Hay militantes de género en mi facultad que dicen que no puedo hablar porque no tengo treinta años de saber y solo pueden hablar ellas. Es la relación del saber y el poder.

-Se reivindica la voz del adolescente pero a la vez se dice que tenes que saber para hablar

-Es un problema pero quedó muy evidenciado en esta discusión que hay quienes levantan el dedo y dicen quién puede hablar y quién no. Ese polo del feminismo es muy identificable. Personas que mandan a silenciarme, piden censura, que me saquen la matricula, denigran, te mandan a estudiar. No saben cuáles son mis lecturas pero suponen que no tengo ninguna, y aún suponiendo que no tenga mis lecturas ¿por qué yo no podría hablar? ¿desde qué lugar se intenta silenciar al otro? Ahí está lo más complicado porque es un discurso del saber articulado al poder, al poder de la universidad, nada menos, que es la hegemonía del saber en ese punto.

-El goce en sentido lacaniano ¿cuán importante es para estas discusiones?

-Es muy importante si podemos sacarnos el prejuicio de suponer que el goce es que alguien hace algo que lo tortura, que le hace mal pero le gusta. Eso es una mala lectura del goce porque la persona la pasa pésimamente. Es la pulsión freudiana, entonces me pregunto ¿de verdad vamos a seguir pensando sin tener en cuenta la pulsión? O sea el sujeto no tiende a su propio bien. Freud dice que todo el mundo anhela con terminar con la vida alguna vez, dice «si no nos suicidamos en masa es porque somos neuróticos y no queremos llegar tan rápido a nuestros objetivos». Ahora ¿uno hace de eso un estilo de vida y dice ‘qué me importa total es todo un sinsentido’? No. Uno piensa, el goce tiene que ver con el placer en el displacer, el placer no quiere decir que te gusta, porque ahí está separado el Yo del sujeto. Entonces cuando todo se pretende subsumir en el Yo ahí empiezan a surgir los problemas.

-¿En qué sentido es fundamental?

-El concepto del goce es fundamental para que pensemos el lugar activo de alguien. Yo soy parte de ese entramado entre el otro y el sujeto, lo que no quiere decir ni que soy culpable, ni que soy responsable, ni que soy la causa. Insisto, el goce es justamente el lugar activo porque la pulsión es siempre activa, y eso no tiene que ver con la causa, no es que yo causo que el otro me pegue o que el otro me cague, no quiere decir que yo sea responsable, porque eso sería reproducir el discurso del tipo que le pega a la mina y le dice «vos te lo buscaste». No estamos diciendo eso. Sería una canallada. Ahora si nosotros somos capaces de distinguir eso, la potencia es enorme. ¿Por qué alguien no puede salir de una situación de opresión, de violencia? y ni siquiera hablemos de casos de violencia sino también en una situación cotidiana, en una en la que se tarda para decidir separarse y poder armar otra cosa con una nueva pareja, poder dejar de repetir, porque como decíamos la repetición no es mala suerte, porque eso es dejar al sujeto inerme, sin posibilidad de hacer nada, en manos del destino, en manos del Otro. En análisis, si alguien la está pasando tortuosamente, se intenta desentramar algo muy complejo que no es fácil, que no tiene ver con decirle al paciente «usted jódase, usted es responsable» sino de ver qué tipo de cuestiones se están jugando para que alguien se quede o «quiera quedarse pero se va» como dice Charly. Son modos de goce. Entonces ¿porque se fiscalizan los modos de gozar?

 

"El concepto del goce es fundamental para que pensemos el lugar activo de alguien. Yo soy parte de ese entramado entre el otro y el sujeto, lo que no quiere decir ni que soy culpable, ni que soy responsable, ni que soy la causa. El goce es justamente el lugar activo porque la pulsión es siempre activa"

Alexandra Kohan
Psicoanalista

-Has hablado de «euforia identitaria» como construcción de masa, como formas de abordar la política y lo político ¿cómo pensas esos momentos políticos muy fuertes que están en el límite entre la identificación eufórica y una construcción colectiva que admite una falla?

-Exacto, es la diferencia entre la masa y lo colectivo. Cuando yo digo euforia digo la euforia identitaria, no la euforia de la masa solamente, pero sí me parece que hay un punto de identificación en esa especie de sororidad que deja afuera cualquier cosa que venga a mostrar el corte, el agujero, la falla, que además a esta altura es renegatorio. Lo que produce la masa es en principio una homogeneización de un nosotros que es totalmente artificial y me parece que el problema principal de los efectos de masa -que se comprobaron con todo esto que paso- es la segregación del otro, de lo radicalmente otro. Esto por supuesto que excede al feminismo. Lo que pasa es que yo esperaba que no funcionara en el feminismo. De todos modos hay muchos feminismos y hay feminismos en los que lo colectivo funciona de otra manera y no por el lado de la masa. Los escraches van en esta línea. Hay diferencia está entre discutir un texto y meterse con alguien. Con mi texto no quiero decir que fue conmigo aunque fue personal. Cuando me amenazan con que me van sacar la matricula, es fascismo. Ahí se cuelan los efectos de masa, que quizá hasta esos momentos uno no se da cuenta, uno advierte que ahí hay una masa cuando aparece algo que genera un avance directamente. Es un intento de aniquilación del otro, silenciamiento, «sáquenla», cancelenla, silencienla. El estado de cosas, el microfascismo, es no soportar radicalmente, no soportar la otredad, que incluso nos habita a cada uno de nosotros, la alteridad está en uno, no afuera. Pretenderse autónomo, autopercibirse total, sin fracturas, -no es casual el término «auto», sin ninguna mediación- es pre freudiano a niveles alarmantes.

-Hablar de las adolescentes verdes como si ya fueran constituidas en una nueva ideología ajena al neoliberalismo ¿es hablar desde un discurso del “yo pleno”?

-Sí, es el yo pleno autónomo, el empoderamiento y de efectivamente de una identidad autónoma de las condiciones sociales e históricas, como si ya estuviera garantizada una generación de chicas verdes, entonces todo lo demás no importa. A mí me levantan el dedo chicas que viven en una casa con mucama pagada por un padre. Eso es raro, digo, la posición desde la que alguien asume un discurso. También se dijo que mis intervenciones tuvieron repercusión por mi marido -porque siempre hay un hombre- y además me criticaron porque soy blanca, burguesa, cis, con educación superior…¡Ah! ¿está mal que fui a la universidad? Hay mucha mezcla, ni yo tengo la capacidad de analizar qué es este tipo de impugnación.

-Recientemente dijiste: “el feminismo que me interesa vehiculiza reivindicaciones a contrapelo del neoliberalismo” ¿crees que una parte del feminismo no va en la misma línea?

-El anuncio de la fórmula Macri-Pichetto, bancada por un feminismo donde el paradigma es Silvia Lospennato, una diputada que había votado la Reforma Previsional, me parece impresionante y ahí es donde ubico la euforia de la identificación. Es el monotema aborto donde hay una supuesta mismidad -“estamos en la misma”- hay una euforia masiva respecto de un ideal que es el aborto (en el lugar del ideal no digo que el aborto sea un ideal). Vi mujeres llorando de emoción con Lospennato, yo decía pero es Lospennato, es Macri, está vaciando todo, está produciendo un montón de mujeres pobres que se van a morir de hambre, y también ¿son solo las mujeres lo único que importa? Por lo pronto, cómo se instaló la legalización del aborto como el único tema que importa es muy raro porque es casi como que quieren que salga el aborto para decir “lo logramos nosotras”, es como una cosa narcisista de victoria, de épica ¿No se puede militar la legalización del aborto sin tanta épica? No me desvela que me digan feminista, pero no se puede suponer que porque una se dice feminista ya está y no tiene que revisar entonces sus prácticas. Para mí por ejemplo feminista mantenida por el marido es un oxímoron enorme porque la autonomía económica de la mujer, la emancipación económica de la mujer es una cuestión fundamental que en este feminismo no se está tocando.

-Ahí juega la paridad

-¿Ustedes vieron mucho la consigna “a igual trabajo igual remuneración? Lo tenes que ir a buscar a algún grupo que dice las mujeres no ganan mucho. Algo que me parece muy bueno de Florencia Angileta cuando dice que las mujeres son las que reciben el llamado de la escuela, la que se encarga de los cumpleaños de la familia, y ahí hay un poder. Yo conozco muchísimas mujeres que haciendo eso tiene poder sobre el marido. ¿Vamos a discutir en serio o vamos a chicanear? Mi vida feminista tiene que ver con otra cosa.

-Desde el surgimiento de Ni una menos a hoy ¿no hay un avance hacia otras reivindicaciones como la del aborto? o incluso “No al G20” o no pago al FMI

-Sí, cuando hablo no estoy generalizando que todo el feminismo es eso, sino que estoy discutiendo con las posiciones que no incluyen la reivindicación de la equidad salarial, que no incluyen la articulación con la política, que hay mucho y que es el feminismo llamado mainstream, hegemónico, que a su vez es el que está dispersando su evangelización. Yo no veo que muchas feministas vayan a hablar de la equidad salarial al Buenos Aires.

-Pasar de “no nos maten” a debates sobre la ESI por ejemplo, ¿es una cuestión de etapas?

-Eso yo no lo puedo decir porque no soy una estudiosa de la historia del movimiento feminista sino que estoy tratando de leer discursos y sentidos que se van coagulando. Me parece que no es tanto las temáticas que se van abordando sino la enunciación con la que abordan porque por ejemplo con la ESI (Ley 26.150 de Educación Sexual Integral) ¿está discutido qué vamos a meter ahí? ¿te metes con el cuerpo del otro desde el Estado? Suena a biopolitica. Porque que le enseñen a los chicos a cuidarse, o sobre las enfermedades de transmisión sexual, o a distinguir cuándo es abuso, cuándo es acoso, y demás sí me parece, ahora que le enseñen a besarse no me parece. Ahí también noto como una especie de pedagogía que termina teniendo el efecto -no digo que sea su intención porque las intenciones son las mejores y ya sabemos lo que quiere decir eso- pero a veces no pueden parar en un estadio anterior. Insisto, siento que se están intentando protocolizar todas las relaciones.

-Por ejemplo con el piropo ¿se bloqué su posibilidad? 

-El piropo, no el acoso callejero, me parece bien. ‘Estas para casarte’ me dijo uno el otro día. Ya sé que estoy para casarme, me casé tres veces (risas) ¿Por qué el ¡No me hables! si estamos en una ciudad, circulamos…?

-¿El problema no es justamente que las mujeres no “ejercemos” esa toma de la palabra? 

-¿Pero por qué no la tomamos? Tomemosla.

-Ese orden existe actualmente, y podemos cuestionarlo diciendo que exista más igualdad en caso de que las mujeres quisiéramos hacerlo y no diciendo “no más piropos”

-Sí, sino sería pasivizar de nuevo a la mujer, y el asunto parece ser que a la mujer no se le puede hablar ¿Por? Hice un experimento una vez en Twitter en medio del debate ‘piropos sí o no’ y salió muy bien. Puse ‘¡Ay no puedo creer lo que me acaba de pasar, me piropeó una mujer. Es la primera vez en mi vida’ y todas preguntándome ‘¿qué te dijo?’. Dije: ‘No lo puedo reproducir porque me da pudor porque fue un poco subido de tono’ y me decían ‘¡Contanos, contanos!’ Si paso al lado de una mina y me dice ‘te quiero chupar…’ tampoco es muy agradable. Nadie se espantó porque una mujer me dijera un piropo. Ahora sancionar a los obreros a mí no me parece. ¿Anulamos todo sin ningún matiz? ¿Cómo es el acoso callejero? que un tipo te siga en la calle, y obviamente nadie quiere eso. Después pasar por la calle y que alguien te diga algo no es acoso.

-El tema es cuando se torna algo diario en la vida de una mujer, y no es igual para los hombre

-Saberse objeto del deseo del otro no es lindo, no se banca así nomás. Vos le estás diciendo al otro “no me hables porque no me banco saberme objeto de deseo del otro”, “no me quiero enterar cómo suscito deseo…” (silencio) en alguien que a vos no te gusta, porque sí, querrías enterarte que le suscitas deseo a alguien que sí te gusta ¿o no? Objeto lo digo bien, no como que me tomen como objeto. Lacan dijo una vez no entiendo por qué se quejan de ser objeto ¿quién les dijo que ser sujeto es mejor? (risas) Objeto en el sentido de Roland Barthes, del amado, del deseado, en el sentido de causar el deseo del otro. Eso no es algo que se pueda soportar así nomás. Es difícil. Tiene que ver con tantas cosas, que uno a veces quiere, a veces no quiere, pero de ahí a sancionar a un obrero que -te dice adiós preciosa, no otra cosa- no me parece.

 

-¿Los pacientes traen otras temáticas, inquietudes o ves diferencias en el análisis desde que el feminismo está más presente?

-Lo que hay es por momentos cuestiones superyoicas, lo que corresponde hacer o no corresponde. Aparecen mandatos. En ese punto es un discurso muy yoico y que se desarma muy rápido. Noto más culpa cuando alguien tiene una conducta condenable desde esos discursos pero no más que eso. En el análisis uno entra como en otras dimensiones, las coordenadas de tiempo, espacio y realidad queda todo un poco suspendido. Entre la atención flotante y la asociación libre se arma como una cosa un poco narcótica. Yo diría que acá es en el único lugar donde está permitido que sucedan otras cosas, no es obligatorio hacer pasar todo por ahí y yo no estoy en el lugar de juez. Por eso la pregunta del psicoanálisis con perspectiva de género me hace un poco de ruido porque el psicoanálisis es justamente un lugar que no es de condena ni es un lugar de pedagogía ni de nada. Entonces me pregunto cómo escucharía la perspectiva de género situaciones que condenaría? No sé. Ahora aclaro, no es que yo escucho «me violé a una mujer» y yo digo «a ver ¿con qué lo asocia?» ¡No! Estamos hablando de situaciones distintas.

-Los perversos no suelen ir a analizarse ¿cierto?

-Claro, los perversos no vienen a análisis porque están cómodos en su posición. Ahora, eso no significa que la sexualidad no sea perversa, polimorfa. Otra cosa interesante es el lugar de la fantasía, un lugar que está completamente arrasado, ya no se puede tener fantasías. Alguien viene con una fantasía condenable desde el feminismo y qué le tengo que decir ¿‘Ustedes no pueden fantasear eso’?. Entonces la fantasía es un gran lugar para pensar todo esto ¿qué lugar tiene la fantasía en estos discursos?

-Hay lugares donde decís «soy analizante» y te dicen «¿te pasa algo?»

-Lo que pasa es que para comprender el psicoanálisis no hace falta ir a analizarse, es decir yo no estoy diciéndole a la gente «vayase a analizar» estoy diciendo que el inconsciente es un hecho de la cultura, o sea no es que tenes que hacer análisis para tener conocimiento de ello.

"Se están protocolizando todas las relaciones y ya nadie puede pensar una relación sexo-afectiva sin la violencia en el horizonte"

Alexandra Kohan
Psicoanalista

"La repetición no es mala suerte, sino estás en mano del destino o el patriarcado"​

Alexandra Kohan
Psicoanalista

-¿Cómo los feminismos se pueden servir del psicoanálisis y al revés, cómo el psicoanálisis se puede servir del feminismo?

-Con el psicoanálisis pasa lo mismo que con el feminismo, no es uno solo, hay una cantidad de disputas al interior del psicoanálisis. Es una relación que no está dada. No digo hay que buscar el medio, para nada, digo que a la relación hay que interrogarla, construirla –si es que hay que construirla-, pensarla porque los psicoanalistas nos la pasamos diciendo no hay relación sexual, no hay complementariedad, bueno esta es una relación más que hay que ver de qué modo articularla, va a haber convergencias y divergencias. Sí me parece que hay muchísimo prejuicio en relación al psicoanálisis, en general la gente que habla de psicoanálisis no sé qué quiere decir eso que dicen que es. Que Freud era heterosexual ¡y sí! Freud puso a la histeria en un lugar que no la había puesto nadie en toda la historia, le dio palabra como nunca nadie se la había dado. El problema es pensar que es peyorativo. La histeria no es una enfermedad, ni es una patología. Después está la cuestión de cómo se lee a Freud, cómo lo leyó Lacan, y cómo uno los lee o a cualquier autor y que también los modos de leer pueden hacer del psicoanálisis un dogma o no. Hay un autor que dice que “el dogma es lo que prohíbe leer”, entendiendo a la lectura como justamente un lugar para cuestionar sentido, como un acontecimiento y no como mera reproducción de lo que ahí se dice.

-Si se lee a Freud desde ahí sonaste

-A veces veo la envidia del pene, y no quiere decir eso que dice. Entonces es un problema leer a Freud de un modo literal –por decirlo suave- además se lee con mucho prejuicio. En la Facultad de Psicología hay un grupo de feministas que se está pidiendo que no se lea más a Freud, y a Lacan porque dice “la mujer no existe”, si es así yo quiero salirme de ahí.

-No podríamos leer nada

-Pero eso es una mala lectura, un anacronismo muy berreta. Decir que Freud era misógino, cuando no lo era. ¿Qué relación, qué interrogantes podemos construir entre feminismo y psicoanálisis? El cuerpo, la pulsión, el amor ¿Por qué estamos llenos de prescripciones? Eso es lo que el psicoanálisis viene a cuestionar en general, cuestiona las prescripciones de cada uno de nosotros. El psicoanálisis es emancipador, no es una práctica individual, es un práctica social. No producimos una industria de cínicos, al menos no el psicoanálisis que a mí me interesa. Que hay psicoanalistas cínicos, sí está lleno, que producen eso en sus pacientes sí, está lleno. Sí, hay y los vamos a cuestionar. Alguien está a favor de la violación ¿No? Bueno entonces podemos hablar del amor. Yo no soy muy diferente como psicoanalista que como en mi vida personal. No digo que lo que hago en el consultorio es lo que hago en mi vida personal porque eso es justamente lo que quiero discutir. Pero un psicoanalista es el efecto de su análisis entonces lo que yo puedo pensar del psicoanálisis también lo pienso como efecto de mi propio análisis, no de mis problemas, sino como un modo de pensar y de leer. ¿Qué es el psicoanálisis? Es una terapia, no. Es una teoría, no. Es una praxis, bueno qué quiere decir. El psicoanálisis es una máquina de lectura, después si ahí adentro le pones una cosa u otra es más complicada. Lo que mejor hace el psicoanálisis es sospechar de lo dado y de lo naturalizado. Por eso creo que lo que pasó [con la repercusión de la entrevista] fue efecto no de mí, ni de lo que dije estrictamente, sino de la potencia del psicoanálisis como discurso en la cultura. Hoy después de cuantos años sigue siendo subversivo. ¿El psicoanálisis es decir lo que dijo Freud? No, cuando yo hablo, hablo atravesada por el discurso del psicoanálisis, en eses sentido soy efecto de ese discurso y de esa práctica que atravesé como analizante.
Hay dos páginas del Seminario 5 de Lacan que siempre les digo a los estudiantes de la materia de la UBA donde soy docente: “arránquenlas, rómpanlas o táchenlas”. Está todo mal lo que dice de los homosexuales ahí. Podemos decir «esto está mal» eso es leer hoy a Lacan. Porque también están los colegas que me dicen «está siendo irónico ahí» y la verdad yo me lo pregunto pero no sé. Yo leo a Lacan interrogándolo, él mismo dice que quien lo leía sabia interrogarse y leer es eso, mi tesis es sobre la lectura justamente porque para mí la lectura es fundamental y la doxa es la clave. Hay muchos psicoanalistas que leen pésimamente o no leen sino que reproducen, jergas, etc. Con el revuelo de la nota este tipo de operaciones de lectura se pusieron a funcionar, o que tipo de operaciones de lectura no se pusieron a funcionar porque no hubo lectura estrictamente hablando hubo prejuicios y muchas lecturas de gente a la que sí le interesó debatir.