LALENGUA
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DE(RE)CONSTRUIR EL AMOR

El psicoanalista, escritor y especialista en amor y parejas Oscar De Cristóforis conversó con Lalengua sobre el amor en el neoliberalismo, los distintos feminismos, la deconstrucción del amor romántico y las posibilidades de reinventar los vínculos en un contexto sociocultural cada vez más individualizante. «El amor como práctica social sufre las mismas características que sufren otros fenómenos culturales.  Una ideología como el neoliberalismo socava lo común, hace que no sea valorado como fue en otras épocas», sostuvo. 

Por: Emiliano Benito Montelongo | Fotos: Melisa Molina

“¿Qué amor se puede hacer teniendo incertidumbre, inseguridad – laboral, para manejarte en la calle, saber si vas a poder comer al otro día o si vas a perder tu departamento -, desamparo porque se rompen los lazos sociales y las familias cada vez se atomizan más?”, se preguntó en diálogo con Lalengua el psicoanalista Oscar De Cristóforis. El autor de los libros Amores y Parejas en el Siglo XXI (2009); Cuerpo, vínculo y lenguaje en el campo psicosomático (2006) y Pensamiento Vincular: un recorrido de medio siglo (2004) comenzó su experiencia como analista atendiendo chicos, pero al poco tiempo se dio cuenta de que el problema era otro: sus padres. Más aún, los padres como pareja. Desde la década del setenta atiende parejas. Aunque admite que este tipo de análisis no puede reemplazar lo que se genera en el dispositivo individual, cree que a través de éste es posible otorgar herramientas que logran mitigar el dolor y encontrar algunas salidas a lo que se vive como malestar en la pareja. En su consultorio ve cómo los problemas sociales tienen su eco en el amor y cómo éste convive de manera simultánea con múltiples discursos que muchas veces son contradictorios. En el contexto neoliberal, advierte, la incertidumbre y la inseguridad provocan que “las características de unirse un hombre con una mujer, o dos hombres o dos mujeres, sean cada vez más difíciles. Y si a eso le unimos que por estructura no hay relación sexual, ¡estamos fritos!”.

-¿Cómo se puede abordar un tema tan complejo como el amor?

-Hay una multiplicidad de facetas para abordar el tema del amor: está el amor filosófico, una teorización acerca del amor; después hay una historia del amor. Hay un libro hermoso de (Dominique) Simonnet que se llama  La bella historia de amor, en el que habla con historiadores que se dedicaron a distintas épocas; se habla del amor en Roma, en Grecia, en el Romanticismo, cada uno con su versión. Es muy interesante la versión histórica del amor. Después existe una versión psicoanalítica del amor que es más explicativa de lo que el psicoanálisis entiende por amor.  Lo importante es que las explicaciones que el psicoanálisis viene dando han inundado el terreno de lo que podríamos llamar el “mundo social”. La gente recibe de distintos quehaceres científicos situaciones que después algunas se banalizan, pero otras en general van cambiando la manera de percibir un fenómeno como es el amor. Por otro lado están las prácticas sociales en cuanto a lo que hace el amor en las parejas, uno diría «sexo y amor» . De ahí han surgido los temas acerca de los malestares que pueden ocurrir en la relación de pareja. 

-Y ahí es donde entra la terapia de parejas. ¿Qué características tiene este tipo de análisis?

-Hay una especificación de las terapias de pareja. Algunos psicoanalistas ortodoxos no lo toman como una práctica psicoanalítica. Yo estoy en la mitad: creo  que no tiene la misma función que el análisis individual – nunca en una pareja uno va a lograr una profundización de la existencia o del ser, de los problemas del ser como en un análisis individual -, pero ayuda a abordar algunos problemas que tienen las parejas y poder tolerarlos, además en algunos casos poder definir si una pareja va a continuar o no, que es en general la razón de por qué algunos vienen a terapia de pareja. Para hacer ese trabajo no basta con tener contenido psicoanalítico sino que es necesario recurrir a un contenido social. Ahí estoy con Lacan cuando decía que renunciara a su profesión aquel que no uniera su horizonte a la subjetividad de su época. En qué momento estamos es fundamental para entender cómo se relacionan las personas y en particular con sus parejas. Para eso es necesario trabajar con sociólogos, antropólogos y personas de otras disciplinas que han inundado de trabajos en estos últimos 40 o 50 años. A partir de los años 70, con los cambios económicos fundamentales y la aparición del neoliberalismo, se empezó a dar una serie de planteos que van más allá de decir «esto es económico, esto es cultural». Se empezó a ver que una ideología baña todo el campo social y en la cual el sujeto está inmerso.

-¿Qué aporte puede hacer el psicoanálisis en ese escenario?

-Como psicoanalistas pensamos que estamos inmersos en un campo de lenguaje y el campo de lenguaje es todo el discurso que una sociedad tiene. Por lo tanto, diría que estamos en un momento interesante que es, como dirían los chinos, el momento de la “crisis neoliberal”. Pero no la crisis del capitalismo, porque el neoliberalismo es uno de los modos en que el capitalismo se recrea. Algunos autores afirman que es más probable el fin del mundo que el fin del capitalismo. ¿Qué produce este discurso neoliberal, esta vida neoliberal? Ha creado un mundo que es una razón, como afirman Laval y Dardot. Todas las teorías que están en esa línea plantean que no se trata sólo de un problema económico sino que lo que está en juego es el nacimiento de una nueva subjetividad; es la subjetividad que está en la pareja. Entonces, ¿en qué lugar estamos ahora? Estamos en un lugar donde por un lado tenemos el neoliberalismo que se ha globalizado que es el capitalismo financiero, la razón mundo, y por otro lado las consecuencias de lo que es la transformación de la subjetividad que es lo que esta ideología está haciendo. Tenemos que empezar a analizar cómo es la individualidad de esta gente (nosotros) que hemos sido educados de esta manera, más allá del pensamiento crítico que pueda tener cada uno. 

 

-¿Qué características tiene esta subjetividad de la que hablás?

-Me parece fundamental comprender el panorama que tenemos hoy con el pasaje de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control que describe Deleuze, siguiendo las ideas de Foucault. En la sociedad de control, con lo tecnológico, estamos absolutamente focalizados en todo: con el teléfono, el GPS, las ubicaciones, la publicidad que nos bombardea apenas buscamos en la computadora unas zapatillas. Estamos en el panóptico de Foucault, pero observados por todas las maquinarias, las cámaras en la calle. Eso hace que exista cada vez más una sensación de incertidumbre y de temor. Imagínense el amor, que siempre ha sido de la aristocracia, que siempre lo han tenido los príncipes, porque los que han podido hablar del amor siempre estuvieron en una situación social privilegiada. ¿Qué amor se puede hacer teniendo incertidumbre, inseguridad – laboral, para manejarte en la calle, saber si vas a poder comer al otro día o si vas a perder tu departamento -, desamparo porque se rompen los lazos sociales y las familias cada vez se atomizan más? Todo eso hace que las características de unirse un hombre con una mujer, o dos hombres o dos mujeres, sean cada vez más difíciles. Y si a eso le unimos que por estructura no hay relación sexual, estamos fritos. 

-¿Cuál es la importancia del amor en relación a este contexto?

-El amor como una práctica social sufre las mismas características que sufren otros  fenómenos culturales. Hoy tenemos un individuo que está altamente individualizado, en una postura que desde el punto de vista psicoanalítico podría pensarse como llenando su vacío con el consumismo, con el objeto. Lo que se establece en las relaciones amorosas es que están sufriendo las mismas características. Lacan decía que solamente el amor permite al goce condescender al deseo. Le da un papel muy importante al amor, igual que lo hacen muchas teorías antropológicas, porque el amor sería la conectividad, el lazo social, y lo que está pasando tiene que ver con el deterioro del lazo social. Una ideología como el neoliberalismo socava lo común, hace que no sea valorado como lo fue en otras épocas. Lo que planteaba el comunismo como comunidad no es solamente un problema del marxismo, es algo anterior, y tiene que ver con la posibilidad de que el grupo establezca sus normas y se ayude mutuamente para la construcción de sus viviendas, la producción de sus alimentos. Hoy está todo eso desmembrado, noten que las pocas cooperativas que quedan, en algunos países sufren las consecuencias permanentes del ahogo que este sistema neoliberal hace. 

"El amor romántico tiene que ver con lo pasional de lo cortés y con lo trágico, porque la pasión siempre tiene que ver con un extremo que llega al goce y que llega a la muerte. Por eso estas historias siempre arribaban a ese fin trágico. Todas estas historias dejan una marca muy seria en nuestra cultura".  

Oscar De Cristóforis
Psicoanalista

-¿Existen aspectos dentro de estos cambios que pueden ser considerados positivos?

-Hay algunas cuestiones en cuanto a manejos de libertad, o la posición de la mujer que ha cambiado muchísimo. Castoriadis dice que lo más importante del siglo xx no fue ni la revolución rusa ni la china, sino la transformación de la mujer. La mujer ha hecho una cantidad de avances que ha transformado todo el panorama de lo que era la organización social. Han modificado muchas cosas en relación al trabajo, al voto. Esto es muy importante.

-¿Cómo ves la irrupción del feminismo en los últimos años?

-Hay muchos tipos de feminismos. Hay uno banal que es atacar al hombre, ubicarlo siempre como machista. Hay otras feministas que hablan del machismo y creen que la mujer  también es machista y ha educado al hombre de una determinada manera; ha sido cómplice de ese machismo porque tanto el hombre como la mujer están insertos en un mismo sistema. Que el hombre ha tenido en la historia siempre un lugar de poder mayor que el de la mujer es cierto, por supuesto. Si uno se pone a analizar lo que plantean muchos historiadores podemos pensar que la mujer siempre ha  tenido un lugar importante, solo que el hombre la acalló, además de que la historia siempre fue escrita por hombres; no hay historiadoras mujeres hasta principios del siglo xx.

-¿Qué feminismo creés que puede ser emancipador?

-Hay un trabajo interesante que lo llama la «mascaraulización», que sería una mujer que se pone la máscara de un hombre. Esto es un problema, ese es el feminismo mal entendido, en donde se ataca al hombre. Lo que sucede con eso es que viene mezclado el asunto de la caída del poder del hombre, del patriarcado, con «ahora te la vamos a pagar», que es totalmente distinto. En general esto sucede siempre en la sociedad. Por eso digo que el verdadero feminismo, el feminismo que va a la esencia de lo que es la relación hombre – mujer, que analiza el patriarcado, como dice Rita Segato, que sostiene que tanto el hombre como la mujer sufren la caída del patriarcado y las modificaciones que se están operando.

 

-¿Qué cambios ves que aparecen en las parejas en relación al cambio de rol de la mujer?

-Hay cambios abruptos en la sociedad en muchos aspectos, pero en otros temas toma más tiempo acomodarse. Yo pasé del carro -¡cuando era chico había carros!- a este momento donde es todo tecnológico y si no anda una computadora no tenés banco, no tenés nada.Todos esos cambios acelerados en estos años son muy grandes. Entonces la adecuación a eso va a venir un poco más tarde; todavía las madres a veces educan a sus hijos como hace 150 años y hay otras que nada que ver. Se vive simultáneamente en muchas realidades. Hay mujeres que dicen que se quieren casar por iglesia, de blanco. Pensemos en la virginidad, que era algo que antes tenía un valor muy importante, y hoy en día los jóvenes si encuentran una chica o un chico virgen hasta salen corriendo. En cambio antes, en los años ‘70, acá se sentaba un muchacho y me decía «estoy saliendo con fulana, pero ya tuvo otros novios». Yo les preguntaba, “¿Y?”,  y me contestaban «¡cómo me voy a casar con una mujer que no es virgen!». En los ‘80, luego del golpe militar, eso ya cambió. Ahora el problema fundamental en las parejas es un asunto de fidelidad aunque mucho menos fuerte que en otros momentos. Algunos dicen, «mirá si yo no me entero podés hacer la tuya y yo la mía”. Hay una constante destradicionalización y secularización. Pierden las tradiciones y la religión su lugar, aunque no quiere decir que no existan. 

-¿Qué pasa en relación al rol del hombre y de la mujer?

-Lo que sucede es que tanto el hombre como la mujer están desubicados de los roles. No se sabe muy bien cómo se tiene que ser un hombre o cómo se tiene que ser mujer. Hasta que eso se estabilice… Hasta los años sesenta, setenta, estaba muy claro: el hombre tenía que trabajar, la mujer tenía que cuidar mayormente a los chicos y si tenía una ocupación tenía que ser una media ocupación fuera de la casa, la maestra, la enfermera, dar clases de piano. Eso se terminó. ¿Cómo se ubica nuevamente una mujer?, ¿cómo se ubica una mujer que de pronto tiene hijos, que tuvo una educación de una madre que cuidó de la casa, cuidó de los hijos de una manera mucho más completa? Algo le queda a ella de esa falta, de no poder hacer con los hijos lo mismo que hacía su madre, y por otro lado tiene una responsabilidad, un nuevo trabajo, una relación. ¿Cómo se hace?

-Hay una tensión muy fuerte en relación a la sexualidad libre y la ruptura de la monogamia,  con una idea de amor y de sexo como consumo. Una postura parecería ser emancipadora, la otra está en línea con la ideología neoliberal.

-Existieron maneras de flexibilización de lo monogámico que se dio en otros momentos de la historia, porque en cuanto a las relaciones hombre-mujer, mujer-mujer, y hombre-hombre, en cuanto a las prácticas sexuales, todo existió. Lo que pasa es que hay que ver de qué manera cada época lo acepta o lo juzga, cómo va tomando las formas que toma. En la antigua Grecia, por ejemplo, la homosexualidad estaba bien vista. Hoy también, pero pasamos por periodos donde se pensó que era una enfermedad, y todavía hay quienes siguen pensando que es una perversión o una patología del ser, como lo hace la iglesia. Se convive con diferentes teorías y posiciones, pero en general podríamos decir que hay una aceptación. Lo mismo pasa con el asunto de la fidelidad. Se sigue pensando que la pareja tiene que ser monogámica, exclusiva. Pero hay licencias, hay distintas maneras de verlo y está también la pareja abierta, los intentos. La libertad sexual la empezaron a ejercer los hippies que dijeron «nada de parejas que tengan que ver con la propiedad, con la pertenencia del otro», y eso se fue rompiendo. Pero la idea de matrimonio sigue guardando mucho de eso: se siguen llamando «esposo y esposa», es decir, estar unidos férreamente sin poder separarse y, por otro lado, monogámicos, exclusivos y con un tipo especial de amor que es el que todavía sigue prevaleciendo aunque  se está deconstruyendo.

"El amor como una práctica social sufre las mismas características que sufren otros  fenómenos culturales. Hoy tenemos un individuo que está altamente individualizado, en una postura que desde el punto de vista psicoanalítico podría pensarse como llenando su vacío con el consumismo, con el objeto".

Oscar De Cristóforis
Psicoanalista

-¿Qué tipo de amor “especial” es ése?

-Es el amor romántico, que tiene más o menos doscientos o trescientos años y llegó a su punto máximo en el amor cortés, que era un amor pagano hacia una mujer de la corte a la cual los caballeros dedicaban poemas, baladas y exaltaciones sobre su figura. Lacan toma mucho el amor cortés para hablar de las palabras de amor. Porque en última instancia el amor es discurso, no se puede reducir a una emoción, son palabras. Y el amor cortés sirve para ver todo lo que se hablaba, en qué lugar se ponía al hombre, a la mujer. El amor romántico toma mucho de eso y el pico fundamental es la obra de Goethe Las desventuras del joven Werther. Se puede ver a partir de esta obra cómo se empiezan a transmitir en una época ciertas ideas sobre el amor desdichado, sobre el amor no correspondido. Había gente que se vestía según la descripción que hace Goethe del joven Werther, y que llegaban a suicidarse. Y  Goethe que es a quien le pasó eso personalmente -por eso escribió el libro-, no se suicidó. Ese amor tiene que ver con lo pasional de lo cortés y con lo trágico, porque la pasión siempre tiene que ver con un extremo que llega al goce y que llega a la muerte. Por eso estas historias siempre arribaban a ese fin trágico. Todas estas historias dejan una marca muy seria en nuestra cultura.  

-¿Creés que el discurso del amor romántico está perdiendo fuerza actualmente?

-En el siglo XX empieza a desinflarse, hasta quedar en ciertos mitos, como que las personas que practican el amor romántico son más espirituales, el amor platónico, se vuelven a retomar cosas de la Grecia antigua, y finalmente, ya avanzado el siglo, se empieza a banalizar. Entonces permanece en la música, el bolero, en las películas con el final feliz, la pareja que se une y que son felices y comen perdices… como dicen algunos autores «hasta ahí llega, pero después no te cuentan todo lo demás, cuando empieza la convivencia y los problemas». Hoy en día ese amor, que eso sí viene de parte del feminismo, lo deconstruyen para mostrar cómo la mujer quedó sumida en esa sujeción que le plantea el hombre. El hippismo también tuvo mucho que ver y los movimientos sociales que en el mundo empezaron a plantear que el papel de la mujer es totalmente distinto.