LALENGUA
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Irene Meler es Doctora en Psicología, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA). Es la autora del libro Recomenzar: amor y poder después del divorcio (Paidós, 2013) y compiladora de Psicoanálisis y Género. Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia, también publicado por Paidós, en 2017. La siguiente es la entrevista completa que dio a Lalengua en el merco del debate sobre psicoanálisis y feminismos. 

-¿Cómo ve al psicoanálisis (desde Freud y Lacan) en relación al feminismo?

Ambos cuerpos teóricos han mantenido una relación tormentosa pero fecunda. Quienes trabajamos en el encuentro e intercambio entre los dos campos, compartimos una condición semejante a la de los hijos de padres en conflicto.  Ese conflicto puede generar diversos trastornos, o potenciar nuestra capacidad reflexiva y nuestro juicio crítico, según sea la reacción de cada sujeto al disfrute/padecimiento de ese debate.

El psicoanálisis suele albergar una ilusión de cientificidad según el modelo positivista, que es insostenible. De modo inevitable, diversos autores se han hecho eco de los juicios y prejuicios propios de cada época, y de los sectores sociales medios a los cuales pertenecen los psicoanalistas. El problema es que, en muchos casos se ha intentado blanquear ese contrabando ideológico bajo una caución de cientificidad, cuando en realidad, no es pertinente para las diversas teorías que se desarrollaron al interior del campo psicoanalítico.  

Los feminismos han planteado desarrollos teóricos cuyo compromiso social y pragmático no se ha intentado disimular, sino que ha sido manifiesto. Sin embargo, los puntos de vista alternativos, planteados por las académicas mujeres y por los sectores GLTTBIQ, han aportado esclarecimientos de gran valor cognitivo para las distintas disciplinas, entre las cuales se cuenta el psicoanálisis, y para el intercambio interdisciplinario que caracteriza a los estudios de género

-¿Cree que el psicoanálisis es heteronormativo y/o patriarcal?

No existe un solo psicoanálisis, debido a la diversidad cultural propia de una disciplina que se ha desarrollado en distintos países. Sin embargo, muchos desarrollos psicoanalíticos presentan sesgos patriarcales y heteronormativos. Existen aportes psicoanalíticos alternativos, tales como la obra de Nancy Chodorow, Jane Flax y Jessica Benjamin, en Estados Unidos, a la que se agregan las contribuciones filosóficas de Judith Butler, y la producción de Luce Irigaray y Rosi Braidotti, en Francia e Italia, entre muchos otros autores. En Francia, el pensamiento de Laplanche y la obra de Michel Tort, son afines con los estudios de género. En Argentina, contamos con una copiosa producción teórica y clínica desarrollada hace más de tres décadas, que ha buscado establecer un nexo entre algunos desarrollos psicoanalíticos y teorías sociales vinculadas con el enfoque de género. L*s autor*s más conocid*s somos: Eva Giberti, Ana María Fernández, Mabel Burin, Juan Carlos Volnovich, quien escribe, Irene Meler, Martha Rosenberg, Débora Tajer, Irene Fridman y Facundo Blestcher. Hay un libro reciente que he compilado, reuniendo producciones de estos autores locales, a los que se unió un artículo de una destacada psicoanalista chilena recientemente desaparecida, Pilar Errázuriz Vidal. El libro se titula Psicoanálisis y Género. Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia y fue publicado por Paidós.

-¿Considera que la práctica psicoanalítica tiene potencial emancipador para la mujer?

Una buena práctica psicoanalítica debiera tener un potencial emancipador para todos los analizantes. Cuando quien analiza está formad* en el enfoque de género, adquiere una sensibilidad específica para detectar situaciones de sometimiento, abuso y violencia, ya sean padecidas o perpetradas, que pueden cursar de modo inadvertido. En términos generales, esta formación habilita a quien la ha adquirido, para un desempeño más lúcido en la labor analítica. Los conflictos vinculados con la sexuación y con la orientación del deseo, pueden ser mejor comprendidos y abordados a partir de la perspectiva de género. La psicopatología psicoanalítica clásica se enriquece y adquiere complejidad cuando se la cruza con las diferencias subjetivas y vinculares que se observan como tendencias diferenciales propias de cada género. Es necesario aclarar que el género subjetivo no coincide de modo forzoso con el sexo biológico, y en ocasiones, tampoco se adecua al género que fue asignado cuando el sujeto nació.

-¿Cree que las teorías psicoanalíticas necesitan ser problematizadas y revisadas desde el feminismo?

Esa ha sido buena parte de mi tarea teórica, así como la de varios colegas, tanto en el exterior como en la Argentina. Parte de mis últimos desarrollos sobre esta revisión y las propuestas alternativas que he elaborado, se encuentran publicadas en mi libro Recomenzar, de Paidós. Allí expongo una lectura deconstructiva y propuestas alternativas sobre los desarrollos freudianos sobre la sexualidad femenina y la feminidad, tales como la envidia fálica, la pasividad atribuida a las mujeres, el narcisismo femenino, el masoquismo femenino y el Super Yo de las mujeres. También presento un análisis crítico de algunos desarrollos psicoanalíticos actuales.

-¿Qué opina sobre la postura que sostiene que el movimiento feminista es una «manifestación de masa histérica en busca de un amo», similar al modo en que Lacan calificó las movilizaciones de mayo del 68 en Francia?

No trabajo al interior del campo lacaniano, de modo que mi comentario es exterior al mismo, no me manejo en sus términos. En principio me parece una perspectiva inaceptable, que bajo pretexto de captar la complejidad de los deseos inconscientes y el conflicto existente entre las diversas corrientes psíquicas que habitan a los sujetos, descalifica los deseos de emancipación, tanto de las mujeres como de otros sujetos subalternizados, con un innegable, e indeseable, efecto conservador.

Considero que la participación en movimientos sociales, tales como el feminismo, tiene en general, efectos saludables, en tanto favorece el desarrollo de la agencia y de la autonomía subjetiva, a la vez que estimula la empatía y la solidaridad con el semejante. La acepción del término “revolución” que alude a un retorno al punto de partida, contiene una verdad parcial que es profundamente engañosa. La opresión padecida se interioriza y se replica, sin duda, pero nunca se retorna al punto de partida. Por el contrario, existen efectos de la participación en movimientos progresistas y libertarios, que construyen subjetividad. En muchos casos, la ganancia no es objetivamente perdurable, debido a la magnitud de los intereses que se oponen al cambio, pero la subjetivación es de por sí un logro apreciable, que promueve transformaciones en el imaginario colectivo y en el orden simbólico establecido.

El psicoanálisis ha nacido como una teoría crítica, y sería lamentable que naufragara en una convalidación del statu quo, que hoy se caracteriza por un aumento exponencial de la inequidad.