LALENGUA
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LA NUEVA POLÍTICA EN EL VIEJO CONTINENTE

En 2014 los y las jóvenes decidieron disputar el poder político en España, luego de tres años de intensas movilizaciones marcadas por el 15M. Dos de ellxs repasaron en conversación con Lalengua sus recorridos militantes antes y después del 15M, explicaron cómo Podemos transformó el hartazgo social en organización, analizaron la actualidad política española y marcaron los principios para que el movimiento no pierda su potencia disruptiva.

Por Marcos Principi y Juan Funes | Fotos: gentileza Podemos

El 13 de enero de 2014 un grupo de jóvenes, intelectuales, estudiantes,  artistas y militantes españoles firmaron y publicaron un manifiesto titulado Mover ficha: convertir la indignación en cambio político. Dos años más tarde, el movimiento surgido entonces ya se había consolidado como la tercera fuerza política en España: Unidos Podemos. El aluvión morado le imprimió una dosis de alto voltaje al escenario político de baja – o nula – intensidad en España iniciado con la Constitución de 1978. A cinco años del nacimiento de Podemos, el candidato a intendente de Alcorcón (Madrid) Jesús Santos, de 37 años, –que se lanzó con «Ganar Alcorcón» en una alianza entre Podemos e Izquierda Unida -, y la estudiante de filosofía y militante feminista Celia Caretti Castaño, de 27 años, reflexionaron en diálogo con Lalengua sobre su experiencia militante, sobre los desafíos del movimiento, las dificultades y desencantos que aparecieron con la presencia del partido en el Parlamento, el avance de los fascismos en todo el mundo, la centralidad del feminismo y las necesidades de vincularse con otras experiencias políticas fuera de España.

“Podemos nació de la emergencia de un movimiento popular tal como el 15M, en el que a partir de la crisis de representación política toda una generación se lanzó a las calles frente a las injusticias sociales provocadas por una lógica socioeconómica corrupta y favorable a la precariedad”, apuntó Caretti Castaño. “Desde entonces el marco estructural en que nos vemos sumergidos ha sufrido diferentes giros; fundamentalmente pasamos de ser un movimiento con una lógica de apertura donde la composición se jugaba en términos  más desclasados a formar parte de un marco político instituyente en el que la pelea por dignificar lo político nunca se agota”, agregó. Santos, por su parte, recordó el 15M como un acontecimiento “espontáneo pero político”, y añadió que “las personas que dicen que no fue político se confunden. Fue la expresión política del hartazgo de la gente. Estábamos hartos de tener una democracia poco representativa. El 15M surgió como una gigantesca ola de protesta que irrumpió de manera inesperada y superó cualquier hito político que se haya visto en nuestro país hasta entonces”. Según su perspectiva, el futuro de Podemos depende de cómo logren mantener viva la fuerza que le dio origen: “Para no convertirnos en un partido tradicional tenemos que llevar adelante una política de partido-movimiento muy fuerte, en la cual las bases tengan una importancia real en las decisiones del partido”, aseguró.

La trayectoria militante de ambos dio un vuelco cuando en mayo de 2011 miles de personas colmaron las calles de más de cincuenta ciudades españolas, y luego cuando la fuerza de esas movilizaciones se condensó en organización política con Podemos. En mayo de 2014, el partido participó por primera vez en elecciones, en los comicios para el Parlamento Europeo, y llegó a ser la cuarta fuerza del país. Desde entonces ya no hubo vuelta atrás: las y los jóvenes empezaron disputar el poder político en España.

Todavía tiene callos en las manos como consecuencia de haber trabajado más de una década en la recolección de residuos. Jesús Santos recuerda esos años como los más duros de su vida. En invierno recorría las calles con temperaturas cercanas al bajo cero; en verano subía y bajaba de los camiones con un calor que alcanzaba los 45 grados. “Nosotros éramos de una familia muy humilde, mis padres son obreros y en un determinado momento no podían afrontar la crisis solos, entonces me puse a trabajar en una hotel para ayudar en los momentos más difíciles”, explicó. A los 16 años consiguió su primer trabajo en el mesón Don Quijote en Alarcón. Después ocupó distintos puestos en el sector de la construcción, hasta que logró entrar en la Empresa de Servicios Municipales de Alcorcón (Esmasa), como basurero. En aquel momento veía la situación  de su familia como algo particular, pero con el tiempo comprendió que lo que estaban viviendo era resultado de decisiones políticas que se traducían en ajustes para la clase obrera. Su primer militancia fue en el movimiento Okupa, para exigir el derecho a la vivienda. Luego participó en el movimiento sindical, como representante de sus compañeros recolectores en la Confederación General del Trabajo (CGT).

En 2011, en medio del contexto de crisis económica y descontento social, Santos se sumó a la oleada de movilizaciones que tuvo como hito central al 15M.  “Estábamos hartos de que los partidos tradicionales se rieran de nosotros, de que nos mintieran y que no le den soluciones a nuestros problemas”, recordó. Para él, el 15M y la irrupción de Podemos al escenario político significaron un quiebre en España. “Antes, ¿quién iba a creer que el PP -Partido Popular- o el Psoe –Partido Socialista Obrero Español- iban a hacer primarias? ¿Quién podía pensar que iba a abdicar el rey? ¿Quién iba a imaginar que la gente iba a empezar a entender las políticas de este país e iban a querer participar en ellas? Estábamos cansados de que la derecha vaya en contra las mayorías sociales, y que entregará nuestro país a las elites. Con el 15 M eso empezó a cambiar”.  Frente a ese escenario, reconoció que con Podemos “supimos canalizar el descontento de la gente y llevarlo a las urnas” y recordó el intenso proceso que atravesó la novedosa organización política: “Nos dijeron, antes del 15 M, que si no estábamos contentos saliéramos a la calle, entonces salimos a la calle. Una vez en la calle, nos dijeron que si no estábamos contentos, fuéramos a elecciones, y fuimos a elecciones. Luego de las elecciones europeas – en mayo de 2014, comicios en los que llegaron a ser la cuarta fuerza de España -, dijeron que Podemos iba a llegar hasta ahí, y ahora mismo somos tercera fuerza con setenta diputados”.

Santos destacó el triunfo el haberle arrancado a los partidos tradicionales de España una considerable porción del electorado, pero admitió que no comprende cómo estos partidos todavía mantienen su credibilidad en amplios sectores de la sociedad. “Lo que me cuesta entender es cómo no han perdido aún más credibilidad partidos políticos que, por ejemplo, han firmado un artículo como el 135 en una noche, para pagarle antes a los bancos que a los comedores escolares. No entiendo cómo no han perdido aún más credibilidad estos partidos políticos que incluso firmaron dos reformas laborales, la última con un despido libre de trabajadores. No entiendo cómo hay gente que sigue confiando en políticos que han creado la figura del trabajador pobre”, denunció. Ésto se ve con claridad, para él, en el hecho de que en España “hay familias en las que trabajan varios miembros y, sin embargo, no llegan a fin de mes y tienen que acudir a la ayuda social. Hay gente que fue echada de su casa y que además ha quedado endeudada”, de modo que el descontento de las personas es muy grande, y aun así “estos partidos han estado siempre al servicio de las elites económicas. Por eso no entiendo como no perdieron toda credibilidad”.

Su experiencia laboral, su participación en agrupaciones sindicales y en movimientos sociales, le aportaron una perspectiva que cree que lo diferencia de los representantes de la “vieja política” de España. “Lo que me ha dado mi trayectoria es tener un percepción real de la vida y creo que cuando tú te enfrentas a gobernar un municipio tienes que saber los problemas de la gente para poder solucionarlos. Estamos acostumbrados a tener una clase política que vive en una burbuja, que si se les dice que de verdad hay gente que lo pasa mal al final de mes, no lo cree. Cuando tus has compartido esos problemas, tienes empatía porque sabes lo que es, porque tú lo has sufrido en tus propias carnes”, aseguró.

"Para no convertirnos en un partido tradicional tenemos que llevar adelante una política de partido movimiento muy fuerte en la cual las bases tengan una importancia real en las decisiones del partido”.

Jesús Santos

 

“Es imprescindible generar vínculos de acción entre las experiencias de Europa y América Latina que nos permitan pensar cómo fracturar o agujerear el neoliberalismo que nos atraviesa como sujetos".

Celia Caretti Castaño

A los 37 años, Santos va a disputar la intendencia de Alcorcón –  una ciudad ubicada dentro del Área Metropolitana de Madrid, a unos 13 kilómetros de la capital española – en las elecciones de mayo de este año con el partido “Ganar Alcorcón”, en alianza con Podemos e Izquierda Unida. Con ese frente intentarán destronar al alcalde que dirige el municipio desde 2011, David Pérez, del PP, un reconocido ultracatólico que manifestó estar contra de la legalización del aborto y calificó a las mujeres integrantes del movimiento feminista como “amargadas y fracasadas”, en un congreso de profesores católicos. Para Santos es necesario “que rompamos con la austeridad que hay en los municipios y que demostremos que desde allí se pueden hacer cosas interesantes, que se pueden cavar trincheras contra esta nueva ola neoliberal”. La centralidad de los municipios para la construcción de Podemos radica para él en que “son la institución más cercana a la gente”, y desde allí “se pueden cambiar políticas, dar soluciones a problemas concretos. Es hora de que el municipalismo tome la importancia que debe tener”.

Santos no duda en que el actual intendente de Alcorcón es similar “en su actitud fascista” al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. “Pérez ha llegado a decir en declaraciones públicas que las mujeres feministas son unas frustradas y amargadas, y que una mujer que aborta es una ejecutora de niños y niñas. Es un ultra católico convencido de que la educación pública no sirve y hay que darle todo el dinero a la educación privada y religiosa”, explicó. El madrileño considera que las situaciones de crisis son un terreno fértil para instalar discursos fascistas y que  lo que pasa en Alcorcón es un síntoma de lo que ocurre en España, en Europa, Estados Unidos y también en América Latina. “Pérez busca la confrontación en vez del debate político, se aprovecha del miedo de la gente y repite discursos racistas. Solo hay una cosa que puede ganarle a la razón y es la pasión. El discurso fascista en épocas de crisis les ha funcionado. En un momento donde las clases populares viven una restricción constante, donde se ve que se puede profundizar la recesión, echarle la culpa siempre al otro, a los extranjeros y a las mujeres, parece funcionarles. Pusieron mucha pasión al discurso racista y mucha gente de los barrios humildes lo ha comprado”, indicó.

Si bien el crecimiento de Podemos en sus cinco años de vida fue exponencial, la presencia en el Parlamento y a la cabeza de importantes jurisdicciones – como Madrid, Barcelona, Galicia, Cádiz y Zaragoza – provocó que muchas personas que en un principio simpatizaban con el movimiento, lo consideren ahora como un partido político con la misma lógica que los partidos tradicionales. Para Santos, la clave para que Podemos no pierda su potencia disruptiva se ubica en “la dicotomía Partido-Movimiento”. “Lo más importante son nuestras bases, saber escucharlas. Para ganar las elecciones tenemos que contar con toda la militancia. Los partidos no deben estar al servicio de sus líderes. Son los militantes los que tienen que empoderarse y marcar la línea política. Cuando empoderas a la gente, cuando preguntas a esa mayoría social no es posible equivocarte”, sostuvo. Su posición respecto a este debate es clara: “Para no convertirnos en un partido tradicional tenemos que llevar adelante una política de partido movimiento muy fuerte en la cual las bases tengan una importancia real en las decisiones del partido”.

En la casa de Celia Caretti Castaño siempre se habló de política. Su padre, Federico Caretti, es argentino, era militante de la agrupación Montoneros y se exilió en España durante la última dictadura, en donde conoció a la madre de Celia, que es española. Su tío, Cristian “el Gringo” Caretti, fue uno de los fundador y líderes de la Unión de Estudiantes  Secundarios (UES), y desaparecido el 14 de septiembre de 1976 por la dictadura. Celia empezó a participar en movimientos sociales en España a los 16 años y su amor por lo político se renovó cuando comenzó la carrera de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). El movimiento del 15M encausó luego su militancia en España, y otro movimiento la mantuvo activa políticamente en las dos orillas del Atlántico: el feminismo. “He participado en distintos espacios feministas y colaborado con movimientos sociales tanto en España como en Argentina, donde aprendí que la llama de la lucha siempre tiene que estar viva y que la construcción de una patria feminista es lo más hermoso en lo que una puede embarcarse”.

Celia no tiene dudas acerca de que Podemos emergió “de las reivindicaciones batalladas por parte de una juventud que se unió, tanto en el ámbito universitario como en el social, logrando nombrar y tensionar problemáticas que las estructuras políticas tradicionales y sus lógicas de funcionamiento no habían ni tan siquiera advertido”. “Muchas han sido las ocasiones en las que nos han tildado de ‘laboratorio político’, precisamente por esa especie de capacidad de traer a la presencia política aquello que parecía que estaba vedado”, agregó, y opinó que “lo que hace que Podemos impacte en la juventud se corresponde con la posibilidad de tejer espacios comunes que tienen en el centro la posibilidad de construir referencias que no queden definidas por una cuestión dogmática o cerrada”. En suma, la joven militante explicó que Podemos “emergió con la intención de tejer un proyecto de mayorías en el que los jóvenes tienen un espacio protagónico”. Para ella el 15M movilizó a la juventud española y Podemos fue “la mejor traducción política de todo lo que allí se jugó. Los marcos de referencia que impugnaron la crisis y a través de los cuales se impulsó el movimiento que nos concedió la posibilidad de dar el paso hacia el proceso constituyente hicieron de la juventud el signo sin el cual no tendríamos lugar”.

Celia comparó lo ocurrido el 15M – “nuestro momento fundamente” – con el estallido de la crisis argentina del 2001, “con referencias y contextos similares respecto a la falta de liderazgos sólidos”. “Surgimos al calor de las demandas de la ciudadanía y decidimos dar el paso para incluirnos en las instituciones  con una posición de victoria frente a la caída de la coyuntura representativa del régimen del ’78. Nacimos con la intención de re significar la llamada ‘vieja política’, para ocupar las instituciones y plantear un proyecto de mayorías en el que conjugarnos en base a las demandas comunes que estallaron tanto en el 15M como en la traducción posterior de los movimientos sociales, donde se puso en jaque la necesidad de una estrategia que otorgara espacios participativos y con un cierto tono unitario a partir de reivindicaciones aglutinadoras como la sanidad, la educación o la vivienda”, amplió. A partir de entonces la mirada de la militancia estuvo puesta “en dejar paso a la dignidad de nuestros pueblos con una pata en las instituciones y, sobre todo, en las calles”, principio del que surgió la novedosa forma de participación de Podemos: los círculos. Celia los describe como “espacios asamblearios articulados en base a luchas comunes, transversales y siempre abiertos a la construcción desde las diferentes discusiones que se plantean en nuestra sociedad”.

En relación a las críticas a Podemos por haberse integrado a las instituciones republicanas, Celia sostuvo que “siempre hemos dicho ‘si no haces política te la hacen otros’, y de ahí la importancia de tener presencia parlamentaria sin olvidar de dónde venimos. Siempre hemos dado la batalla por el sentido, ocupando el espacio de lo político con la intención de trastocarlo, friccionarlo y agujerearlo”.  La construcción de base, de todas maneras, se mantiene vigente: “Nuestras referencias siguen siendo las plazas y la construcción de liderazgos que apuesten con valentía por el disenso, la inclusión de las de abajo en las tomas de decisión y la dignidad de una ciudadanía que sigue luchando frente a la corrupción y las políticas austericidas de una Europa cada vez más denostada y sujeta al FMI”, explicó Celia.

 

"El discurso fascista en épocas de crisis les ha funcionado. En un momento donde las clases populares viven una restricción constante, donde se ve que se puede profundizar la recesión, echarle la culpa siempre al otro, a los extranjeros y a las mujeres, parece funcionarles".

Jesús Santos

 

“Nos encontramos ante un panorama complejo en el que la precarización de la vida sigue siendo una de las jugadas maestras de los partidos políticos tradicionales, y es cada vez más salvaje".

Celia Caretti Castaño

Entrar en la dinámica institucional no fue fácil para Podemos. “Fue todo un impacto que colapsó los viejos símbolos a los que estábamos acostumbrados. Irrumpir en la lógica parlamentaria no es tarea sencilla y más cuando se hace con la potencia con la que lo hicimos. Nos encontramos con dificultades formales que al día de hoy siguen siendo complejo revertir, sobretodo en un contexto como el español, en el que la ley electoral sigue siendo añeja y favorable a los sectores más conservadores”, advirtió. Antes esa situación, considera fundamental “seguir forjando nuestra identidad en base a la transparencia que siempre nos ha caracterizado”, y subrayó que “nunca hemos dependido de las lógicas financieras en las que se basan el resto de partidos.  Llegamos a las estructuras de poder para mandar obedeciendo y nuestro rumbo sigue siendo ese».

Celia afirmó que la entrada de Podemos al Parlamento implicó una “dignificación de lo político, en donde a pesar de las dificultades hemos logrado construir acuerdos y revertir las políticas precarias que venían caracterizando nuestro sistema parlamentario”. Plantear una “nueva política”, para ella, conlleva «tensar los términos del tablero político y hacer que los sujetos tengan que replantearse los movimientos en un escenario cambiante en el que emergen planteamientos que contrarían el status quo al que veníamos acostumbrándonos. Hemos generado una suerte de despertar político que sin duda ha cambiado el rumbo del panorama político”.

El escenario al que se enfrenta Podemos no se muestra venturoso para ella: “Nos encontramos ante un panorama complejo en el que la precarización de la vida sigue siendo una de las jugadas maestras de los partidos políticos tradicionales y es cada vez más salvaje; la afección que ésto produce en los espacios cotidianos y  en la lógica relacional de los sectores populares y los sectores medios genera la necesidad de plantear estrategias comunes que, desde la posición reivindicativa que siempre hemos mantenido, logre construir acuerdos que favorezcan las políticas sociales”. Para ello, considera que se deben asumir “las malas noticias de una crisis que se intensifica cada día más y saber hacer de ellas un proyecto participativo a gran escala que trascienda las viejas etiquetas del sistema político español es la lucha que aún tenemos por delante”.  En esta línea, considera que lo fundamental es “estar del lado de los movimientos que empiezan a darse entre los jóvenes, los pensionistas, los movimientos feministas, los espacios gremiales, entre otros. Dándoles cabida para tejer espacios políticos más justos, hay que romper con el escenario de precariedad al que tratan de llevarnos y resistir desde todos los espacios”.

Celia cree que otra de las claves para el futuro de Podemos es poner en el centro del partido al movimiento de mujeres. “Sin duda alguna una, una de las apuestas más importantes que tenemos por delante reside en la transversalización de las luchas feministas. Como siempre hemos defendido la feminización de lo político y la apuesta por revertir los machismos en todas sus variantes,  tanto a nivel institucional como a nivel de partido, es uno de nuestros puntos más fuertes”, argumentó. Por otro lado, apuntó que para vencer al neoliberalismo la construcción política debe quebrar las atravesar las barreras nacionales: “Es imprescindible generar vínculos de acción entre las experiencias de Europa y América Latina que nos permitan pensar cómo fracturar o agujerear el neoliberalismo que nos atraviesa como sujetos. Aunque no se pueda hacer una traslación idéntica de los procesos políticos que acontecen en Europa o América Latina, encontrarse y lograr trazar estrategias compartidas es una prioridad fundamental para nosotros que, además, surgimos de experiencias tan diversas de las que siempre tratamos de enriquecernos para tejer puentes comunes”.